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Melissa Lozada-Oliva: la fuerza latina que hace temblar al mundo

Tiene 23 años y es una de las voces más potentes del slam poetry en EEUU desde que su poema "My Spanish" se hiciera viral

Su madre es de Guatemala y su padre es de Colombia. Melissa Lozada-Oliva, sin embargo, es estadounidense, y según cuenta en una entrevista concedida el pasado mes de julio a The Huffington Post, ella jamás habría nacido si sus padres no se hubieran conocido gracias a la necesitad común de estudiar inglés en Boston.

Lozada-Oliva tiene 23 años, es escritora, slammer, librera y colaboradora de medios como The Guardian, donde ha escrito columnas de opinión sobre lo que significa ser latina en los Estados Unidos, sobre lo racial, el feminismo y su generación.

Mi español está en mi currículum como una habilidad

Aunque Melissa lleva muchos años dedicándose a la literatura, su nombre no empezó a sonar  el verano pasado. Entonces la revista The Button publicó en YouTube unos vídeos donde la autora aparece declamando sus poemas, con una fuerza, un humor y una pasión que fueron los culpables de que su poesía se hiciera viral.

Uno de sus poemas más célebres, precisamente, es aquel dedicado a su relación con la lengua española: un texto que surgió cuando la autora intentaba explicar qué es lo que siente cuando, al enterarse de que es latina, la gente siempre le lanza la pregunta de “¿y tu español es fluido?”  

Melissa Lozada-Oliva entiende el español perfectamente, aunque cuando chateas con ella reconoce sentir algo de vergüenza al escribirlo. Aunque el idioma forme parte de su persolalidad, es como si lo hiciera más bien de una manera íntima, más asociada al recuerdo que al proceso comunicativo con otras personas que no sean de su familia.

Mi español se pregunta cuándo mis padres serán ciudadanos Americanos que me pregunten si aún soy blanca

Sin embargo, el origen está ahí, y para ella es imposible negarlo incluso en sus poemas, la mayoría marcados por expresiones o palabras recuperadas de la lengua que hablan sus padres.

"Sabes pronunciar Arroz con Pollo, pero no sabes decir qué eres", reza el título de uno de sus textos, o bien, "Cómo sobrevivir a un apocalipsis zombie siendo una abuela guatemalteca de 82 años", enuncia otro de sus conmovedores y divertidos poemas, dedicado a su abuela.

Cuando poesía y política son la misma cosa

Actualmente Lozada-Oliva está preparando un libro de poemas junto a la ilustradora Tiffany Mallery, cuyo título, Plastic Pájaros, también es una clara referencia a esa mezcla entre lo latino y lo anglosajón, sobre la que parece que siempre gira su obra.

Cuando leemos o escucharmos sus promas, no nos resulta extraño que la poeta que se declare fan de obras tan dispares como las de Junot Díaz —quizá el máximo exponente del tema latino en la narrativa estadounidense actual—.

Mi español es una historia inventada sobre un padre que jamás volvió a casa y viajó a hermosos lugares y me mandó postales de todos ellos

O incluso como las de Ariana Reines, una de las poetas jóvenes más importantes en lengua inglesa, antecesora por tono y por tratamiento de ciertos temas, de todo lo que más tarde fue la Alt Lit. 

Con esta ola, de hecho, Melissa Lozada-Oliva también comparte algunas características, en especial ese aliento político y reivindicativo que autores como Joshua Jennifer Espiniza, Steve Roggenbuck o Gabby Bess también han tomado.

Y es que, según nos cuenta, lo que ella intenta crear "es el arte que a mí me gustaría consumir. La identidad latina es compleja y confusa, y parece como si los demás estuvieran todo el día intentando definirla por nosotros. Hoy no existe una definición sólida. Por eso hago arte".

La reivindicación de lo hispano

Después de ver una y otra vez los vídeos de Melissa Lozada-Oliva en Internet, contactamos con la autora a través de Twitter, y al segundo nos contesta encantada de poder charlar.

A pesar de su reivindicación de lo hispano, su nombre no aparece casi en la prensa en español, y su poesía apenas ha sido traducida a nuestra lengua, más que para una antología que prepara una pequeña editorial de México.

Resulta curioso que a pesar de su trabajo y su insistencia por llevar lo latino a la cultura estadounidense, sea la propia cultura en español la que aún no haya apreciado su trabajo como es debido.

Mi español soy yo, calcando mis dedos en cada letra donde puedan caber

Cuando le preguntamos por la repercusión en YouTube de su poema “My Spanish”, Lozada-Oliva nos cuenta que es increíble la cantidad de gente que ha llegado a su obra gracias a esos vídeos.

Algunos, dice, se han convertido en sus trolls y la tachan de exhibicionista; otros le escriben comentarios, confesándole que se sienten completamente identificados, o incluso que sus versos les han salvado.

P: ¿Crees que a los lectores y espectadores les resulta exótico tu uso del español y tu atención al tema latino en tu obra?

