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"Defiendo la tierra y el agua. No tengo miedo al poder de ninguna empresa"

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La inspiradora historia de Máxima Acuña, la mujer campesina que ha plantado cara a las compañías mineras en Perú

silvia laboreo

29 Abril 2016 19:20

"Yo soy una jalqueñita, que vivo en las cordilleras. Pasteando mis ovejas en neblina y aguacero. Cuando mi perro ladraba, la policía llegaba. Mis chocitas las quemaron, mis cositas las llevaron. Comidita no comía, solo agüita yo tomaba. Camita yo no tenía, con pajitas me abrigaba. Por defender mis lagunas, la vida quisieron quitarme. Ingenieros, seguritas, me robaron mis ovejas, caldo de cabeza tomaron, en el campamento de Congo. Si con esto, adiós, adiós, hermosísimo laurel, tú te quedas en tu casa, yo me voy a padecer".

Así sonó la voz de Máxima Acuña en la entrega de los premios Goldman, considerados el Nobel del medioambiente. Esta mujer peruana ha sido premiada recientemente con el prestigioso galardón, el mismo que recibió el año pasado la hoy asesinada Berta Cáceres, por su defensa de la tierra y el agua en su región Cajamarca (Perú).



Máxima es pequeña, de voz aguda, con un diente de platino que solo se ve cuando sonríe y cientos de arrugas que surcan sus ojos. También es la responsable de una de las mayores luchas medioambientales que tienen lugar ahora mismo en el norte de Perú, aquella que libra contra la empresa minera Yanacocha y sus intentos de expropiación. David contra Goliat.  Y, de momento, la batalla la está ganando ella.

Esta mujer peruana vivía tranquila con su marido y sus hijos en su casa situada en las montañas de Cajamarca. Ella y su esposo Jaime habían comprado una pequeña parcela de cuatro hectáreas de terreno en 1994 y dedicaban su vida al cultivo de papas, col, hierbas medicinales y al pastoreo de alpacas, como tantos otros campesinos peruanos.

Hasta que un día, el dinero y la codicia se interpusieron en su camino. 



Un empresa, Yanacocha, y un plan, conocido como Proyecto Conga, se convirtieron en su peor pesadilla.

Este proyecto minero contemplaba la construcción de dos minas a cielo abierto, una de ellas sobre la Laguna Azul, situada en la provincia de Cajamarca donde vive Máxima. Se estimaba que la mina contaba con 6 millones de onzas de oro, una cantidad nada despreciable. El suficiente oro por el que secar un lago y contaminar las aguas de una región entera.

Pese a que diversos informes de impacto medioambiental decretaban que la construcción de la mina iba a tener un efecto pernicioso para los acuíferos de la zona, el gobierno dio luz verde a la construcción. Y es más, el Estado otorgó a la compañía la concesión minera para la explotación de una franja de tierra que abarca varias parcelas familiares, entre ellas el área de la familia Chaupe-Acuña.

Máxima, con su certificado de posesión y contrato de compra-venta en mano, decidió no moverse. En ese momento empezaron los problemas para esta campesina peruana.


La activista medioambiental Máxima Acuña ha recibido el premio Goldman por su defensa de la tierra y del agua en Perú


En mayo de 2011 ella y su familia sufrieron el primer ataque por parte de la empresa Yanacocha. Máxima había salido de casa y cuando volvió a las pocas horas encontró su casa reducida a cenizas. La mujer denunció a la compañía minera, pero la denuncia fue archivada por falta de pruebas.

En agosto de ese mismo año, la policía llegó a la choza de Máxima y pateó las ollas donde preparaban el desayuno. Unos días más tarde, la policía volvió con unos empleados de seguridad, confiscaron sus cosas y quemaron la casa. Máxima y su familia durmieron esa noche a la intemperie.

Por si no fuera suficiente, a los pocos días, un centenar de policías con cascos, escudos y armas volvieron a desalojarlos. Ante su negativa, los oficiales golpearon a Máxima y a una de sus hijas.



La compañía minera ha negado siempre la versión de Máxima ante jueces y periodistas. Aluden a que hay falta de pruebas. Parece ser que los partes médicos que muestran las heridas de la campesina no eran suficientes.

Mientras, la policía acusó a Máxima y a su familia de haber atacado a ocho oficiales, a la vez que reconocían que no tenían ningún tipo de permiso para desalojar a esta familia.


Desde 2011, Máxima es víctima de presiones por parte de la compañía minera Yanacocha para que abandone su casa y sus tierras


Tan pronto como los medios se hicieron eco de la noticia, la historia de Máxima ganó en relevancia. Empezó a ser conocida como la Dama de la Laguna Azul y su lucha se hizo conocida. Tanto que, en 2012, una movilización regional contra la mina detuvo el avance del proyecto Conga.

La compañía no estaba dispuesta a rendirse y en 2014 denunció a Máxima por usurpación del terreno, pese a que la mujer tenía sus papeles en regla y las cuatro hectáreas en las que vivía en Cajamarca le pertenecían legalmente.

El 5 de agosto de 2014 un juez dictó sentencia: dos años y ocho meses de prisión suspendida contra Máxima, su esposo Jaime, su hija Ysidora y su yerno, una indemnización de 5.500 soles a la empresa y una orden de desalojo. L

a abogada de los Chaupe, Mirtha Vásquez, interpuso de inmediato un recurso de apelación. Recurso que prosperó e hizo que en 2015 la compañía perdiera el juicio en segunda estancia.



Las palabras del juez no fueron suficientes para la compañía minera Yanacocha. Pese a que los juzgados le quitaron la razón, la empresa no han cesado en su empeño de hundir a Máxima.

Hoy en día, las tensiones son continuas entre esta familia y los empleados y la policía contratada por la empresa. Cada vez que Máxima sale de su parcela para realizar gestiones a la ciudad, destruyen sus cultivos y partes de su casa, roban sus animales o maltratan a su perro. En febrero de 2015, la empresa instaló una caseta de vigilancia frente a su casa y una valla que dificulta, aún más, sus desplazamientos.   

Máxima solo pide conservar la única vida que conoce: aquella que implica cultivar papas, rabanitos, ordeñar a sus vacas y beber del agua de la Laguna Azul.

Y mientras eso no sea posible, seguirá luchando. Ahora, con su Goldman bajo el brazo.


"Por eso yo defiendo la tierra, defiendo el agua, porque eso es vida. No tengo miedo al poder de las empresas, seguiré luchando por los compañeros que murieron en Celendín y Bambamarca y por todos los que estamos en lucha en Cajamarca".





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