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Jóvenes ingenieros e impresoras 3D para acabar con la sanidad privada

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Mientras los médicos cobran 30.000 euros por implantar unas prótesis, este grupo de ingenieros consigue los mismos resultados con sólo 270 euros.

Leticia García

30 Julio 2014 11:18

Nació sin el antebrazo derecho y el seguro médico no suele cubrir este tipo de prótesis: su precio se eleva a 30.000 euros. Si además tenemos en cuenta que Alex Pring tiene sólo seis años, habría que renovarlas a medida que vaya creciendo.

Por eso su madre acudió a E-Nable en busca de ayuda, una web que pone en contacto a voluntarios con personas discapacitadas. Allí se topó con Albert Manero, un doctorando de ingeniería aeroespacial en la Universidad de Florida. Junto a su equipo de ingenieros y armado con una impresora 3D, Manero construyó un antrebrazo para Álex que reproduce los músculos humanos y funciona con baterías que se activan a través de la fuerza motriz del niño. Fabricarla costó 270 euros.

Con ella, Alex puede coger e incluso lanzar objetos. "Ni siquiera pesa", comentó minutos después probarla.

"Mi madre nos decía siempre que teníamos que intentar mejorar el mundo", cuenta Manero en la página de la Universidad. "Y eso fue lo que hicimos. Contemplar la cara de Alex cuando se la puso por primera vez no tuvo precio". Ahora Alex y su equipo trabajan en su tiempo libre creando prótesis infantiles. Planean detallar el proceso de construcción en distintos tutoriales, para que todos aquellos que lo necesiten sean capaces de crear la suya propia.

Lo cierto es que las impresoras 3D están a punto de revolucionar el mundo. Con ellas se pueden construir las cosas más absurdas, pero también las mas necesarias.

El año pasado, Paul McCarthy, en Massachusetts, fue capaz de construir él solito una prótesis para su hijo viendo los tutoriales que la empresa Robohand había creado en la red. Esta compañía, fundada por el sudafricano Richard Van As, ya ha ayudado a varios niños que sufren amputaciones. Su labor es similar a la de Not Impossible Labs, la empresa de Mick Ebeling, que comenzó ayudando a los niños mutilados en Sudán. El trabajo de ambas es especialmente relevante en el marco de los conflictos bélicos, donde cientos de personas pierden alguno de sus miembros. Allí médicos y voluntarios pueden lograr reemplazar las zonas amputadas con costes mínimos, siguiendo vídeos explicativosy utilizando impresoras 3D.

Ya se baraja incluso la posibilidad de reproducir órganos utilizando estos aparatos revolucionarios. Varios científicos ya trabajan en prototipos que, a largo plazo, podrían poner fin a las enormes listas de espera de transplantes e incluso al tráfico.

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