PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Now

"Hay tíos que se creen que son de '300' y que tú eres el paso de las Termópilas"

H

 

Una conversación con Irantzu Varela sobre hombres feministas, cuidados y conquistas

Ignacio Pato

22 Abril 2016 06:29

Saludo a Irantzu Varela mientras pienso que la mayoría de preguntas que quiero hacerle giran en torno a nosotros, los hombres.



Quizá solo estoy a tono con unos tiempos en los que las nuevas masculinidades se han convertido en una especie de neón que le grita al mundo "es una putada ser tío". O sea, los hombres en el centro también en el debate feminista. 

Como diría Mala Rodríguez, "el mundo es una pelea de pollas". Los tíos triunfamos o nos lamentamos, pero siempre nos cuesta mucho dejar de hablar sobre nosotros. La prueba es lo que estoy tardando en presentar a Varela, periodista, excandidata al Senado por EH Bildu y rodillo feminista en su microespacio El Tornillo del programa La Tuerka.



¿Están de moda las nuevas masculinidades y el hombre feminista?

De moda no sé, pero tienen el peligro de ser una figura con mucha pantalla y poco contenido político.

¿Hay hombres feministas?

Sí. Para serlo solo hace falta ser tan radical como para pensar que las mujeres somos personas. Ser abierta y beligerantemente antipatriarcal, posicionarse en contra de ese statu quo que mata, empobrece y atonta a las mujeres. Ser menos "hombre" y más feminista.



¿Hay muchos?

Cada vez más. Y a los de verdad se les nota a la primera. No se trata tanto de hablar en femenino plural o de buscar comportamientos poco compatibles con la masculinidad hegemónica como la ternura, sino de hombres que están incómodos en el privilegio. Tienen que ser nuestros cómplices.

¿Y es fácil detectar al falso feminista?

Muchos se leen un libro y conocen los discursos pero no los aplican en la práctica. Los feministas de boquilla son los que no quieren renunciar a sus privilegios, sino a la etiqueta de machistas, que está muy fea y se liga muy poco.

¿Hay hombes que te explican el feminismo?

Sí, es que a muchos se les nota que quieren darte clases. Y no va a haber un solo hombre en el mundo, el más majo, el más ideologizado, el que más feminismo haya leído, que me vaya a poder explicar a mí, o a cualquier otra mujer, lo que es el patriarcado. Porque la opresión no te la explican, la vives.



Machunos y feministas suelen coincidir en decir que el feminismo está de moda. Y ninguno lo dice para bien. ¿Lo está?

Puede ser. Y eso me da miedo, porque las modas se pasan. Lo positivo de que esté tan presente en la cultura popular es que podemos limpiar la propaganda negativa que siempre ha atacado el feminismo.  

Beyoncé se definió como feminista y los medios la convertimos poco menos que en la hija de Angela Davis.

A mí me preocuparía que Beyoncé fuera un referente del feminismo. Es bueno que la palabra salga de los espacios de reivindicación exclusivos, pero ojo, sin despolitizarlo. Eso sería imperdonable, porque el feminismo es una forma de pensar muy transformadora.

Hace poco estuviste precisamente con Angela Davis en Bilbao. Hoy tiene 72 años y su afro está canoso. ¿Reproducir una y otra vez su imagen de joven contribuye a perpetuar una cierta estética de la mujer?

Ella misma dice que ha asumido que esa imagen ya no es suya, que era la imagen de una época. Nos contó que una vez que vio a una niña con una camiseta con su cara de joven, le preguntó que por qué la llevaba y esta le respondió:

“Porque me siento invencible cuando la llevo”. Y desde ahí ya no se queja.



Das talleres a adolescentes. ¿Qué se cuece en los institutos?

Los discursos patriarcales se renuevan y siguen funcionando. Por un lado está la presión por ser sexy con un determinado tipo de belleza, identificar control con amor o la fama que tienen el insti. Pero también veo chicas muy potentes, muy autónomas, con discursos de “este es mi cuerpo y hago con él lo que me da la gana”. Y eso es profundamente revolucionario.

¿Y los chicos?

Me dan miedo los discursos neomachistas. Veo chavales de 15 años hablando de hembrismo y de denuncias falsas. Lógicamente no es un discurso propio, sino aprendido de los machunos, que se están organizando y cuyas palabras son fáciles de vender.

Pero también veo algunos, más hacia los 20 eso sí, que no quieren el modelo tradicional de masculinidad. Son conscientes de que es un mierda y que a ellos tampoco les hace bien. Son mucho menos controladores, por ejemplo.



¿Se convencería a más machistas si le dijéramos que un hombre feminista no pierde, sino que gana?

Uf, es que ese es un discurso muy masculino, el de ganar o perder.

Te escucho.

La pregunta debería ser “¿tú qué quieres tener, derechos o privilegios?”. Los segundos siempre se tienen a costa de alguien. Si quieres tenerlos, admítelo. ¿Estás bien con cómo están las cosas? Cobrando más, con más poder, hablando más, pegando y violando más que nosotras. Si estás contento con eso, al menos admítelo. Para que todo el mundo tenga derechos, algunos tienen que dejar de tener privilegios.

