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Jesucristo mola: en Estados Unidos se afianza el ‘cristianismo hipster’

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Modernos con inquietudes espirituales que buscan algo distinto y exclusivo para conectarse con el más allá: una vez vuelto mainstream el budismo, el hipster mira a la iglesia cristiana

Mario G. Sinde

15 Enero 2014 12:51

Hay muchas maneras de describir e identificar a un hipster de los de ahora, pero suele haber una fórmula que pocas veces falla: consiste en detectar a la ameba social que se mueve sin ton ni son entre tendencias ya sea por falta de convicciones propias (o lo que se entiende como ‘subirse al carro’) o por ganas de epatar con provocaciones bastante inofensivas. El hipster moderno, en general, decide ir a la contra del resto y busca sus referentes allí donde otros sólo muestran desprecio y olvido. El hipster aparenta tener una vida muy rica -va de gourmet en moda, comida, música y estilo de vida-, pero en realidad su interior está vacío y se llena con artificiosidades. Y en esta carrera desbocada por la distinción de un alma, al hipster le suele interesar la espiritualidad. Por todo aquello de la crítica a lo material y lo absurdo de la existencia, que lleva muchas veces a confundir a Samuel Beckett con Tao Lin.

cristianismo hipster

El hipster, pues, quiere llenar su interior y ha probado de todo: ha coqueteado con el hinduismo y con el tao, y en los últimos años ha cobrado fuerza el budismo. Pero el budismo, y no precisamente por Richard Gere, se ha vuelto mainstream en los últimos años y el hipster con inquietudes espirituales que no quiere aborregarse y sonar demasiado guay ha tenido que buscarse nuevos focos de fe. Se habría hecho judío si no fuera porque el judaísmo es la religión más exclusivista que existe (y por eso la más pura, y la más longeva; ahí los gentiles no entran ni de broma), y para hacerse musulmán hay que tener un valor (y una convicción) que el caprichoso hipster no está dispuesto a asumir, aunque Nike esté fabricando burkas. Y en esto, aparece una religión desprestigiada, machacada e insultada desde todos los frentes posibles en las que hay vacantes, y el hipster, de repente, se hace cristiano. Ir a la iglesia, cantar los himnos eucarísticos junto a tipos tatuados y con pendientes a tu alrededor es una moda creciente en Estados Unidos, donde poco a poco se habla más del ‘cristianismo hipster’, de congregaciones cristianas en las que de repente ha entrado un público joven con pinta de pertenecer a una banda punk; nada que ver con los que recaudan para los pobres la limosna del Domund.

cristianismo hipster

De este fenómeno se ha hecho eco Brett McCracken, autor de un ensayo publicado hace algo más de tres años (de momento sólo disponible en inglés) que lleva por título “Hipster Christianity: When Church and Cool Collide”. Y no, no tiene sus raíces en el Buddy Christ que se inventó Kevin Smith en la película "Dogma". Lo que en un principio fue la identificación de una tendencia -gente joven vestida a la moda, integrada en las dinámicas tecnológicas y de relación social del siglo XXI, que frecuenta la iglesia y se proclama abiertamente cristiana- ha ido cobrando fuerza con el paso de los meses, hasta el punto de que en Estados Unidos existen ahora iglesias que, como si fueran franquicias de Starbucks o garitos de cupcakes, se engalanan de manera guay y reciben una parroquia que podría haber salido de un concierto de Animal Collective. Aparentemente, todo lo que ocurre en los servicios es ortodoxo, aunque igual se cambie el “Adeste Fideles” por una canción de St. Vincent o Feist (o algo parecido, igualmente indie) y quizá se lea ese pasaje del libro de Isaías o el Eclesiastés con un flow urbano.

cristianismo hipster

El cristianismo hipster no tiene nada que ver, en principio, con la aureola cool que algunos hipsters le atribuyen al papa Francisco, por aquello de que se acerca a los leprosos, besa a los gays y se acuerda de los pobres a la vez que señala acusador con el anillo del pescador a los pederastas, los mafiosos vaticanos y otras manzanas podridas de la curia. Esta es una tendencia más americana y más evangélica (no necesariamente católica, sí más fronteriza con el protestantismo sui generis de USA e incluso con los Testigos de Jehová), y precisamente por no ser católica, donde todavía no se permiten ciertas tonterías, los hipsters tienen su lugar. Así que cuando te hablen de cristianismo hipster, no pienses únicamente en tatuajes en la pelvis con la cara de una Stabat Mater Dolorosa o en cruces de Caravaca diseñadas por Marc Jacobs, sino en una pandilla de chavales con pinta de homeless chic que van a recibir la hostia (la sagrada, ojalá recibieran también la de los cinco dedos). Otra cosa es que reciban la palabra de Dios, que esto parece que les importe menos.

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