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Este es el cuento de hadas más salvaje y sensual

Hablamos con Laura Makabresku, la fotógrafa más poética y adictiva de todo Internet

—Si la vida de Laura Makabresku fuera un cuento de hadas, ¿qué tipo de historia contaría?

—Sin duda, sería uno de estos cuentos oscuros, llenos de la presencia silenciosa de animales que susurran en los bosques, de pájaros que guiñan los ojos, de bestias caminando con calma por los acantilados de un mar tormentoso... 

La que habla aquí es la propia Makabresku. Una mujer menuda, de pelo rizado y piel muy blanca que lleva años llenando Internet de imágenes desconcertantes. Su fotografía, como su mundo interior, oscila entre lo bello y lo bruto. En ella pueden desfilar animales disecados, mujeres desnudas, naturalezas vivas y escenas enfermizas.

Como ella misma reconoce, su obra es un cuento de hadas. Pero no uno de esos que Disney nos contaba con canciones y escenarios luminosos, sino más bien uno de los que papá y mamá se encargaban de ocultarnos. Aquellos que se parecían a la vida real. A la oscuridad real. A la naturaleza y a la sangre que impregnan nuestras vidas. 

Una poeta de la verdad

Laura Makabresku es polaca y es muy joven. A sus 27 años ha logrado convertirse en uno de los mayores referentes de la fotografía contemporánea desde que empezara a moverse por la red y a removerse en las entrañas de sus seguidores.

Ahora suma más de 77.000 seguidores en su página de Facebook y otros tantos miles en su blog, su tumblr o su flickr. Ser tan popular, sin embargo, también ha provocado que muchos otros la imitaran, haciendo que sus colores y sus señas se hicieran reconocibles más allá de sus murallas.

—Gracias a Internet —dice Laura— he encontrado muchos amigos, a mucha gente honesta y de buen corazón. Recibo muchas cartas en las que esa gente comparte conmigo sus pensamientos y me hablan de lo importante que se ha convertido mi arte en sus vidas. Es difícil de explicar, pero siento un fuerte vínculo con todas esas personas que se sienten con hambre de experimentar lo que mis cuentos de hadas les pueden dar.

Lo que Makabresku desprende es misticismo. Lo que Makabresku despierta es amor. Un amor desmedido parecido al que ella siente por algunos de sus referentes, entre los que se encuentran la también polaca Aleksandra Waliszewska —de quien destaca su pasión por mostrar una infancia salvaje y turbulenta— y otros artistas, cineastas, fotógrafos y escritores como Sylvia Plath, Lars von Trier, Emil Cioran, Francesca Woodman o Roland Barthes.

Una fotógrafa que con sus ojos lima nuestros huesos.

Pero Laura Makabresku también provoca sentimientos encontrados, y no es difícil encontrar comentarios negativos sobre su obra, y sobre cómo esta roza límites morales relacionados con el respeto al mundo animal, la zoofilia o la exaltación de lo enfermo. A la joven fotógrafa, sin embargo, estas críticas no le espantan porque ella sabe que la belleza está en esos límites. “La enfermedad ha sido una compañera toda mi vida, y le debo cosas buenas y cosas malas. Ha sido una carga, pero también una inspiración”. 

Si la naturaleza es extraña, brutal, salvaje, erótica, contradictoria, cruel. ¿Por qué no mostrarlo? ¿Para qué perpetuar las mentiras que de niños nos contaron? ¿Tiene sentido el arte si éste no desvela las cosas ocultas de la vida y ahonda en nuestras vísceras? ¿Tiene sentido narrar nuestra historia si ocultamos los detalles punzantes, si nos olvidamos de los cuchillos?

Makabresku, al fin y al cabo, es una poeta de la verdad. Una fotógrafa que con sus ojos lima nuestros huesos. Una loba con corazón de ciervo, con mirada de pájaro, y con fauces de un tierno, deseado y temido león. Con ella da la impresión de que Caperucita hubiera cazado a su asesino. ¿Quién no se dejaría arañar por un ser así? 

Las bestias caminan entre nosotros. Forman parte de nuestro ser.

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