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Conoce a Madeline Stuart, la modelo con síndrome de Down

No tiene las medidas pero tiene personalidad

Casi al mismo tiempo en que se viralizaba un vídeo de Pedro Sánchez pidiendo un aplauso para un chico con síndrome de Down que le acababa de leer una pregunta —una pregunta en la que, precisamente, le pedía más medidas para normalizar la vida de las personas con síndrome de Down—, Madeline Stuart llegaba a nuestras pantallas.

Maddy tiene 18 años, es australiana y quiere ser modelo. El problema es que no tiene ni la altura ni las medidas tradicionales. Y, además, tiene síndrome de Down.

Aunque no considera que nada de eso sea un impedimento para conseguir su sueño teniendo su seguridad y, sobre todo, Internet.

El primer paso ha sido abrirse, con la ayuda de su madre, una página de Facebook en la que va subiendo su book de fotos en busca de un agente. Su desparpajo natural a la hora de posar ha hecho que dichas fotos corran como la pólvora en la red y que medios de todo el mundo se hagan eco de su cruzada.

En los últimos años, no se sabe muy bien si para hacer una apología sincera de la diversidad o para usarlas como un producto, numerosas marcas han mostrado una tendencia generalizada a escoger para sus campañas a modelos que tradicionalmente nunca hubieran pasado el corte. Es el caso, por ejemplo, de Winnie Harlow, la modelo con vitiligio o de Moffy, la modelo bizca.

Ahora, tal vez inspirada por ellas, Madeline se suma a esa lista de mujeres que se han propuesto reivindicar la diversidad en el mundo de la moda.

Sin embargo, llegar hasta aquí no ha sido fácil.

Cuando era un bebé y su madre la sacaba de paseo, las vecinas, en vez de acercarse a pellizcarle los mofletes , le sugerían que era mejor que no la mostrará más en público.

Los médicos tampoco se mostraban mucho más esperanzadores pronosticando que no llegaría nunca a nada.

Sin embargo, su madre le repetía todos los días lo bonita, maravillosa, lista y asombrosa que era.

Gracias a eso, Maddy creció con la confianza suficiente para intentar formar parte de un mundo que la rechaza. Algo que tampoco es, en realidad, muy diferente de lo que ya viene haciendo desde que nació.

Con su carrera en la moda, Madeline pretende, además de hacer lo que le gusta, mostrarle a la humanidad que las personas con síndrome de Down también pueden ser bellas y sexis.

Porque Maddy sabe que solo saliendo de su zona de confort y exponiéndose al mundo logrará que la aceptemos como un ser humano que no necesita aplausos.

Madeline Stuart puede vendernos la ropa que quiera desde cualquier marquesina porque ya nos vende esperanza

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