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"Me trajeron de vuelta de la muerte". O cómo sobrevivir 6 días sin pulmones

Médicos canadienses consiguen que una mujer sobreviva 6 días sin pulmones a la espera de un doble trasplante

En el cuarto del hospital donde se encontraba, allegados y personal médico se despedían de Melissa Benoit. Su hija pequeña de dos años y su marido se dirigían a ella sin ocultar su certeza de que aquella podía ser la última vez que la fueran a ver con vida. Era mediados de abril del año pasado y los pulmones de Benoit ya no respondían más.

Con una fibrosis quística de nacimiento, las secuelas de varias infecciones bacterianas y de una gripe porcina la arrastraban hacia la muerte a sus 32 años. Sus dos órganos vitales estaban invadidos por una mezcla de pus, mucosas y sangre que le impedían respirar, ir al baño sin cansarse o jugar con su pequeña. Aquel mes sufrió un ataque de tos tan fuerte que sus costillas se fracturaron.

"Habíamos llegado al final de esta carrera", dijo Shaf Keshavjee, uno de los tres médicos que asistieron a Benoit en el Hospital General de Toronto, el centro donde estaba ingresada.

Los medicamentos habían dejado de hacer efecto porque la infección se había vuelto resistente a los fármacos y Melissa, cada vez más enferma y débil conforme pasaban los meses, veía como se reducían sus posibilidades de ser elegida para recibir un trasplante que la salvara.

Solo quedaban dos opciones: esperar al inminente final, que llegaría en cuestión de horas, o probar una solución radical que jamás se había realizado en ningún lugar del mundo.

Ante el temor de perderla, su esposo Chris Benoit se decantó —por ella, por él y por su hija— por el arriesgado procedimiento.

Llenos de pus, mucosa y sangre solo quedaba extirparle los pulmones para intentar salvarla

Aquella tarde de abril, los médicos entraron en quirófano con Melissa y le extirparon ambos pulmones en una operación que duró 9 horas. La esperanza era eliminar la fuente de infección para que pudiera ser candidata a un trasplante, aunque había numerosas incógnitas sobre si su presión arterial y los niveles de oxígeno se mantendrían una vez que los órganos se retiraran.

Hasta el momento, las máquinas habían sido para los pacientes de enfermedades respiratorias una mera 'muleta', nunca su único soporte vital. Sin embargo, en el caso de Benoit, las máquinas debían mantenerla con vida, supliendo las funciones de los pulmones extirpados, mientras llegaban los órganos para un doble trasplante. Y funcionó.

Un pequeño pulmón artificial extracorporal, llamado Novalung, conectado a su corazón para oxigenar su sangre y eliminar el dióxido de carbono, junto a otro dispositivo que hacía circular la sangre por todo cuerpo, cumplieron totalmente la función de sus entrañas.

Melissa Benoit sobrevivió 6 días sin pulmones. A los 20 minutos después de que hubiera terminado la operación, su presión sanguínea se había estabilizado y su cuerpo comenzaba a limpiarse. En un coma inducido —en un "profundo sueño", como decía su hija—, los días pasaron afortunadamente sin ninguna complicación y acabaron llegando los ansiados órganos con los que podría volver a respirar.

Tras meses de rehabilitación, en los que ha tenido que caminar con ayuda de un andador porque le flaqueaban las fuerzas, ha empezado una nueva vida.

"Me trajeron de vuelta de la muerte", declaró al Washington Post. "Ahora somos capaces de hacer cosas que no he podido hacer durante mucho tiempo, como jugar mi hija. Salimos. La semana pasada fuimos al acuario por primera vez".

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