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Ni frailes ni conquistadores: la historia secreta de los emigrantes españoles en EE.UU.

Un libro recoge el testimonio gráfico de parte de los 4 millones de emigrantes españoles que llegaron a Estados Unidos entre 1868 y 1945

¿Qué tienen en común estas dos imágenes?

La respuesta podríamos resumirla en la palabra España. De un pueblo sevillano procedía el padre de Margarita Carmen Cansino, nacida en Nueva York y conocida mundialmente como Rita Hayworth. De España, también, procedían estas chicas en el momento de su descanso en San Leandro, California.

Todas ellas son parte de la historia invisible de Estados Unidos. La historia de los emigrantes españoles en la tierra de las oportunidades, que ahora repasan el periodista y cineasta Luis Argeo y el catedrático de literatura hispánica en la Universidad de Nueva York James D. Fernández, autores de Invisible Immigrants, un cuidado álbum de fotos colectivo de la emigración española en Estados Unidos entre los años 1868 y 1945.

Fueron invisibles porque nunca destacaron, ni en la historia de la emigración española, ni en la de EE.UU., llena de películas con italianos e irlandeses como protagonistas

En total suman 327 fotografías y testimonios, elegidas entre de entre 7.000 de algunos de los 4 millones de españoles que cruzaron el charco en busca de una vida mejor. Invisible Inmigrants son también cinco años de trabajo. Y un proceso de financiación superado de manera sobresaliente: recaudaron casi 45.000 dólares de los 35.000 que necesitaban.

—La fuente primordial son los archivos familiares custodiados por los descendientes de los inmigrantes —afirma Fernández—. Llevamos ya varios años viajando a lo largo y ancho de Estados Unidos y España, presentándonos a esos descendientes, pidiéndoles permiso de digitalizar su fotos y documentos y recopilando historias familiares.

'Padre sí me quería'

Los dos artífices del proyecto tienen historias personales de emigración detrás.

—Mi bisabuelo José llevó a mi tío abuelo Arsenio, apenas adolescente, a tomar un barco en el puerto de Gijón para que emigrara a los EE.UU. Eran trece hermanos —cuenta Argeo—. Por el camino, mi tío abuelo iba pensando todo el rato 'padre no me quiere… padre no me quiere'. Ya en cubierta, cuando el barco empezaba a irse, Arsenio vio a lo lejos que su padre se desmayaba entre la multitud que continuaba despidiéndose en el muelle. Entonces pensó: 'Padre sí me quería'. De los trece hermanos, cinco se fueron, y ocho se quedaron".

Los orígenes de Fernández también nos hacen cruzar el Atlántico:

—Mis abuelos paternos emigraron de solteros de Asturias a EE.UU. Mi abuelo José primero a Cuba y luego a Tampa, Florida. En 1920 regentaba una pequeña tienda de puros en Brooklyn. Ese verano, en un picnic organizado por el Centro Asturiano de Nueva York, conocería a Carmen, la que sería mi abuela. Ella había emigrado a Nueva York porque su hermana Joaquina ya estaba en la ciudad y le había conseguido un trabajo como criada en una casa de Brooklyn.

Tras recorrer la geografía estadounidense en busca de descendientes de aquellas trabajadoras y trabajadores, la labor de Argeo y Fernández ha dado como resultado no solo en el reconocimiento emotivo de estas personas, sino también la creación de un vínculo entre sus nietos.

Del yo al nosotros

—Una mujer en Trujillo, Cáceres, nos permitió escanear una foto del archivo familiar de sus abuelos, que habían emigrado a Hawái y California, antes de volver para siempre a Extremadura —recuerda Argeo—. La foto llevaba un siglo en un baúl de madera en un trastero. 'No sé quiénes son', nos dijo la mujer.  Colgamos la foto en nuestro Facebook y en menos de una hora otra mujer en Arizona comenta, emocionada: '¡Son mis abuelos, que emigraron de Fuentesaúco, Zamora, a Hawái! ¡Nuestros abuelos habrán sido grandes amigos!'

Invisible Immigrants está volviendo tejer, de manera casi artesanal, unas redes que los propios emigrantes tuvieron que establecer en territorio norteamericano. En aquellos duros momentos, cada historia personal se iba volviendo una historia colectiva. Se pasaba del yo al nosotros.

Estaban lejos de "hacer las Américas"; América les haría a ellos

—Los españoles desembarcaron sin ningún tipo de red protectora. Cuando encontraban los asentamientos donde había trabajo, no tenían seguros de desempleo o médicos. Eso les empujó a crear entre compatriotas redes de apoyo y solidaridad —cuenta Argeo. Es así como surgen asociaciones regionales como el Centro Asturiano de Tampa, la Casa Vasca de Nueva York, la Spanish Society en Saint Louis o el Centro Gallego de Newark. La asistencia social se entremezclaba así con la diversión, pues no faltaban bailes, partidos de fútbol o picnics.

