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Si Marilyn Monroe fuera un gato y otros delirios felinos

La editorial Lata de Sal publica ‘Gatos de Película’, un libro para los amantes del cine, pero sobre todo para los adictos al ronroneo

Si pudiéramos elegir, probablemente todo en esta vida sería gatuno. Las redes sociales ya han demostrado que nuestro día a día no sería lo mismo sin las miles de imágenes de felinos que pueblan sus rincones. Gatos anónimos estirándose en camas, memes tronchantes de las mascotas saltando por aquí y por allá con el rabo en punta, gatos célebres coleteando elegantemente ante nuestras pequeñas pantallas, chupándose con sus lengüitas ásperas o mirando al objetivo con esos ojos irresistibles.

Ser gato es un arte, y eso lo saben bien los editores de la exquisita editorial Lata de Sal, con un proyecto que demuestra su amor por las deseadas mascotas, pero también por el buen trato al papel, a la tinta y al diseño. Especializados en libros de arte y literatura infantil, los chicos de Lata de Sal han lanzado al mundo una de las colecciones más curiosas del panorama: Gatos. Como su propio nombre indica, esta colección está destinada a recuperar libros ilustrados dedicados al animal, que por algún motivo nunca se tradujeron en España.

De hecho, el volumen Gatos de película de Susan Herbert apareció en 2006 en el mercado anglosajón, pero aquí no habíamos sabido demasiado de él hasta la fecha. En este catálogo con tapa dura y olor a tinta, encontramos una serie de ilustraciones de mininos representando célebres momentos de la historia del cine. Marlene Dietrich, El Padrino, El mago de Oz, Gladiator, Sonrisas y lágrimas o Laurence de Arabia, por ejemplo, aquí se convierten en divertidas versiones como Marlene Gatrich, El Gattino, El Gato de Oz, Gatiator, Sonrisas y legañas o El Gran Arenero de Arabia.

Gatos de película incluye además un póster de Marilyn Monroe en su versión peluda, para que podamos llevar esta obsesión hasta las paredes de nuestra casa. Un libro para carcajearse, para mirar una y otra vez descubriendo los pequeños detalles del trazo de Herbert, y para saciar de vez en cuando nuestras ganas de felinos. Porque ser gato es un arte, sí. Y porque no todo todos los maullidos entrañables van a venir de Internet.

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