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Marketing inteligente: un disco 100% silencioso para vaciar las arcas de Spotify

El grupo Vulfpeck cuelga diez pistas vacías en el servicio de streaming con la intención de financiarse una gira (y así no cobrar entrada a los fans)

Si jamás habéis escuchado hablar de la banda Vulfpeck, con base en Ann Arbour (Michigan, a las afueras de Detroit), no tenéis por qué sentiros mal. Prácticamente nadie está al corriente de su música, son un grupo sin ningún carisma especial basado en el reciclaje de sonidos antiguos: pop feliz, soul a la manera de Marvin Gaye, extravagancias psicodélicas, como una especie de versión ‘feel-good’ de Eels. Ninguna entrada en la base de datos Discogs atestigua lanzamientos con su firma, aunque tienen dos álbumes y un EP fechados entre 2011 y 2013 en su página de Bandcamp. En definitiva, un grupo del montón (y de la parte de abajo del montón). Pero con una peculiaridad: aunque su música sea testimonial, tienen buenas ideas. O al menos la que nos ocupa lo es: ante la perspectiva de salir de gira, y sabiendo que cobrando entrada por los conciertos tendrían los locales prácticamente vacíos (encima locales pequeños), el líder de Vulfpeck se ha inventado una estratagema interesante para conseguir que la entrada le salga gratis a su público potencial.

Y aquí es donde viene la picaresca: han ‘grabado’ un nuevo álbum llamado “Sleepify” que puede pasar como el disco más silencioso de la historia, porque en realidad consiste en diez pistas vacías de 30 segundos aproximadamente. En realidad, no es preciso decir el más silencioso porque el silencio total es un valor absoluto que no se puede medir -sería como, en el caso opuesto, medir el infinito, una paradoja tremenda que ha dado pie a densos ensayos teóricos firmados por Víctor Gómez Pin, David Foster Wallace o Paolo Zellini, entre otros eminentes eruditos-. Pero va sobrado de ingenio, y se basa en el siguiente cálculo: si por cada reproducción Spotify paga al artista 0.005 céntimos de dólar, si una persona se pone “Sleepify” en bucle durante toda la noche, digamos que hasta un total de 800 pistas escuchadas, el montante sería de 4 dólares. Lo que ha pedido el líder de la banda, Jack Stratton, es que los fans se pongan el disco varias veces mientras duermen -generando cero sonidos, silencio total, para no molestar durante el sueño-, y durante varias noches, para generar el beneficio que permitiría a la banda salir de gira con todos los costes cubiertos y así poder tocar gratis para la gente.

La de Vulfpeck es otra estrategia para hacer dinero a costa de Spotify, aunque sea por una causa noble como financiar una gira free of charge para el público -estaría en las antípodas del morro de Amanda Palmer y sus crowdfundings millonarios, por ejemplo-. Pero es importante hacer notar que esta maniobra no tiene nada que ver con la música. No habrá ninguna alusión a John Cage y la ya demasiado recurrente muletilla del “4’33””, porque cuando David Tudor se sentó delante del piano por primera vez en la première de la pieza en 1952, Cage ya contaba con que las toses, los rumores inquietos, el ruido de fondo y los abucheos serían ‘la música’, música completamente nueva en cada ejecución en la que el instrumento aparente es un adorno, y el instrumento real consiste en la habitación entera, en un momento de producción sonora aleatoria; en este caso hablamos de pistas vacías con una función utilitaria muy precisa que nada tiene que ver con la estética ni la renovación teórica de los fundamentos del sonido en directo, pero que en cambio tiene que ver mucho con el marketing. Ideas de rapiña en un entramado comercial basado en la depredación contraria al oyente, de la que Vulfpeck se aprovechan con ingenio, conscientes de que quien roba a un ladrón tiene mil años de perdón y, en este caso, si hay suerte, una gira con los gatos pagados.

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