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Cómo ganarle a la muerte allí donde no se ve la luna

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El sherpa Chhiring encontró a un compañero mientras bajaba el K2; entonces decidió cargar con él solo, sin ayuda de nada

Ignacio Pato

15 Septiembre 2015 13:54

El neozelandés Edmund Hillary ha pasado a la historia como el primer hombre que coronó el Everest en 1953.

VER TAMBIÉN: "Fueron dioses del básket, pero una bandera los separó para siempre"

Sin embargo, Hillary no lo hizo solo. Con él hizo cima el sherpa nepalí Tenzing Norgay, convertido en una especie de segundón porque la historia se suele escribir desde otras latitudes, y las grandes historias a menudo prefieren a héroes individuales.

Algo parecido ocurrió en agosto de 2008. Entonces el K2, el segundo pico más alto del planeta, fue la tumba para 11 alpinistas de una expedición internacional.



Expedición del K2 que en 2008 perdió a 11 de sus alpinistas

Allí quedaron atrapados en la zona más peligrosa de la montaña, un lugar conocido como Zona de la Muerte, que consiste en un estrecho corredor terriblemente expuesto a desprendimientos y avalanchas.

El libro K2, enterrados en el cielo, de próxima aparición en Capitán Swing, relata el asombroso rescate del que fue testigo en aquellos días el K2. 


Chhiring estaba allí a pesar de las lágrimas de su esposa. A pesar de que subir aquella cima costase más dinero de todo el que su padre había ganado en toda su vida


Como con Hillary en el Everest, los sherpas estaban en el K2 en su día más mortífero. El nepalí Chhiring Dorje era uno de ellos.

Chhiring estaba allí a pesar de las lágrimas de su esposa. A pesar de que subir aquella cima costase más dinero de todo el que su padre había ganado en toda su vida. A pesar de que un lama budista le hubiera hecho una oscura advertencia: la diosa del K2 no toleraría esta ascensión.

Pero Chhiring había hecho cima sin necesitar siquiera botellas de oxígeno. Eran las 18:37 de la tarde. La noche caería pronto.



Chhiring se encontró a Pasang Lama, otro sherpa como él, atrapado entre el hielo y la noche. Entonces se decidió a bajarlo

Comenzó a descender el K2 solo, a oscuras. Cuando entró en la Zona de la Muerte, se encontró a Pasang Lama, otro sherpa como él, atrapado entre el hielo y la noche. Pasang no tenía ni siquiera su piolet, ya que se lo había cedido a otro miembro del grupo.

Chhiring no lo dudó y ató a Pasang a su arnés. Sabía que si Pasang resbalaba, los dos caerían al vacío.


A la altura a la que vuela un avión, Chhiring pensaba en sus inicios como porteador de occidentales, con solo 12 años



A la altura que vuela un Boeing 747, rodeado de un monstruo de hielo y roca que no deja ver la luna y atado a su compañero Pasang, Chhiring pensaba quizá en las diez veces en que, a sus 34 años, había coronado el Everest.

Pensaba quizá también en sus inicios como porteador de occidentales, con solo 12 años, para ayudar a su familia.



Chhiring decidió atar a su compañero Pasang a su arnés. Sabía que si resbalaba, los dos caerían al vacío


El tiempo, en forma de desprendimientos gigantescos sobre sus cabezas, jugaba en contra de dos hombres que descendían como si fueran solo uno. 

En el pico en el que 1 de cada 4 escaladores muere, la odisea de Chhiring y Pasang  ocurrió en mitad de la catástrofe más mediática del alpinismo.

Los medios occidentales llenaron portadas con palabras enlutadas sobre desafíos incomprensibles. Sobre retos personales de suicidas caprichosos.

Pero tanto Chhiring como Pasang sabían que allí arriba, donde no se ve la luna, la vida de dos puede ser condición sin la cual no existe la vida de uno.

Lo sabían desde que, siendo unos niños, le dijeron a un extranjero aquellas tres palabras:


"Dame tu mochila"



Retrato de Chhiring (a la izquierda) en su infancia en el año 1980

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