A estas alturas ya no puedo obviarlo: entrevisto a una feminista y no paro de hablar de nosotros los tíos...

No es tan grave si al menos te has dado cuenta.



Quizá el camino más efectivo hacia el feminismo, por parte nuestra, no sea tanto leer a Judith Butler como escuchar a las mujeres de nuestro entorno.

Para mi el feminismo es tres cosas: un pensamiento político para entender el mundo, un movimiento social que consigue derechos y una forma de vida. La única imprescindible es la última, cómo sientes y cómo tratas de combatir las opresiones del día a día.

¿Crees en la pedagogía?

Depende de si el que está enfrente quiere de verdad cuestionarse. Yo como mujer no te tengo que explicar por qué ir por la calle y que te digan burradas sobre tu cuerpo es opresión. Aunque me digas que a ti eso no te molestaría.

Tengo amigas que tienden siempre a la explicación. ¿Pesa mucho el cliché de "la feminista borde"?

Hay que ser pedagógica cuando te apetece. No podemos estar siempre a vueltas con las mismas preguntas. Los hay que te dicen “las feministas de verdad se avergonzarían de tí”… Que son las que él conoce, claro. O esos cuya única intención es dejar claro que no tienen privilegios, o que si los tienen no es por su culpa.

Lavar su conciencia, vaya. Y para eso ya tengo bastante con la mía, que no dejo de ser una mujer blanca.



De todas maneras el hombre hegemónico olvida rápido la culpa. Para vosotras queda el chantaje de género: mala amiga, mala novia, mala madre, mala mujer. Y aquí entran los cuidados.

Desde diminutas se nos impone la obligatoriedad del cuidado porque el patriarcado capitalista está basado en la esclavitud de las mujeres. Y eso significa trabajar gratis, a cambio de ropa o comida. Hay una ideología, una mística para que eso nos parezca normal.

¿Cómo opera?

Con un ejercicio de violencia simbólico exitosísimo: que lo hacemos por amor. En esos momentos en los que dices “pues a mí estar todo el puto día cuidando y que nadie me cuide a mí no me mola”, enseguida llega el “lo haces por amor”. Para que te quieran. A ti por ejemplo te han enseñado que lo normal es que una mujer te cuide, ¿no?

Totalmente.

¿Y qué es lo que más dice un machista siempre? Lo más sagrado para un machuno recalcitrante es… ¡su madre! Os enseñan a que tenéis que querer a una mujer que te cuide.

O sea que buscamos…

En el fondo, una mujer que satisfaga vuestras necesidades. Que esté buena, que haga lo que quieras en la cama y que no te complique la vida. Las “mujeres buenas” son las que satisfacen necesidades. A vosotros os han enseñado a querer a esas mujeres y a nosotras que para que te quieran tienes que ser buena.



A los hombres, al menos hasta mi generación, nos educan para saber que podemos ser despistados porque es probable que detrás haya una mujer arreglando nuestros olvidos o cagadas.

Nosotras hacemos casi todo el trabajo reproductivo, los cuidados. Eso incluye acordarnos de comprar la cena de esta noche y limpiar el baño, que sabemos que lo hacéis mal aposta para que lo hagamos nosotras.

Muchos hombres que ejercen la corresponsabilidad en los cuidados acaban pidiendo reconocimiento. Todos los días alguno me dice ‘pues yo voy a buscar a mi hija a la guardería’. ¡Pues gracias en nombre de las mujeres y de la humanidad!

Pensando en la gente más joven, ¿qué te da más miedo?

Lo romántico. La seducción. Hay tíos que se han tomado tan en serio la conquista que se creen que son uno de 300 y tú el paso de las Termópilas.



Hay quien gana mucha pasta con eso.

Sí, esos monstruos machunos que te explican que cuando una tía dice que no está diciendo tal vez y que la tienes que convencer. Pero ojo que no hablo solo de insistir en convencer para ligar, también para tener relaciones con tu pareja.

En nombre del amor y del sexo traspasamos fronteras que no traspasamos por ninguna otra cosa.

Algunos se escudarán en el deseo.

Hay muchos tíos que creen que su deseo está por encima del mío y de mi libertad. Un tío al que después de que le dices que no, él sigue “venga, tía...". Ese, en un contexto apropiado, vete tú a saber de lo que sería capaz. Los violadores comienzan así, creyendo que un ‘no’ es un ‘tal vez’.

¿Planea siempre la sombra de que solemos ser físicamente más fuertes?

Pero mira yo, que soy una tía muy grande. No es una cuestión de fuerza física. Es que a vosotros se os ha socializado alrededor de la idea de que el mundo es el sitio donde satisfacéis vuestros deseos.

¿Y a vosotras?

En el miedo. Pero no por el cuento de Caperucita, sino porque todas sin excepción tenemos experiencias de violencia en nuestra vida.

Siempre ha habido un hombre que ha violado tu libertad. Y eso marca. Tenemos miedo porque sabemos que hay razones para tener miedo.




share