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Realmente, ¿cómo es un votante joven de Ciudadanos?

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Hablamos con Inés Arrimadas, candidata a sustituir a Albert Rivera en Cataluña

Rafa Martí

25 Junio 2015 06:00

Inés Arrimadas tiene 33 años y me recibe en el Parlament después de una larga reunión con Albert Rivera.

Lleva una camisa naranja, pantalones ajustados y un bolso (no recuerdo si era Longchamp).

Dice que, aunque no lo parezca por su aspecto, ella es una rockera.

Sí, rockera.

Dice también que jeans rotos no se pone, pero una camiseta de los Ramones sí, y que se la puede encontrar en un concierto de Los Suaves. O también con tacones en Luz de Gas, una discoteca de la zona alta de Barcelona. Por esta razón asegura que “la ropa no define a la gente”.

Igual que la derecha y la izquierda no definen la política, según pretende mostrar su partido, Ciudadanos.

¿Su mayor referente político? Adolfo Suárez, alguien altamente gris y sin el carisma que uno podría esperar para inspirar la política del siglo XXI. Y vale que pocos políticos jóvenes tienen como referentes a los dinosaurios de la Transición, pero Arrimadas nunca ha sido una romántica de la política. Para ella, la política fue una casualidad; un encontronazo, una seducción llamada Albert Rivera, el líder de Ciudadanos.

Esta niña bien jerezana, de Derecho y ADE, no se podía quejar con su vida como consultora estratégica nada más terminada la carrera: “antes se conseguía trabajo mucho más fácil”, admite.

Un día, una amiga le dijo que iba a un acto de Rivera, que por qué no se pasaba. Ella dijo que sí, y le gustó lo que oyó. Le gustó tanto que ahora acaba de anunciar que se presenta para sustituir a Rivera en Cataluña, cuando este vaya a por la presidencia del Gobierno en España.

“Eres de derechas, ¿no?”

“No", responde. "Nosotros somos el partido de la gente normal. En mi casa nunca ha habido tradición política y personalmente nunca me ha llamado la atención, pero en esa charla me sentí identificada. Ni el fondo ni las formas me habían seducido hasta entonces”.

Andaluza afincada en Barcelona, Arrimadas ha vivido en Sevilla, Niza y en la Línea de la Concepción. Y el punch de Rivera para que dejara su carrera en la empresa privada fue el debate nacionalista en Cataluña: “Los andaluces en Cataluña parece que habíamos llegado de la otra parte del mundo y estábamos en el mismo país”. Entonces decidió hacer algo, y en un partido que, por primera vez, le llamaba la atención.

Arrimadas se define como liberal-progresista. Está a favor de la economía de libre mercado, pero muestra sensibilidad hacia los temas sociales como los desahucios, hacia los que dice ser contraria. También está a favor del matrimonio homosexual y a favor de una ley de plazos en el aborto, aunque sin dejar a las menores de 18 años decidir por ellas mismas: “La clandestinidad no es una solución”.

Y a favor también de la regulación de la prostitución, de las drogas blandas… O, al menos, de abrir el debate de lo que considera tabúes sociales. Ataca a las drogas pero cree que la mejor manera de combatirlas no es prohibiéndolas de manera tajante.

 “¿Has fumado porros alguna vez?”

Arrimadas se ríe, y dice que no puede contestar a esta pregunta.

Entonces le pregunto: “si es esto lo que ofrecéis, ¿por qué los jóvenes españoles votan a Podemos?”

Podemos ofrece un futuro con promesas que no puede cumplir. Nosotros ofrecemos a los jóvenes un futuro con un empleo digno. Yo quiero que todos tengan lo que yo he tenido: poder estudiar una carrera, trabajar y llevar una vida normal. Soy una afortunada”

"Pero, entonces, ¿piensas que la gente no es inteligente como para saber que votan promesas que no se podrán cumplir?"

“La gente sí es inteligente, pero nosotros somos quienes somos. No vamos a engañar a nadie ni a desarrollar una estrategia para convencer a determinados sectores de la población”.

Arrimadas demuestra una presencia implacable en público, al igual que otras mujeres de C's (e.g. Begoña Villacís). Es como si en Ciudadanos tuvieran un laboratorio para fabricar políticos perfectos.  Pero ella no tiene ninguna ambición personal dentro de la política y tiene claro que, cuando el partido en el que está deje de representar en lo que ella cree, no tendrá ningún problema para irse.

Aunque la casualidad la llevó a la política, ?su pasión frustrada fue la arqueología.? “Siempre había soñado con dedicarme a la arqueología, a viajar y a escribir. Si fuera megarrica, eso es lo que hubiera hecho”. Su próximo viaje será la India. Y el 27 de septiembre, al Parlament.


La ropa no define a la gente, igual que la derecha y la izquierda no definen la política



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