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El tatuador que hacía el amor a través de sus agujas

Para celebrar los 130 años del nacimiento de Junichiro Tanizaki, la editorial Alfaguara publica una selección de sus cuentos de amor más oscuros y delirantes

—Imágenes de Daido Moriyama

Muchos admiraban su trazo, otros, la manera dulce en que presionaba la carne, hasta que la tinta había entrado por completo.

Su nombre era Seikichi, un tatuador joven que trabajaba en un ruidoso y animado barrio de Edo, germen de la actual ciudad de Tokio.

Seikichi practicaba un oficio artístico, pero también polémico, pues más allá de su maestría a la hora de dibujar formas en la piel ajena , aquellos tatuajes ya eran vistos con malos ojos en Japón, cuya sociedad crecería y los miraría con recelo y miedo hasta prácticamente nuestros días.

Durante casi cinco años, el joven tatuador de Edo estuvo obsesionado con encontrar a una mujer. Una dama que sólo existía en sus sueños, y de la que ya se había enamorado sin saber si algún día la encontraría de verdad.

Su obsesión era mirar su piel blanca, su piel lechosa y tersa que él, con toda su alma, penetraría con sus afiladas agujas hasta lograr verter en ella su energía.

Seikichi esperó y esperó hasta que un día se topó directamente con aquella mujer que había estado imaginando tanto tiempo.

Ella, que ni siquiera era una joven, sino más bien una inocente niña, era la piel perfecta, la carne blanca, el lienzo que recubría ese pequeño esqueleto del que Seikichi ya se había enamorado.

El tatuador engatusó a la niña y se la llevó a su estudio, donde ella se dejó dibujar la piel, hasta que sus poros teñidos supuraron sangre y tinta, hasta que el dolor se hizo con sus sentidos, y hasta que la forma de una enorme araña negra presidió su espalda.

Seikichi sentía placer al ver la carne enrojecida de la niña hincharse y colorearse. Creía que de algún modo su ser estaba quedándose en la piel de aquella mujercita para siempre. Era algo que le hacía vibrar. Algo que le excitaba enormemente.

Cuentos de amor (y de oscuridad)

Esta historia fue publicada en 1910 por el escritor japonés Junichiro Tanizaki. Hoy, el relato “Tatuaje” es el que abre una recopilación de sus cuentos, Cuentos de amor, que Carlos Rubio ha editado para Alfaguara con motivo del 130 aniversario del nacimiento y los 50 de la muerte del polémico escritor.

Tanizaki, mundialmente conocido por su ensayo El elogio de la sombra, fue un narrador teñido precisamente por esa oscuridad que proclamaba. Su literatura, que rondó los márgenes del erotismo, la depravación y la moral, era llevada sin embargo al papel con un lenguaje delicado y exquisito.

“Tatuaje” supone uno de los primeros cuentos de Tanizaki, pero también uno de los más significativos dentro de su obra, pues leyéndolo detenidamente nos damos cuenta de que es el germen de aquello que significará su literatura en adelante.

Seikichi, su protagonista, es un hombre que guarda rasgos comunes con muchos de los personajes masculinos de Tanizaki, y es posible que también los sentimientos y la manera de ser del propio escritor.

Temeroso pero valiente, artesano y moderno, brillante en su trabajo, artista, idealista. Un hombre lleno de miedos, todos ellos representados a menudo en las figuras femeninas que le rodean.

A Seikichi, como a muchos de los personajes de Cuentos de amor, las mujeres le aterrorizan. Se enamoran de ellas fácilmente porque simbolizan todo lo que temen.

Cuando el lector avanza en la lectura de los cuentos, el aliento de la niña con el tatuaje en la espalda sobrevuela cada palabra. Esa niña que dio placer, pero que se ha convertido en un monstruo. Esa mujer arácnida que corretea entre los dedos de Tanizaki cuando él escribe.

Un tatuaje indeleble

La escritura más poderosa es aquella que nace de las obsesiones. Aquella que se construye de los sentimientos más grandes del autor.

Cuentos de amor es el reflejo de hombre que no tiene miedo de desnudarse, de escribir con humor, de inventar tramas delirantes, o incluso de dedicar una oda al cabello suave de un cadáver porque, ¿cuáles son los límites para amar? ¿Quién tiene autoridad para juzgar una pasión, por muy poco común que esta sea a ojos de los demás?

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