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Ruido, suicidio e infidelidad: todo lo que no sabías de la jefa del rock

Contra publica la autobiografía de Kim Gordon, bajista y vocalista de Sonic Youth, imprescindible para conocer el rock de los últimos 30 años

1. La lluvia de Sao Paulo. Adiós.

“Creo que jamás en la vida me había sentido tan sola”.

Sola como nunca. Así se siente Kim Gordon después de tocar la canción Death Valley ’69 ante miles de fans entregados. Tras 27 años de matrimonio, no se hablaba con su marido. Pero allí estaba, allí tenía que estar. Tocando junto a él sobre el escenario de un festival de Sao Paulo.

Esa noche, el grupo de ambos murió. Murió Sonic Youth. Sus últimas palabras fueron “Spirit desire, we will fall”, del tema Teen Age Riot. El espíritu del deseo. Caeremos. El espacio común entre Kim y Thurston Moore hacía tiempo ya que no existía.

Se habían amado mientras eran la banda de rock más importante de los últimos 30 años.

El demoledor comienzo de La chica del grupo, la autobiografía de Kim Gordon editada ahora por Contra, es en realidad el epílogo de aquello que parecía indestructible. La odisea de pasar de ser una banda a ser la banda, de ocupar tristes apartamentos de una Nueva York hecha añicos a ser coreados por miles de fanáticos en mitad de la lluvia de Sao Paulo, a 8.000 kilómetros de casa.

2. Nueva York: casa.

La historia de Sonic Youth es en parte la historia de Nueva York. Cuando Gordon, crecida en Los Angeles, llegó a Manhattan, en 1980, la ciudad estaba al borde de la quiebra. Hoy, ella misma habla de “gente que es cool porque vive en NY”. El lamento por la ciudad perdida entre gentrificadores hipsters y el motor de Wall Street invade parte del relato de Gordon: “Nueva York es hoy una ciudad puesta de esteroides”.

Por encima de todo, Sonic Youth creían. En lo que hacían y en sí mismos. Y, como decía el crítico Greil Marcus, la gente paga dinero para ver a otros creer en sí mismos.

En el nacimiento de la banda, Thurston golpeaba su guitarra con una baqueta. Romperían estándares a medio camino entre la creatividad y la necesidad: “No teníamos batería, así que no había ningún otro modo de marcar el ritmo”. Tampoco sabían qué estaban haciendo. No tenían dinero. Guitarras como drones y versos al azar completaban el menú. "El ruido extremo y la disonancia pueden ser increíblemente purificadores", mantiene la bajista.

Gordon intuye, con el paso del tiempo, qué papel jugó el factor femenino dentro de su grupo. “Como nuestra música puede resultar rara y disonante, el hecho de que yo esté en el centro del escenario también hace que sea más fácil ganarse al público: ‘mira, es una chica, lleva un vestido y está con esos tíos, así que deben estar bien’”.

3. La juventud sónica conquista el mundo.

Para el 84, en Bad moon rising, las cosas ya estaban mucho más claras: canciones sin transición entre ellas, una Velvet de imitación, como dice la propia Gordon. Para ella, todo se hacía más concreto: se casó con Thurston. Llegó EVOL, ruido inspirado en parte por Hitchcock, y llegó Sister, esquizofrenia debida a Philip K. Dick. Los días creativos de vino y rosas iban a culminar poniendo a la crítica a sus pies con Daydream nation.

Los discos Goo y Dirty situaron a Sonic Youth en lo más alto, en una posición también extraña. Demasiado mainstream para el indie, demasiado disonantes como para agradar a las masas. Habíamos llegado a 1994, final de trayecto para un amigo y punto de partida de una nueva vida.

Un buen amigo se pega un tiro a los 27 a la vez que nace tu única hija. Así fue aquel año para Gordon. Adiós Kurt Cobain, hola Coco.  

Los recuerdos de Kim se vuelven a revelar como únicos en este punto. “Oh no, desastre a la vista”: eso es lo que pensó cuando Courtney Love le dijo que Kurt “estaba bueno”. Love también le pidió consejo acerca de un romance secreto con Billy Corgan, líder de The Smashing Pumpkins. La reacción de Gordon fue de asco, ya que nadie lo tragaba “porque era un llorica”.

Tras esto, una línea de diseño de ropa. Cine. 11-S. La soledad física de la madre, inevitable y biológicamente más conectada a la hija que el padre. La crisis de identidad: “¿qué se siente siendo madre en el rock and roll?”. Sonic Youth acabó programando las giras en función del calendario escolar de Coco.

4. Mamá Riot

Cuenta Gordon que su hija Coco, en secundaria, les dijo: “No sabéis lo que representa ser vuestra hija”. Con unos padres que salen caricaturizados en Los Simpson, podemos hacernos una idea de lo que esto significa.

Sean madres o no, Kim Gordon reflexiona profundamente en La chica del grupo sobre su género. “A las mujeres no se les permite ser la hostia. (…) No permitimos que las mujeres sean tan libres como quisieran porque es algo que da miedo. A esas mujeres, o bien las evitamos o las tenemos por locas”, sostiene Gordon en uno de los pasajes más profundos de sus memorias. “Lo que se espera de las mujeres es que sustenten el mundo, no que lo aniquilen”.

Al tiempo que elogia a Kathleen Hanna (de Bikini Kill y el movimiento feminista Riot Grrrl), Gordon se alegra de que su hija Coco no hubiera escuchado hablar de las Spice Girls en su momento. Era una “forma de poder para las chicas, ¡decir que no al márketing femenino!”.

“¿Estoy empoderada? Si tienes que esconder tu hipersensibilidad, ¿eres realmente una mujer fuerte?”. Una de las mayores críticas del libro la hace Gordon a Lana del Rey, de quien dice que no sabe qué es el feminismo. Frente a la autodestrucción e imitación de valores masculinos, nuestra heroína propone: “No estaría mal aspirar a la igualdad salarial y la igualdad de derechos”.

5. La chica del grupo ahora es sólo la chica

Gordon se abre sentimentalmente al máximo. Reconoce que siempre ha reproducido la dinámica de “mujer codependiente, hombre narcisista” en sus relaciones. Con Thurston no fue una excepción: “Tal vez proyecté en él mis sueños, mis fantasías”.

Cuando descubrió la infidelidad de Thurston, tras 30 años de unión, todo se vino abajo. Quedaba contárselo a Coco, de 17 años, antes de que todo internet ardiese. Ella y él eran no sólo sus padres, sino algo más.

También eran la pareja que demostraba que podía haber amor eterno en el rock.

La pareja que había escrito y cantado a dúo aquellos versos de Cotton crown:

el amor ha llegado para quedarse

va a durar para siempre, todos los días

Un recuerdo doloroso, especialmente bajo aquella lluvia de Sao Paulo.

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