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Leer buenos libros puede ayudarte a leer mentes

Un estudio apunta que la buena literatura puede aumentar tu empatía y tu inteligencia emocional

Si quieres adivinar cuando una sonrisa es más falsa que un euro de madera, o captar los enfados de tu novia antes de que estalle la tormenta, lo mejor que puedes hacer es ponerte a leer buenos libros. Puede que devorar el último bestseller de Dan Brown sea más entretenido que sumergirse en la obra de Dostoievski pero, probablemente, no será tan beneficioso para tus capacidades empáticas. Al menos, esto es lo que apunta un estudio publicado en la revista Science que analiza el modo en que la literatura afecta a nuestra capacidad intelectual para discernir los pensamientos, emociones y motivaciones de las personas que nos rodean.

El motivo puede estar en aquello que demandan las obras al lector. “Cuando leemos un bestseller, emocionante pero predecible, el texto nos agarra y nos sube a una montaña rusa, en la que todos experimentamos más o menos lo mismo. Los universos de la ficción de calidad, en cambio, están llenos de personajes complejos cuyas vidas interiores rara vez son fácilmente discernibles, lo que requiere un esfuerzo intelectual”, apuntan Emanuele Castano y David Kidd, autores del estudio.

La habilidad necesaria para navegar en estos complejos mundos de ficción también puede ayudarnos a desarrollar los procesos mentales relacionados con la llamada teoría de la mente o cognición. Es decir, nuestra habilidad para intuir los pensamientos, intenciones y estados de ánimo de otras personas.

Para medir el efecto de la lectura de los distintos tipos de ficción en nuestra capacidad cognitiva, Castano y Kidd llevaron a cabo cinco experimentos. En cada uno de ellos pidieron que los participantes leyeran entre 10 y 15 páginas de alta literatura o literatura popular. Los ejemplos del primer grupo incluían textos de Anton Chekhov y Don DeLillo, entre otros, mientras que para la selección “mainstream” escogieron a superventas como Danielle Steel o Gillian Flyn. Tras leer los fragmentos, los sujetos fueron sometidos a pruebas diseñadas para medir la teoría de la mente. En una de ellas, por ejemplo, tenían que decidir si una persona parecía contenta, enfadada, asustada o triste mirando una foto durante dos segundos. En otra, debían escoger entre emociones complejas como “contemplativo” o “escéptico” viendo únicamente una pequeña franja vertical de un rostro.

Los resultados mostraron que los grupos que habían leído ficción literaria obtenían mejores puntuaciones que aquellos que habían leído artículos de no-ficción o que no habían leído nada en absoluto. Esto encajaría con las conclusiones de estudios previos que ya habían analizado la relación entre ficción y teoría de la mente. El matiz que introduce el estudio, sin embargo, es que aquellos que habían leído obras de calidad obtenían resultados significativamente mejores que los que habían leídos obras populares.

Según los investigadores, los hallazgos podrían ser útiles en la rehabilitación de personas en riesgo de exclusión social o para ayudar a las personas con autismo a aprender a comunicarse mejor. Otros, sin embargo, se muestran escépticos sobre la distinción entre la buena y mala literatura. El neurocirujano de la Universidad de Parma Vittorio Gallese, quien investiga el modo en que las obras de arte afectan al cerebro, cree que es un terreno “muy resbaladizo”, ya que los gustos sobre la “alta” y “baja” literatura son cambiantes. “La Comedia Humana de Honoré de Balzac, por ejemplo, fue editada en forma de serie de ficción `popular´, pero, con el paso de los años, ha alcanzado la categoría de clásico”, apunta Gallese.

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