R: Quizá a algunos les parezca, pero es un poco raro pensarlo. Yo diría que en vez de exótico, es diferente, y por ese motivo, irresistible. Mucha gente piensa que soy una quejica y que hago mucho ruido, y que simplemente debería dejar de hablar de todos estos problemas de identidad. De todos modos, lo que espero es que los lectores se sientan identificados. Que vean una parte de sí mismos en lo que yo estoy mostrando al mundo”

P: “Formas parte de una primera o segunda, o incluso tercera generación de estadounidenses de descendencia latina. ¿Sigues teniendo familiares en América Latina?”

R: Tengo mucha familia en América Latina, la mayoría viven en Colombia y Guatemala. En verdad, no les veo mucho, y eso me pone triste. Creo que una parte de mí es consciente de cómo me verían algunos de ellos a mí. Me preocupa que me puedan mirar como una especie de liberal privilegiada, gringa, tatuada, que debería haber tratado de ser abogada y no de escribir en Internet.

Mi español está en mi cepillo de dientes como una marca roja de mis labios

P: Teniendo en cuenta esto, ¿cuál es tu relación con el idioma español?

R: Es una relación complicada. En mi poema quería retratar todas las formas en las que yo me siento a este respecto. Para mí ese idioma es como un colega del pasado, un antiguo amante, un padre que se marchó. Puedo hablarlo bien, tengo un buen acento, y cada vez que lo escucho quiero abrazar ese sonido. P: Cualquier extranjero que haya estado alguna vez en Estados Unidos se habrá dado cuenta de la enorme cantidad de personas que hablan español. ¿Cómo crees que es considerada esta creciente comunidad de hispanoparlantes en tu país?”

R: “Oh, sí. Quiero decir, a Donald Trump no le hace mucha gracia eso de que la comunidad de personas que hablan español sea cada vez más grande... Estamos aquí, y estamos sobreviviendo, incluso si a ti no te gusta.

SABES DECIR ARROZ CON POLLO PERO NO SABES DECIR QUÉ ERES

                                         *Traducción de Jesús Carmona-Robles

Si me preguntas qué tan fluido es mi español yo te diré que

mi español es la comezón de un brazo amputado:    

busca una palabra y sólo encuentra aire.

Mi español es mi tercera fiesta de cumpleaños:

la mitad la tengo en mi memoria,

la otra mitad es una fotografía en el refrigerador,

es lo que mi familia me ha dicho.

Si me preguntas si mi español es fluido te diré que

mi español es un rompecabezas olvidado bajo la lluvia.

Muy mojado como para hacer que sus partes embonen y entonces sea igual a la foto de la caja.

Te diré  

mi español son adjetivos posesivos.

Son nombres propios que visten perlas y brazaletes.  

Es el “¿sigues despierto?”. Es el “hay mucho que hacer hoy.”  

Mi español está en mi currículum como una habilidad.  

Mi español está en mi cepillo de dientes como una marca roja de mis labios.

  Si me preguntas te diré que

mi español tiene más hambre que antes.  

Mi español busca palabras que están encima de los anaqueles sin usar una escalera,  

es golpeado en la cabeza por todas esas antiguas palabras que han estado ocultas allí arriba.  

Mi español se pregunta qué tan malo será comer algo que expiró  

Mi español se pregunta si acaso él tiene fecha de expiración.

  Si me preguntas qué tan fluido es mi español te diré que

mi español muerde un lápiz en la esquina del salón de clases y no alza la mano.

Mi español es la dolida sonrisa de mi hermana mayor en su único desfile de belleza.

Mi español es una historia inventada sobre un padre que jamás volvió a casa.

Mi español es una historia inventada sobre un padre que jamás volvió a casa y viajó a hermosos lugares y me mandó postales de todos ellos

Mi español soy yo, calcando mis dedos en cada letra donde puedan caber.

Mi español es la verdadera historia del divorcio de mis padres,

caótico, descompuesto y otra cosa que tuve que elegir para recordarlo correctamente

Mi español se pregunta cuándo mis padres serán ciudadanos Americanos que me pregunten si aún soy blanca.

Si me preguntas qué tan fluido es mi español te contaré la historia

de cómo mis padres se conocieron en la clase de inglés,

cómo fue cuando entrenaban sus bocas para decir

te amo en un idioma diferente, te odio con la boca cerrada.

Te diré cómo el acento de mi padre lo hace sonar como a Zoro,

cómo mi madre intentó amarrar su lengua a un poste con la cadena del idioma inglés.

Te diré que su lengua siempre volvía terca hacia el idioma del que siempre estuvo enamorada,

incluso cuando quería domarla, siempre volvía.

Si me preguntas si fluyo

te diré que

mi español es el comprender que hay historias que siempre estarán fuera de mi alance

que hay personas que nunca embonarán entre ellas de la manera en la que a mí me gustaría.

Hay letras que siempre permanecen calladas,

hay algunas palabras que siempre se me van de las manos.

Estamos aquí, estamos sobreviviendo

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