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No todo es oro en Kickstarter: conoce a Drop Kicker, los justicieros del crowdfunding

¿Crees que tienes una idea genial? Siempre habrá quien te haga ver que en realidad es un disparate, algo irrealizable o directamente un timo

Kickstarter es la compañía estrella de todas las iniciativas que han surgido en los últimos años al albur del crowdfunding. Tú tienes una idea (supuestamente genial), pero no tienes el dinero para materializarla; y como acudir a los bancos es un problema, acudes a la gente y pides financiación por la vía de lo que se ha dado en llamar 'micromecenazgo'. Es lo que te facilita Kickstarter: una plataforma para dar a conocer tu idea y puedas encontrar (o no) inversores entre los ciudadanos de a pie. Pero hay un problema: muchas veces esas ideas o proyectos de desarrollo de productos que parecen tan innovadoras e interesantes son, muchas veces, de un optimismo desmesurado, o de una resolución tecnológica inviable, o de una ingenuidad asombrosa. Y como diría Ortega Cano, ‘¿aquí no hay una policía o qué?’. Antes de dar tu dinero, hay que tener claro que no te están engañando con una idea de bombero. Y por eso ha nacido Drop Kicker: para desenmascarar a los impostores, los ingenuos o los demasiado optimistas en Kickstarter. Su lema: "Providing a healthy dose of pessimism". Aunque en vez de pesimismo, bien podrían hablar de ser simplemente realistas.

Se trata de un blog extremadamente crítico, gestionado por dos personas dedicadas de forma profesional al diseño de productos en el area del hardware, que somete a un riguroso examen algunos de los proyectos más dudosos de entre todos los que recurren a buscar financiación en la plataforma de crowdfunding. Por ejemplo, un tipo de smartphone que intenta ser incluso más ambicioso que el iPhone (¿realmente hay algo mejor que no se haya inventado y que lo pueda desarrollar un particular sin el apoyo financiero de una gran empresa?), o un detector de calorías de comida, al estilo Shazam pero con dulces.

La misión de DropKicker es parecida a la de una oficina del consumidor: no se trata de atacar a los innovadores, o de trollearlos, sino de someter a examen aquellas propuestas que, posiblemente, estarían reclamando dinero para nada. No llegaría al nivel del timo de las preferentes, pero casi.

Así que Ortega Cano estaría feliz: aquí hay una policía, y se dedica a decirle a alguna gente aquello de ‘muchacho, tu idea es una mierda, ni lo intentes’.

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