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Janis Joplin: el destello de una vida llena de dolor, pasión y éxito

El festival In-Edit de Barcelona presentó un bello documental de la musa de los 60

La vida de Janis Joplin fue un destello. Breve, brillante, intensa. Como cada una de sus canciones desgarradoras. Como cada uno de los llantos que soltó entre tanto éxito y vivencia.

El pasado sábado se estrenaba Janis: Little Girl Blue, un documental con el que el festival In-Edit rendía homenaje a una de las figuras más importantes de la década de los 60. Un referente que consiguió inundar esa gran sala de los Cines Aribau de sonrisas, ternura y nostalgia.

Aquella Little Girl Blue en realidad no era más que el reflejo de una Janis que vivió una difícil adolescencia, que se dejaba arrastrar por sus pasiones –constantemente agitadas, efervescentes– y que fue fiel a sí misma hasta el último de sus días.

Un viaje a su inmadura juventud, marcada por las inseguridades y los miedos, para llegar a la fuerza latente de aquella joven que pisaba por primera vez un gran escenario en el festival de Monterrey.

A esa Janis que dejó perplejas a miles de personas, y que se enamoró una y otra vez hasta sentir que no había nada mejor que aquello. Hasta experimentar el dolor.

Y es que Janis pronto despertó de sus años de vulnerabilidad para sumergirse en el lado más cruel de la vida, para acercarse de lleno a lo que desconocía. Empezó a vivir. Hasta entonces no había sentido más que el breve rugido de sus deseos, como pequeñas voces que apenas tenían peso sobre sí misma.

Sin embargo, antes de cumplir la mayoría de edad Janis ya había empezado una nueva vida. Una vida alejada de todos aquellos que la vieron crecer, de sus recuerdos más íntimos, distanciándose de todo lo que le había hecho daño.

Pero algo realmente entrañable en el documental son las cartas que Janis envía a su familia. En ellas explica cómo le va todo y se despide con un “os quiere, Janis”.

La vida de Janis Joplin fue un destello. Breve, brillante, intensa. Como cada una de sus canciones desgarradoras

Aquello no fue más que una parte de ella, porque Janis ya se había enganchado a la droga; se convirtió en uno de sus refugios, un lugar donde Janis encontraba la paz interior que después transmitía a todos aquellos que la miraban, sorprendidos, preguntándose de dónde sacaba toda esa fuerza.

Aunque los gritos de cada una de sus canciones eran en parte el espejo de una sociedad que intentaba no hundirse en la pobreza, y que encontró en la música la ilusión.

Muchos grupos vivían con la esperanza de que todo cambiaría, de que las cosas mejorarían, y creían que tocando estaban haciendo un poco más felices a toda esa gente que junto a ellos conseguía vivir en un continuo frenesí y despreocupación.

Lo cierto es que aquella joven de Texas pasó los mejores años de su vida así, en un contínuo desafío a la muerte.

Su sufrimiento y tristeza constantes desaparecían cuando un chute la embriagaba de felicidad y veía a los que quería sonriendo y compartiendo con ella ese estado. Porque eso era lo único que quería: ser feliz y hacer feliz.

Y con ese amor la recuerdan todos los testimonios que recoge el documental; muchas voces que acompañadas de una suave melodía le dan la parte más humana, más real, la que se esconde tras esa Janis que todos adivinaban a conocer y que pocos conocían realmente.

A esa que desprendía carisma incluso cuando sus ganas de vivir se iban apagando.

Aunque su mirada de ojos vivos siempre estuvo bellamente encendida.

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