El franquismo como invisibilizador

Sin embargo, estos lazos se romperían cuando Franco ganó la guerra que había provocado su propio golpe de estado. La victoria fascista y la tremenda represión y escasez a la que fue sometida la población en España fue el detonante para que la mayoría de estas familias no volvieran nunca.

Cuando se sabe que no hay retorno, absolutamente todo cambia. "Si sabes que tú y tus hijos no vais a volver a España, se transforma de una vez para siempre tu relación con el español y el inglés, con la cultura española y la americana o tu forma de criar a los hijos", explica Fernández.

Es el origen de lo que los autores denominan como inmigrantes invisibles. Según Argeo, fueron "invisibles porque nunca destacaron, ni en la historia de la emigración española, ni en la de EE.UU., llena de películas con italianos e irlandeses como protagonistas. Invisibles porque se volvieron invisibles cuando tuvieron que asimilarse en la sociedad estadounidense del siglo XX, privados de retorno".

Ni frailes ni conquistadores

Cuatro siglos después del viaje de Colón, millones de españoles habían vuelto a llegar a las costas americanas. Pero en esta ocasión no eran frailes ni conquistadores. Eran trabajadoras y trabajadores que hacían cola en la isla de Ellis, en el puerto de Nueva York. Esta era la aduana humana de su nueva vida. Con tensión acumulada de semanas de viaje y la incertidumbre de ser aceptados (y en caso de serlo, qué encontrarían en EE.UU.), Ellis fue bautizada como "la isla de las lágrimas".

—Probablemente se sientan mucho más españoles que lo que me pueda sentir yo en estos tiempos de profunda decepción y desencanto

Junto a los españoles había otros tantos irlandeses, polacos o italianos recién llegados. Para el estadounidense medio, quizá serían sólo mano de obra, números. Estaban lejos de "hacer las Américas". América les haría a ellos, a través del sudor con el que contribuyeron al crecimiento económico de Estados Unidos en el siglo XX.

Aquellos emigrantes fueron parte de esa nación invisible que a menudo suele quedar diluida en los grandes números, los espíritus nacionales y los colores de las banderas. Otros pudieron prosperar algo más. Como el burgalés Prudencio Unanue y la gallega Carolina Casal, que en 1936 fundaron en Nueva York la empresa de comida envasada Goya Foods. Hoy es el negocio familiar hispano más grande de todo Estados Unidos.

Hubo quien se ganó la vida con el pequeño comercio, como los impulsores de este estanco de tabaco en Brooklyn en 1915…

…y también quienes tuvieron hijos que alcanzarían cierta popularidad. Ahí está Ramón Antonio Gerardo Estévez —hijo de un gallego en Ohio—, más conocido como Martin Sheen, legendario actor y padre de los también actores Emilio Estévez y Charlie Sheen.

O Jerry García, líder de la mítica banda hippie de San Francisco Grateful Dead, que también tiene sangre coruñesa por parte de padre.

Y a Lou Piniella, uno de los beisbolistas más afamados de la liga norteamericana, lo trajo al mundo una pareja asturiana afincada en Florida.

En la aduana humana de la isla de Ellis, como en las 700 personas naufragadas en el Mediterráneo esta semana, poco espíritu de aventura podía encontrarse. Dignidad y necesidad, sí. Ahora, los descendientes de aquellas mujeres y hombres que un día llegaron "al Norte" para quedarse, tratan de recuperar parte de su pasado.

Como resalta Argeo, el propio Facebook de Invisible Immigrants se ha convertido en una especie de plaza mayor virtual en la que reunirse con otros nietos o hijos de españoles y compartir sus recetas de comida, recuerdos, chistes y fotos.

"Se sienten parte de nuestro país", remata Argeo. "Y te puedo decir que probablemente se sientan mucho más españoles que lo que me pueda sentir yo en estos tiempos de profunda decepción y desencanto".

La historia de 4 millones de familias hispano-estadounidenses está siendo recuperada.

Mítin de obreros españoles en Tampa, Florida, durante una huelga de tabaqueros

Pesca de cangrejos en Tampa, Florida

Niños españoles en Hawái en 1916

Familia española en Fresno, California, durante los 20

Asturianos con sus hijos neoyorquinos en los 30

Españolas en Brooklyn

Campaña contra el fascismo en Little Spain, Nueva York

Día de Acción de Gracias en San Leandro, California

Españoles en la taberna Roosevelt, Nueva York, 1933

Banquete en el Club Obrero Español de Harlem, NY, como bienvenida a la Brigada Lincoln de voluntarios antifranquistas

Equipo de béisbol del Centro Asturiano de Tampa, Florida

Emigrantes gallegos recién llegados al Lower East Side de Nueva York

La Historia la hacen millones de historias

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