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Instagram acaba de ahorrarte 12.000 euros (más o menos)

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Llega Hyperlapse, porque el mundo necesitaba vídeos más estables

Natxo Medina

27 Agosto 2014 13:30

Es fácil quedarse alucinado viendo algunos planos-secuencia de la historia del cine y la televisión. Desde el inicio de Sed de Mal hasta el ya antológico tiroteo final del cuarto episodio de True Detective, un plano-secuencia largo y complejo es una vía estupenda para dar un puñetazo en la mesa y como director decir “aquí estoy yo”. Sólo tienen un problema: son difíciles y carísimos de hacer. O al menos lo eran, hasta que llegó Hyperlapse, la nueva app para iOS salida de los búnkers creativos de Instagram.

La premisa detrás de Hyperlapse es simple: tú grabas un video, y la aplicación se encarga de hacerlo estable. Después te permitirá modificar su velocidad, por si quieres compartirlo tal como se grabó, o en formato “time-lapse”, esos videos tan populares en los que todo parece moverse muy deprisa. Fácil, ¿no? Sus desarrolladores no piensan lo mismo. De hecho, llegar al producto que conocemos hoy les ha llevado varios años de trabajo.

El pulso al píxel

Todo empezó en 2010, cuando Alex Karpenko, entonces estudiante de Stanford, empezó a desarrollar Luma, una startup que estudiaba la manera de estabilizar videos hechos con el móvil. Era la época del iPhone 4, el primer móvil que pudo grabar en HD. El problema era que por mucho sensor que tuviera, el movimiento y los temblores hacían que muchos videos fueran, en palabras de Karpenko para Wired, “simple basura”.

En 2013, Karpenko había vendido Luma a Instagram y se había incorporado a la plantilla del gigante de la fotografía instantánea. Fue allí donde se reencontró con Thomas Dimson, compañero de la facultad y un loco de la película “Baraka”. Una cinta poética sobre el destino de la humanidad en la que, sorpresa, hay una tonelada de time-lapses. Ambos juntaron fuerzas para desarrollar lo que hoy es una realidad: una tecnología que permite grabaciones profesionales con la simple ayuda de un smartphone. Según Wired, el coste de esta tecnología fotográfica antes de Hyperlapse ascendía a unos 12.000 euros.

¿Qué es lo que hacía tan difícil llevar al móvil algo que en el software de edición existe desde hace años? Pues básicamente que un ordenador tiene una capacidad de procesamiento mucho mayor que cualquier teléfono. Este fue el quebradero de cabeza más importante al que se tuvieron que enfrentar los desarrolladores. Esto y cómo mantenerlo simple, una de las máximas del universo Instagramer.

Así pasó con Bolt, la aplicación de mensajería instantánea de la compañía. Bolt funciona como una especie de Snapchat para compartir fotos con los colegas. Haces una foto y con tocar un botón la compartes. Con Hyperlapse, tres cuartos de lo mismo. Haces un video, eliges la velocidad y lo compartes en redes sociales. Como dice Mike Krieger, confundador de la compañía, “cogimos una complicada idea de procesamiento de imágenes y lo acabamos reduciendo a un control deslizante. Eso es súper-Instagramer”. Un adjetivo que Krieger usa en positivo, pero que tiene doble filo.

El ruido y la maravilla

Hyperlapse es un gran éxito técnico, ¿pero cuáles serán sus consecuencias en el mundo audiovisual? Vale que un filtro vintage no te hace fotógrafo, y que un vídeo a cámara rápida no te hace director, pero el debate que esta app plantea va más allá de eso. Al igual que la aparición de los softwares de producción musical y las mezcladoras digitales transformaron el rol de los músicos y djs, el hecho de que ahora todos podamos rodar planos como el de Scorsese en el Club Copacabana inevitablemente tendrá efectos en el trabajo de los cineastas. Estaremos atentos.

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