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600 ciudades se movilizan para evitar que la política sacrifique a la ciencia

Científicos de todo el mundo se unen en masa con un solo objetivo: acabar con el deprecio hacia la ciencia

Getty - Cientificos españoles protestan contra los recortes en la investigacion científica, Madrid 2013

La Science for March espera llenar masivamente las calles de los seis continentes. Por primera vez, e inspirados por la Women's March que atestó las avenidas un día después de la toma de posesión de Donald Trump, la comunidad científica sale a manifestarse en 600 ciudades de todo el mundo preocupada por una política global que les minusvalora.

"Nos desacreditan. Las decisiones políticas se están dejando de tomar en base a conocimientos respaldados por la ciencia que afectan desde la salud de los ciudadanos al medio ambiente, y eso es muy peligroso. Si se nos ignora, se está socavando el futuro", nos dice Carmen Fenoll, bióloga molecular y secretaría de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT).

La idea de la Marcha, antes de hacer sentir su temblor en todo el planeta, nació en Washington. Durante la carrera presidencial, una de las declaraciones que el magnate republicano no se cansaba de repetir era que el calentamiento global era un cuento chino para hacer que EEUU fuera una potencia menos competitiva. Sin que sea casualidad, los científicos le plantan cara hoy, en el Día de la Tierra.

Sin embargo, como remarcan los organizadores, no se trata de una manifestación partidista, sino de un evento que pretende combatir que se promuevan teorías negacionistas vengan de la administración que vengan.

"No es un problema de un solo partido, sino de una manera de funcionar que se está instaurando. En Estados Unidos se demuestra con el nombramiento de un abogado, en vez de un científico, conocido defensor del petróleo y escéptico del calentamiento global al frente de la agencia de protección del medio ambiente. Pero no es el único país. La realidad es que se erosiona de ésta y otras maneras a la ciencia desde otros lugares", enfatiza Lorena Lobo, especializada en tecnología para la discapacidad funcional.

A Lobo, que saldrá en la Marcha de Madrid que defiende un manifiesto claro, le preocupa que esos desprecios políticos tengan un rebote en la gente. No solo en el grave sentido de que se puedan impulsar proyectos carentes de rigor en áreas de agricultura, medio ambiente, tecnología o sanidad, sino en que cale un discurso contra la ciencia en la población mundial.

Según la última encuesta sobre la Percepción Social de la Ciencia de la Fundación Española para la Ciencia y Tecnología (FECYT), el 29,5% de los españoles está poco o muy poco interesado en la ciencia y el 52,7% confía en los productos homeopáticos. " Eso se traduce -alerta Lobo- en que más de la mitad de la población cree que puede acudir a esos remedios en vez de a tratamientos que funcionan. Van a poner en riesgo su salud porque las investigaciones demuestran que la homeopatía no cura".

Carmen Fenoll, por su parte, condena el ataque de diversos colectivos hacia los transgénicos. "La mejora genética no causa daños, al revés. Será imposible mantener la producción de alimentos en el futuro al mismo nivel con un clima global trastocado. Ahora los alimentos son baratos porque hay suficientes para todos, pero en unas décadas habrá escasez, encarecerán y se sufrirán las consecuencias".

Investigadores precarios y desmotivados

Otra de las reivindicaciones es que la profesión se dignifique y que se saque de la precariedad. Denuncian que no se invierte y que cada año en los presupuestos estatales se les ahoga más. Rafael Sardá, miembro del CSIC del Sistema socio-ecológico en ambientes costeros y marinos, con sus 60 años lleva más de 35 dedicados a la ciencia. Dice que en España se dio un frenazo y se recortan la partida de financiación año tras año.

"Dedico mi trabajo a la gestión del patrimonio nacional para implementar nuevas actuaciones en playas y espacios naturales y la paradoja es que muchos no se implementan porque no hay presupuesto. Hay una desmotivación entre los que llevamos ya muchos años y entre los jóvenes".

Rüdiger Ortiz, estudiante de doctorado del CSIC, visibiliza las dificultades de los jóvenes investigadores. " Lo habitual es que es que cuando se acaban los contratos de doctorado se pase a trabajar gratis o que te ofrezcan contratos de técnico , no de doctor . No hay inversión. El gobierno actual sacó pecho diciendo que había aumentado la partida en los presupuesto y esa 'subida' esconde una gran trampa. En vez de aumentar la parte de las subvenciones, puso más dinero en la de crédito. Las empresas, que ahora muchas no tienen la capacidad de endeudarse, no piden ese crédito porque luego no lo podrán devolver. Al final se queda sin gastar".

Desde la Federación de Jóvenes Investigadores Precarios denuncian que un investigador cobra de media a 5 euros la hora. "Se llenan las Universidades y luego se abandona y no se apoya a esa gente. El resultado es una fuga de cerebros", dice Ortiz, a quien no le gustaría irse de España pero no descarta hacerlo algún día.

Los organizadores de las Marchas en España, a las que se han sumado 6 ciudades, dicen que les gustaría que todos los ciudadanos salieran porque la ciencia, al final, es para ellos. " Detrás de los cultivos, de los medicamentos, de mantener la fauna y flora, está la ciencia", recuerda Yoran Beldengrün, estudiante de doctorado del Instituto de Química Avanzada de Cataluña que movió las marchas en Barcelona.

Victoria Toro, comunicadora científica, acudirá a apoyar las marchas con una persona especial: su hija de solo 10 años. "La sociedad necesita más ciencia para seguir avanzando", declara. Al mundo le mueve la ciencia, aunque a veces sea invisible y silenciosa, y ella quiere que siga siendo así.

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