PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Now

Así es por dentro la purga más violenta contra el colectivo LGTBI de Indonesia

H

 

Les han tachado de ser "más peligrosos que una guerra nuclear" y de padecer "trastornos mentales". Ellos siguen soportando discriminaciones, detenciones arbitrarias y denuncias secretas por parte de vecinos

alba losada

26 Julio 2017 06:27

Getty Images

Shinta Ratri llevaba ocho años dirigiendo una escuela para mujeres transgénero en Indonesia cuando fue amenazada. A principios de 2016, un grupo de islamistas radicales le dijeron que iban a atacar su escuela de la ciudad de Yogyakarta, Al-Fatah Pesantren. A los pocos días, las autoridades locales decidieron cerrar sus puertas.

Ella no desistió. Quería preservar el lugar en el que sus alumnas, gran parte de las cuales habían vivido en la calle, leían juntas versículos del Corán. Después de la injerencia de varias organizaciones LGTBI del país y Human Rights Watch (HRW), el centro volvió a abrirse en junio.


Pero aunque las autoridades locales le han asegurado que está a salvo, el temor de ser agredida sigue pegado a su piel. "Los radicales piensan que dios crea hombres y mujeres, pero no warias – que es como también se denomina a las transgénero en Indonesia –. Creen que somos inmorales, que no somos personas. Tenemos miedo, pero ya no nos importa si vienen a por nosotras. También tenemos derecho a rezar", explica Ratri a PlayGround.

                                                                                                                                                                     Getty Images

I. El inicio de una represión sin precedentes

Años atrás, en Indonesia las personas LGTBI vivían entre la aceptación y el rechazo. Obligadas en algunas ocasiones a esconder su sexualidad, habían sufrido agresiones puntuales por parte de islamistas extremistas. Pero nunca habían sido víctimas de la purga que hoy criminaliza su sexualidad y su género.

Todo comenzó el 24 de enero de 2016, cuando el ministro de Educación, Muhhamad Nasir, anunció que iba a prohibir las organizaciones de estudiantes LGTBI en las universidades para proteger "la moral", según consta en un informe de Human Rights Wacth (HRW). Después intentó rectificarse en Twitter, pero ya era demasiado tarde.

Sus palabras fueron el detonante de mensajes discriminatorios de otros dirigentes políticos. Uno de ellos fue el ministro de Defensa, Ryamizard Ryacudu, que tachó a la comunidad LGTBI de ser más peligrosa que una "guerra nuclear". Después llegó el turno de la Asociación de Psiquiatras de Indonesia, que alegó que sus miembros padecían "trastornos mentales".


El centro para mujeres transgénero de Shinta Ratri fue cerrado después de recibir amenazas de islamistas radicales. Hoy aún teme por su seguridad

El investigador del programa LGTBI de Human Rights Watch, Knyle Right, explica a PlayGround que se desconocen las razones qué llevaron al ministro de Educación a decir lo que dijo. Aunque el activista Dédé Oetomo y Conerlius Hanung Damar, el abogado de la organización que defiende los derechos del colectivo, ASEAN SOGIE Caucaus, opinan que la actitud discriminatoria del Gobierno es parte de una estrategia política.

Es decir, que los mensajes del Partido Democrático de Indonesia (PDI-P), solo responden a un objetivo: hacerse con el electorado más conservador del país. Aunque para ello tengan que acusar a las personas LGTBI de mancillar los valores de la sociedad y discriminar a otras minorías religiosas, como el movimiento gafatar y la comunidad ahmadiyya.

Cuando el ahora presidente del país, Joko Widodo, se hizo con el cargo en 2014, se observó su mandato con buenos ojos por ser considerado una fuerza progresista. Pero desde el inicio de la purga, solo ha habido una ocasión que ha levantado la voz en defensa de la minoría sitiada en el país. "Creo que sabe que no puede controlarlo todo. Tiene miedo y también está siendo muy cuidadoso para ganar las elecciones de 2019", detalla Oetomo.

