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El Congreso de EEUU vota a favor de retirar una ley que prohíbe el vertido de residuos del carbón en los ríos

Un nuevo capítulo en la guerra contra el medio ambiente del presidente Trump

El presidente norteamericano Donald Trump tiene mucho camino por recorrer si quiere derogar todas las leyes que el ex presidente Obama puso en marcha justo antes de dejar la Casa Blanca. Y por lo que parece no hay tiempo que perder, porque el republicano se ha puesto manos a la obra.

Ayer jueves comenzó la caída de la primera ley de la administración Obama, la conocida como Ley de Protección de la Corriente. El Senado estadounidense votó a favor de derogar la ley, gracias a la Ley de Revisión del Congreso (CRA por sus siglas en inglés). 

La CRA se basa en la posibilidad de que el Senado pueda impugnar una ley “recientemente finalizada” con mayoría simple de ambas cámaras, siempre y cuando el presidente esté de acuerdo. Ahora, si el presidente Trump da su aprobación, la Ley de Protección de la Corriente habrá fallecido definitivamente.

La normativa formaba parte de los planes de Obama para reducir el uso de carbón en Estados Unidos y limitaba a las empresas el vertido de desechos del carbón en los ríos y arroyos del país. Aprobada el 19 de diciembre de 2016, la ley actualizaba cientos de regulaciones más antiguas y básicamente introducía dos nuevas restricciones para las compañías de carbón interesadas en expandir o iniciar nuevas minas.

Por un lado, las empresas tienen que evitar dañar el “balance hidrológico” de los ríos de alrededor. Lo que básicamente significa limitar de formas más estricta el vertido de residuos y desechos en los ecosistemas circundantes. Por el otro, las empresas que quieran abrir minas tenían que hacer una evaluación inicial de los ecosistemas cercanos a la zona de extracción. Luego, deben monitorizar los arroyos afectados por las tareas de prospección y extracción y desarrollar un plan que restaure los canales dañados al estado cercano a cómo se encontraban antes de iniciar las actividades mineras.

Aprobada el 19 de diciembre de 2016, la ley actualizaba cientos de regulaciones más antiguas y básicamente introducía dos nuevas restricciones para las compañías de carbón interesadas en expandir o iniciar nuevas minas

Pese a que la normativa no entusiasmó excesivamente a las organizaciones ecologistas —pedían aún mayores restricciones—, se estimó que protegería 6.000 millas de arroyos y 52.000 acres de zona boscosa. Ahora es muy probable que esta perspectiva nunca llegue a contemplarse. Y todo por las intenciones de Donald Trump de hacer la industria del carbón “great again”.

Durante la campaña electoral, el magnate norteamericano insistió en varias ocasiones en sus intenciones de revertir el deterioro de la industria del carbón y, por lo que parece, derogar la ley de Obama es una de sus primeras acciones al respecto. Para ello, el presidente republicano aprovecha la ventaja de que la Ley de Protección de la Corriente de Obama se aprobó muy tarde, justo al final de 2016, por lo que es mucho más fácil de tirar abajo que otras normativas más antiguas.

Como era de esperar, ya han surgido numerosas voces críticas que alegan que impugnar esta ley no ayudará a Trump a hacer que la industria del carbón salga a flote, ya que los problemas de esta industria tienen más que ver con el gas natural barato que con una simple ley de protección de la naturaleza.

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