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El día que Justin Trudeau se subió a un ring de boxeo para... ¿defender el colonialismo blanco frente a los pueblos indígenas?

Al primer ministro canadiense le llueven las críticas por su relato sobre las razones ocultas que le llevaron a boxear contra Patrick Brazeau en 2012

Wikipedia Commons

La imagen es un caramelo, carnaza dulce al servicio del mito de Justin Trudeau. A un lado, el ahora primer ministro de Canadá, con cinco años menos, delgado pero fibroso, con una melenita que acerca los imaginarios de lo pijo y lo quinqui. Al otro, el senador más joven de Canadá por aquel entonces, veterano del ejército, luciendo tatuajes, pañuelo en la cabeza y pose a lo Hulk Hogan.

Reuters/Chris Wattie

Pocos días después de tomarse esa foto, Trudeau y el senador conservador Patrick “Brass Knuckles” Brazeau se subían a un cuadrilátero en el Hampton Inn Convention Centre de Ottawa para boxear por una causa benéfica. A puñetazos para Fight for the Cure. “Thrilla on the Hilla”, bautizaron la velada. A pesar de que las apuestas le señalaban como claro perdedor, ganó Trudeau.

Aquel combate significó un antes y un después en la carrera de Justin Trudeau. De ser visto como un peso ligero de la política nacional, un personaje poco menos insustancial que había usado las faldas de su ilustre padre para ganar un asiento en la Cámara de los Comunes de Canadá, Justin pasó a ser una sensación. Poco después de la pelea, el primogénito de Pierre Trudeau se postulaba como candidato a liderar el Partido Liberal de Canadá. Su candidatura arrasó.

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Ahora, cinco años después, y ya con Trudeau instalado en lo más alto de la política internacional, el combate vuelve a ocupar espacio en los medios. La razón es una entrevista con el primer ministro canadiense publicada por Rolling Stone en la que el propio Trudeau explica que la elección de luchar contra Brazeau no fue casual. Se le eligió a él por una razón. Y algunos ven un problema en lo que se adivina detrás de esa razón.

“No fue un emparejamiento fortuito”, explica Trudeau. “Quería a alguien que fuera un buen complemento, y nos tropezamos con este senador con perfil de tipo duro y pendenciero de una comunidad indígena. Encajaba bien en lo que buscábamos y era un excelente contrapunto. Lo vi como el tipo de narrativa correcta, la historia correcta a contar”.

Esa última frase, a pesar de su ambigüedad, ha despertado las críticas de quienes ven una celebración de la "actitud colonialista " canadiense colándose entre las líneas. Las comentarios en las redes dejan claro que las palabras de Trudeau no han sentado nada bien.

“¿Así que 'chico blanco privilegiado muele a puñetazos a indio' era 'el tipo de narrativa correcta'? ¿En serio?”.

“Chico blanco con poder y privilegios busca a indígena para golpearle y así parecer un tío blanco fuerte. Qué valioso y supremamente colonial”.

“Trudeau literalmente usando a gente indígena como decorado político”.

Más allá del sarcasmo tuitero, entre los críticos también hay quienes señalan lo poco que esas palabras casan con los discursos más recientes de Trudeau a favor de la inclusividad y con sus promesas de reparar las desigualdades endémicas y los agravios que sufren las comunidades indígenas de Canadá.

Hablamos de cerca de un millón y medio de personas que en general soportan tasas de pobreza, analfabetismo, alcoholismo, encarcelamiento y suicidio mucho más altas a la media nacional. Un millón y medio de personas que siguen siendo víctimas de un 'genocidio cultural' cuyas consecuencias están lejos de haber desaparecido.

"Qué pasa, Trudeau. Después de todo lo que has hablado sobre inclusión, te jactas de haberle pegado a un tipo con los mismos problemas que prometes que quieres resolver. Apestas".

"Canadá, vuestro líder acudió hoy a los medios estadounidenses para decir que cuando necesitó un villano para engrandecer su narrativa, una persona indígena era la elección perfecta".

Desde el entorno del Gobierno canadiense se ha respondido al revuelo apuntando a medidas recientes como la puesta en marcha de una investigación a nivel nacional sobre décadas de violencia contra mujeres indígenas. “Estamos totalmente comprometidos con unas relaciones renovadas y con la reconciliación (con las comunidades originarias)”, ha asegurado un portavoz de la oficina del primer ministro a The Guardian.

Mientras, columnistas como Vinay Menon apuntan al efecto pernicioso de los constantes ardides de Trudeau para ganarse la atención de los medios. Ardides, porque esas anécdotas que le engrandecen como el gran icono pop de la política internacional contemporánea casi nunca surgen de forma espontánea. Todo es parte de un plan. Como lo fue elegir al "tipo duro indígena" como sparring para su ascenso político.

“Este anhelo de un anti-Trump lleva a los medios estadounidenses a pasar por alto o ignorar las problemáticas similaridades entre ambos líderes, entre ellas una obsesión por la celebridad que es contraproducente para la gobernanza”, escribe Menon en el Toronto Star. “La atención es agradable. Pero una honestidad más amigable sería aún mejor”.

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