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Instrucciones para escupir al mundo y sanar todos nuestros miedos

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«Huí de todo como un perro sucio bajo la lluvia»

Esther M. García

04 Diciembre 2014 11:52

Un poemario sobre la vida y sobre la muerte, y sobre la violencia hacia lo femenino, o quizá, también, sobre la feminidad violenta de las mujeres mexicanas. Eso es lo que nos trae Esther M. García en este y otros poemas brutales incluidos en Bitácora de mujeres extrañas, su último libro:


MUJER BESTIA MIRANDO LA CIUDAD

         (S/N)


Escupo al mundo mientras mis pasos cimbran la tierra

La poesía ha muerto

La poesía ha colapsado

con todos esos chicos que babean manifiestos que no entienden

que escriben entre el trance de un speed y la alucinación que produce

un poco de hierba en una vieja pipa


Todo se ha secado como un gran árbol muerto y nosotros

nos balanceamos como hojas secas entre un viento de cambio


Yo no me he vuelto una niña de las estrellas

no viajo de planeta en planeta, de constelación entre galaxia

en un nanosegundo

entre cada línea esnifada

o cada bocanada dada a la lata donde se incendia el crack


No

Yo sigo en este plano, en este mundo, en este pedazo de escoria que he elegido

porque la poesía vino como un revólver a reventarme el cráneo

con sus bala-bras

y sólo cayó el revestimiento

la cáscara seca

para darme cuenta de que estoy llena de un pelo hirsuto

y garras largas


Mi boca desprende palabras rojas que se deshacen

como la ceniza al sentir el viento


He de destruir todo lo que toco

Por eso huyo de casa hacia las calles vacías de la ciudad


Huyo del hombre que posee mil caras

conocidas

bien amadas

pero que en realidad es sólo el eco reverberado de mi padre

mi padre que me acecha entre los arbustos de la noche

aunque él ya se ha ido


Huyo de los brazos de mi madre que me estrangulan hasta las heces y

de mis hermanas que me desfiguran el alma con las espinas

de sus voces

clavándose por doquier


Huí a refugiarme entre los brazos del ruido y del silencio

Huí de todo

como un perro sucio bajo la lluvia

y en los charcos marranosos de la ciudad desierta

descubrí mi verdadero rostro

no el de un niño alegre

no el de un navegante de estrellas

astronauta del amor

vi una pequeña bestia sedienta

de la verdad del mundo

cuyo aullido inundó de sonidos

el interior muerto de una poesía que flotaba entre las sombras


Mi cabeza está crujiente como un volcán activo
porque la bestia ha despertado para anidar entre

los brazos de la ciudad que la ha corrompido

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