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Liu Xiabobo murió de forma prematura por culpa del gobierno chino

¿Se ofrece una atención sanitaria óptima a los disidentes políticos encarcelados en China? ¿O simplemente se les mantiene con vida, pero sin intención de prestarles ningún tipo de ayuda ante un contratiempo médico?

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El preso chino político más famoso del mundo y el único de su país galardonado con el Premio Nobel de la Paz, Liu Xiabobo, murió ayer de forma prematura por culpa del gobierno chino, según se ha denunciado internacionalmente.

Después de pasar nueve años entre rejas por escribir Carta 08, el manifiesto con el que ensalzó la democracia, enfermó de cáncer de hígado. Tras recibir el diagnóstico, le liberaron el 26 de junio. Pero no fue suficiente. La administración de Xi Jinping propició su fallecimiento al negarle al disidente la posibilidad de recibir asistencia médica en el extranjero y al no ofrecerle el tratamiento adecuado.

Human Rights Watch ha condenado la muerte de Xiabobo en un comunicado en el que tacha el desenlace como una muestra de la crueldad perpetrada por el Partido Comunista de China contra los defensores de los derechos humanos y de la democracia. "Incluso cuando se agravó su enfermedad el gobierno siguió aislando a su familia y a él, y le negó la posibilidad de elegir el tratamiento médico", señaló la directora para China de la organización humanitaria, Sophie Richardson.

No se conocen muchos datos acerca de las condiciones de su cautiverio. Pero solo hubo una ocasión en la que dos médicos independientes —uno de Estados Unidos y otro de Alemania— examinaron el estado de salud de Liu.

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Human Rights Watch también ha denunciado que, en el mejor de los casos, la atención médica que reciben los presos en el gigante asiático es muy elemental. Esta realidad la palpó en 2015 al hablar con exreclusos que aseguraron que solían ser ignorados al hablar de irregularidades en su salud y al conocer casos de otros que murieron por ello. Un modus operandi que podría haber favorecido que Liu escribiera su final antes de tiempo.

El Comité Noruego del Premio Nobel también ha abominado la muerte del defensor de la democracia, aún muy lejos de alcanzarse en China. "Nos parece muy preocupante que Liu Xiaobo no fuese trasladado a una instalación donde podría haber recibido un tratamiento médico adecuado antes de que su enfermedad llegara a un estado terminal. El Gobierno chino tiene una gran responsabilidad por su muerte prematura", lamentó en un post publicado en Facebook la presidenta del Comité Noruego del Premio Novel, Berit Reiss-Andersen.

Varias potencias de Occidente insistieron durante semanas que se le debía trasladar al extranjero para tener más posibilidades de superar el cáncer. Ahora, la críticas contra la administración de Xi se han avivado. "China tiene ahora la responsabilidad de responder rápidamente, de forma transparente y plausiblemente a la pregunta de si su cáncer no podría haber sido identificado mucho antes", exigió en un comunicado el ministro de Asuntos Exteriores alemán, Sigmar Gabriel.

Solo hubo una ocasión en la que dos médicos independientes —uno de Estados Unidos y otro de Alemania— examinaron el estado de salud de Liu

El caso de Liu tiene algunos paralelismos con el del estadounidense Otto Warmbier, que también enfermó mientras estuvo encarcelado en Corea del Norte. Al ser trasladado a EEUU, los médicos del Hospital de la Universidad de Cincinnati determinaron que tenía lesiones relacionadas con un paro cardiopulmonar. A los pocos días murió.

Ambas historias dejan un interrogante en el aire: en estos países asiáticos, ¿se ofrece una atención sanitaria óptima a los disidentes encarcelados o simplemente se les mantiene con vida, pero sin intención de prestarles ningún tipo de ayuda ante un contratiempo médico?

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