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El Justin Bieber de papel comparte sus canciones favoritas

Teddy Wayne, autor de "La Canción De Amor de Jonny Valentine", editada por Blackie Books, comparte con nosotros la playlist que le inspiró su libro

Blackie Books acaba de traer a las tiendas La Canción De Amor de Jonny Valentine de Teddy Wayne, una historia sobre una estrella de la música de once años (o lo que es lo mismo, un sosias literario de un Justin Bieber cualquiera) que emprende un viaje maratoniano para intentar reencontrarse con el padre que le abandonó. En el camino surgirá la pregunta de si Jonny es un juguete roto o un niño normal, algo que descubriremos al pasar las páginas de una novela que desde la editorial describen como “un himno a la ternura y a la magia de la primera vez, a los sentimientos puros en tiempos de cinismo ”, pero también una lúcida sátira de la industria musical y del mundo adulto”.

Lo que acostumbramos a hacer en estas ocasiones es incluir un fragmento de la novela en sí. Esta vez, sin embargo, hemos querido variar un poco la fórmula. Extraído del propio libro, nuestro héroe musical imaginario nos presenta a través de la voz de Teddy Wayne varias canciones que le han marcado. Van desde el “Like A Virgin” de Madonna a “1977” de The Clash. Todo ello narrado por él mismo, con su propia voz. Así que avanza y disfruta de esta playlist literaria de pop-rock.

"Like a Virgin" de Madonna

Al identificar la línea de bajo de la canción supe que sonaba "Like a Virgin", de Madonna, que tiene un ritmo dance muy similar al de "Billie Jean", aunque también se nota la influencia directa de una vieja canción de la Motown, "I Can’t Help Myself". Aunque hoy casi todo el mundo plagia las líneas de bajo.

"Everyday" de Buddy Holly

Rog y yo terminamos con una sesión de análisis del "Everyday" de Buddy Holly. Rog lleva una temporada muy obsesionado con Buddy Holly, y me dijo que me fijara en la sencillez de la melodía y la instrumentación, en que el batería marcaba el ritmo mediante una simple palmada en la rodilla; me aseguró que todo funcionaba únicamente gracias al control vocal y las suaves texturas de Holly. Me mandó que imitara su "a hey" y también su forma de ponerse a cantar despacio y hacer escalas en una sola palabra, como si su voz estuviera pasando por encima de un bache. Le pedí que le comentara a quien vaya a hacer el proyecto del próximo disco que yo quería hacer algo parecido en una canción.

"1977" de The Clash

El cantante del equipo de música no paraba de cantar la cifra "1977" al principio de todas las estrofas, y el bajista dijo: "Si compusiéramos una canción y le pusiéramos este año por título, y alguien la escuchara dentro de tres o cuatro décadas, ¿de qué iría?", y el bajista respondió: "Pues del Facebook de los cojones, algo así", y el guitarrista principal añadió: "No, de artículos sobre Facebook", y Zack cogió una guitarra acústica que había en el suelo, paró la música y tocó un riff muy bonito que tenía la textura contraria a la de la canción que estábamos escuchando; uno de los músicos hizo bocina con las manos y exclamó: "¡Está tocando en acústico! ¡Eres un Judas!", y Zack respondió: "Qué va, lo acústico le pegaría más a Jesucristo que a Judas, y además ordenaría a su banda de discípulos: “¡Tocad flojito, coño!”".

"Complete Control" de The Clash

"Es la mejor metacrítica de la industria discográfica planteada en una canción de rock", sentenció Zack. Intenté concentrarme en la letra, aunque costaba entenderla, pero me gustaba que en parte fuera cantada y en parte gritada. En ese tipo de música, normalmente el cantante se limita a berrear porque tiene un rango vocal nulo. Entonces me di cuenta de que la canción iba de lo malos que eran los de su discográfica, que es lo último que debe hacerse. Cuando los cantantes se ponen en contra del sistema creen que así caerán simpáticos a los fans, pero la verdad es que a los fans les importa un pito y lo único que haces es enemistarte con quienes te están apoyando y promocionando. Porque es verdad que a los fans les importa un pito que pongas a parir a tu discográfica, por mucho que casi todo el mundo odie a su jefe. Ni siquiera saben muy bien lo que hace una discográfica. Sólo se fijan en lo que tienen delante, como cuando te sirven un sándwich de rosbif en un avión: nadie tiene ni idea de que otra persona ha tenido que dar de comer y matar y envasar a la vaca antes de servirla en bandeja. Lo curioso es que a todos les encantaría ser la vaca envasada.

"Billie Jean" de Michael Jackson

Seguramente una groupie esperaría que sonara música; conecté el iPod a los altavoces portátiles y elegí una lista de reproducción en la que aparecía "Billie Jean" para darme ánimos. Los primeros compases forman parte de la historia de la música y, aunque se parecen mogollón a tantas otras secuencias rítmicas de bombo, caja y charles, los reconoces enseguida. Y luego empieza esa línea de bajo y, si hasta entonces no sabías qué canción era, ya no te queda ninguna duda. Es una canción pop perfecta. El tempo es de 117 pulsaciones por minuto, que creo que es el mejor para una canción dance, el mismo ritmo que debería tener el corazón cuando haces cardio de baja intensidad para quemar grasa, y la instrumentación sencilla sirve para realzar la voz y al mismo tiempo dar cuerpo a la canción, una combinación difícil de conseguir. Me encantaría tener alguna canción así, una de las que tanta gente recuerda siempre, de esas que gustan mucho a cualquiera que tenga un poco de sentido del ritmo, en vez de cantar temas para niñas preadolescentes, que los olvidan después de seis meses.

"Stay" de Maurice Williams and the Zodiacs

"Stay" es supercorta, como de un minuto y medio. Eso explica en parte por qué es tan buena: justo cuando te estás metiendo en ella termina y te deja con ganas de más. Te hace sentir lo que cuenta Maurice Williams en la canción, como pasa en todos los buenos temas, aunque no siempre lo consiguen acortando tanto la duración.

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