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Vida y desdichas de Koko, la gorila que se cree humana

Un nuevo documental profundiza en el extraño caso de Koko, la gorila que puede comunicarse con los humanos

Koko tiene 44 años, nunca se casó y nunca tuvo hijos, pero sí muchos gatos. Así descrita podría pasar por una de esas solteronas de mediana edad con muchas manías que todos conocemos, pero el de Koko es un caso distinto. Porque ella no es humana. Koko es una gorila. Una gorila adiestrada.

La historia de Koko empieza en 1971, cuando Penny Patterson, una estudiante de psicología del desarrollo en Stanford, adopta a la gorila de tan solo seis meses para enseñarle lenguaje de señas como parte de su tesis doctoral. En aquel momento, Penny no podía imaginar el fuerte vínculo que se desarrollaría entre ambas.

El proyecto, que en principio debía durar cuatro años, acabó durando 44. Toda una vida en común. Una vida en la que se sumerge ahora Koko: the gorilla who talks to people, un nuevo documental que explora la extraña relación entre una madre humana y su hija animal.

Con acceso a décadas de material audiovisual, el documental hace un recorrido por la extraordinaria vida de la gorila y de la mujer que dedicó los últimos cuarenta años a su enseñanza y si cuidado. Según Patterson, Koko puede usar más de mil señas, puede formar oraciones sencillas, hablar sobre el pasado y hasta hacer bromas. Sin embargo, las increíbles alegaciones de Patterson siempre ha estado rodeadas de buenas dosis de controversia. Sobre todo por parte de la comunidad científica, que la acusa de no haber producido evidencia suficiente para corroborar que Koko de verdad tiene esas habilidades.

Patterson dice que Koko puede hablar en rima, que se enloquece por el acento británico, en especial por el de Benedict Cumberbatch, y que tiene un ego enorme. Pero es difícil saber si de verdad la gorila está enamorada del actor de Sherlock, o si, en realidad, la psicóloga está proyectando sus propias emociones sobre el animal que ayudó a criar.

Los documentalistas Jonny Taylor y Bridget Appleby tuvieron un mes de acceso a la gorila. Sin embargo, Koko es una gorila ocupada. "Cuando llegamos, estaban planeando su cumpleaños. Después de la fiesta, Koko estaba cansada. El día después tenían que cortarle las uñas, el siguiente tenía una visita de sus gatos", recuerda Appleby, la productora del documental, en declaraciones a The Guardian.

Como consecuencia de esas dificultades para colarse en la agenda de Koko, la mayor parte del documental se compone de viejos videos familiares que retratan la vida de la madre humana y su hija gorila. Porque, en el fondo, como dice Appleby, "el film es la historia de un experimento científico que se convirtió en una historia de amor".

La ciencia toma un asiento trasero y el vínculo entre Koko y Patterson se transforma en el foco. El documental muestra a la familia más atípica de todas y los obstáculos que Patterson tuvo que superar para que estuvieran juntas, desde peleas legales con el zoológico —Koko nació en cautividad en el zoo de San Francisco en 1971— que la quería de nuevo, hasta la fundación que abrió para pagar los exorbitantes gastos de mantener a un gorila, y también su arrepentimiento más grande: no haberle dado un bebé a Koko.

Una historia que trasciende cualquier polémica, que muestra que el amor no tiene solo cara humana y que los animales también son merecedores de derechos

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