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“¡Cómo casca el Lorenzo!”: breve glosario cañí para entender el verano español

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Erasmus y visitantes del mundo, prestad atención, pues los chascarrillos que siguen pueden seros de gran ayuda

Natxo Medina

21 Julio 2014 18:54

Antes que una estación, el verano es un estado mental. Y nosotros, como país que ha vivido del combo sol+playa+paella durante años, eso lo llevamos en lo más profundo. Nuestro imaginario veraniego es rico en caspa y desparrame, en verbenas y amores playeros al ritmo de la canción del verano. Por si fuera poco, en el país de la picaresca hace un calor que no se puede estar, y cada uno se lo monta como puede para combatirlo, normalmente a base de engullir litros de cerveza en cualquier chiringuito que uno tenga a mano. Hay que aprovechar de alguna manera que son vacaciones y que vivimos en el país de las fiestas patronales y los litros de sangría defectuosa.

Para salpimentar todo este batiburrillo de jolgorio y sudores, el castellano es una lengua rica en expresiones que parecen sin pies ni cabeza, pero que no sólo tienen una historia detrás, sino que encajan como un guante en un montón de situaciones con las que te vas a encontrar en cuanto te vayas a algún destino turístico. Erasmus y visitantes del mundo, atentos porque los chascarrillos que vienen a continuación pueden seros de gran ayuda si pisáis este verano la piel de toro y os veis envueltos en según qué situaciones.

A, de “ir A saco”: dícese de quien se va por ahí a que la vida playera le confunda. Empieza con los vermuts a mediodía, el vino en la comida, los carajillos de la comida, los cubatas de media tarde y a la hora de la cena no distinguiría un mejillón de una tumbona. En esencia quiere decir (o quicir) hacer las cosas muy a fondo, como si estuviéramos poseídos por una bestia salvaje.

B, de “estar tumbado a la Bartola”: se aplica a esas situaciones en las que lo único que te apetece hacer es ver las nubes pasar desde una tumbona, o mimetizarte con el sofá viendo cualquier basura que pongan en la tele. Se dice que el origen de la expresión tiene que ver con Goya y sus dos majas, la vestida y la desnuda, y por eso también existe la expresión “tirarse a la bartola”. Ver “Chachi”.

C, de “Chachi”: adjetivo coloquial que designa algo que está bien, que es chanante o divertido. Si lo pasas chachi, es que tus vacaciones te están cundiendo. ¡Pero ojo! A pesar de su inocentona presentación, resulta que su origen es sexual. En la China medieval, el “Cha Chi” era la disciplina que regía las relaciones sexuales, y su nacimiento está íntimamente relacionado con el “Feng Shui”. En el siglo XIII, con el viaje de Marco Polo a Asia la expresión llegó a Italia y empezó a decirse “passarla ciacci” como sinónimo de acostarse con alguien.

H, de “Hacer el agosto”: se utiliza cuando a alguien le sale muy bien un negocio y se forra, o cuando un plan sale de perlas. Ejemplo: “con lo de las preferentes, las cajas hicieron su agosto”. Como se ve, puede usarse en cualquier época del año, pero originalmente tiene que ver con que agosto era, en muchas poblaciones, la época de la cosecha y por tanto del fiestón.

M, de “comerse un Marrón”: expresión que se refiere a situaciones en las que uno o varios se ven de pronto envueltos en un problema inesperado, normalmente generado por terceros. Como que te pierdan la maleta con el líquido de las lentillas dentro, o que te roben la cartera con la documentación en plenos San Fermines. Aunque bien pensado, eso seguro que te lo has buscado tú, borrachuzo.

P, de “Picos Pardos”: se aplica a situaciones festivas, muchas veces previas a comerse un marrón. Se va uno de picos pardos cuando, después de estar trabajando en pleno calor de julio pegajoso de sudor, sale a la calle a tomar el fresco y olvidarse de todo en los bares. A ese deambular gambitero se le aplica una expresión que en épocas remotas era el equivalente a “irse a buscar mujerzuelas”, cosa que hoy es igual de posible, pero ha ganado en matices. Ver “ir A saco”.

P, de “caer la del Pulpo”: dícese del mal tiempo furioso. Se aplica sobre todo a tormentas fuertes y repentinas, como las que suelen caer en las costas españolas en verano. Por ejemplo, estás en la playa mostrándole al mundo tus atributos y creyéndote un Baywatch, y de pronto se arrejuntan unas nubes negras como el betún y empieza a granizar. Un rato después, refugiado bajo la sombrilla, un colega tuyo comenta, “ha caído la del pulpo”. Ver “comerse un Marrón”.

T, de “esto es la casa de Tócame Roque”: dícese de la situación grupal, bastante corriente en las noches costeras o en pueblos en plena fiesta mayor, en la cual la cosa se nos va de las manos y un grupo de personas de apariencia decente pierde los papeles hasta lo indecible en plan trance chamánico. O sea, cuando nos sumimos en el caos y a nadie le importa nada. En una situación así también puede decirse “esto es un Sin Diós”, o “Menudo cocedero de mariscos”.

V de “ser un Viva la Virgen”: se aplica a aquellas personas que no sólo no dan un palo al agua y están todo el día de “picos pardos” y “tumbados a la Bartola”, sino que además todo se la trae al fresco. Poco les importa lo que pueda pasar a su alrededor mientras puedan seguir en chancletas y de fiesta. Un “vivalavirgen” es el mismísimo espíritu de las navidades presentes del veraneo español. Si todavía no estás acostumbrado a ello, no te angusties amigo. Simplemente recuerda que es verano. Y en bermudas, todo vale.

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