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La mirada triste es sólo un síntoma: viaje al terrorismo emocional anti-gay

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La fotógrafa Isabelle Moore documenta la amargura a la que el régimen de Putin induce a la comunidad LGTB rusa

Ignacio Pato

09 Febrero 2015 07:03

Parece increíble, pero Rusia no descriminalizó la homosexualidad hasta la constitución del año 1993, ya en etapa post-soviética. Y no fue hasta 1999 que desapareció de la lista de trastornos mentales. Desde hace unos meses, la reacción conservadora del país de Putin se ha intensificado en paralelo al ascenso de la influencia de una iglesia ortodoxa que nunca desapareció de los pasillos de poder desde la caída de la URSS.

Con este repunte de la moral tradicional han ido de la mano tanto agresiones a pie de calle como leyes injustas contra toda aquella persona cuya vida se considere fuera de los rígidos cánones de este integrismo político-religioso. Occidente, con oasis mediáticos como el del grupo de presión Pussy Riot, ha tendido a mirar hacia otro lado mientras uno de sus ojos estaba puesto en no incomodar al gigantesco poder económico y energético de Moscú.

Hace sólo unos días se difundía por la red la foto de una pareja lesbiana dándose en un beso en las narices de un adormilado Vitaly Milonov, uno de los principales políticos homófobos de Rusia. Lo cierto es que es una de las caras menos amargas de la realidad de la política rusa. En 2013, se aprobó una "ley contra la propaganda de relaciones sexuales no tradicionales a menores" que esconde una grave asociación entre orientación sexual y delitos contra la integridad infantil. Para la clase dirigente rusa, está claro que quienes mantienen relaciones sexuales no adecuadas a su conservadora moral están directamente relacionados con la posibilidad de atentar contra cualquier otra persona. Las barbaridades que por boca de gran parte de los políticos electos rusos se han podido escuchar y leer son demasiadas como para reproducirlas aquí.

Es en este contexto en el que la fotógrafa Isabella Moore viajó a Rusia y realizó esta serie de capturas de cómo la tristeza, la angustia y la desolación por la forzada sensación de formar parte de lo indeseable atraviesan rostros y miradas desde San Petersburgo a Siberia.

Estas son las nuevas víctimas del régimen de Putin en Rusia. Su delito: plantear un desafío que el poder ni siquiera entiende.

¡Hey, homófobo! ¿A qué le tienes tanto miedo?


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