                                                                                                                                                                      Getty Images

"Somos débiles, así que somos el objetivo perfecto para esta maniobra. Dicen que somos el resultado de las influencias de occidente, que no formamos parte de nuestra cultura", lamenta Damar. Aunque, sabiendo que una de las primeras organizaciones de la comunidad en el país se fundó ya en 1982, la última premisa carece de fundamento.

II. Vecinos y amigos que controlan los pasos del otro

Hay provincias en las que la sociedad civil se ha convertido en los ojos que vigilan cualquier actitud LGTBI. La paranoia es frecuente entre vecinos y amigos. "No entiendo muy bien por qué lo hacen. Creo que algunos tienen miedo de los islamistas. Otros no entienden la situación, por lo que creen que lo que ellos predican es correcto", explica Dammar.

Una pareja de homosexuales fue recibió latigazos en público en abril por tener relaciones sexuales. Les denunciaron sus propios vecinos en la provincia de Aceh, la única del país en la que se aplica la sharia, la ley islámica. Después del castigo se mudaron de ciudad para no sufrir más agresiones, según recuerda a PlayGround Guntur – nombre ficticio –, un activista indonesio que ha preferido no revelar su identidad.

En algunas provincias del país la sociedad civil se ha convertido en los ojos que vigilan cualquier actitud que anuncie la presencia de alguien perteneciente al colectivo



Hace unos meses 141 hombres que fueron denunciados por el Frente de Defensa Islámico y posteriormente detenidos en una fiesta gay en una sauna de Yakarta, bajo la ley contra la pornografía. Pasaron dos días entre rejas. "No tiene sentido. La legislación solo avala las detenciones en lugares públicos. Pero lo hicieron", denuncia el abogado.


III. Miedo y discriminación: las dos constantes de la represión

La discriminación ha alcanzado niveles tan desorbitados que también ha llegado a alguna universidad, a la televisión y a los móviles de los indonesios. En abril de 2017, la Universidad de Andalas, situada en la ciudad de Padang, anunció que los estudiantes que solicitaran ingresar en sus facultades tendrían que rellenar un formulario asegurando que no eran parte de la comunidad LGTBI. El año pasado, la Comisión de Radiodifusión de Indonesia solicitó la prohibición de cualquier programa de televisión o de radio que promoviera las tendencias LGBTI. ¿La razón? "Proteger a los niños". También acabaron unas ochenta apps y espacios web para homosexuales.

                                                                                                                                                                     Getty Images

Siendo una transgénero que reside en Yogyakarta, Rully – ha preferido que no se publique su apellido – se ha sentido discriminada en muchos momentos de su vida pero nunca tanto como ahora. Hoy teme pisar dos veces la misma mezquita en un lapso de siete días. "No necesitamos hablar con nadie porque solo queremos comunicarnos con Dios. Pero es frustrante ver como no nos hablan o como se marchan cuando llegamos", describe a PlayGround.

Las transgéneros no cuentan con la documentación que represente la identidad con la que se identifican, por lo que la mayoría solo puede ganarse la vida en la calle. Rully lo hace cantando. Lo que la ha llevado a ser víctima de agresiones. "Una madrugada unos militantes islamistas en moto me gritaron: '¡Transgénero, estarías mejor quemada! ¡Alá es grande!'. En otra ocasión, apalearon a una amiga", recuerda Rully.

De acuerdo a HRW, la policía también ha colaborado abiertamente con los grupos radicales. Guntur recuerda detenciones arbitrarias a warias en las que han llegado a cortarles el pelo. En función de la provincia pueden ser acusadas de ser prostitutas o de estar trabajando en la calle ilegalmente. "El análisis de los abogados de derechos humanos es que la policía pretende demostrar que controla la moral de Indonesia y que no hay separación entre el Gobierno y la religión", explica Oetomo.


"Un día unos islamistas en moto me gritaron: '¡Transgénero, estarías mejor quemada! ¡Alá es grande!'. En otra ocasión, apalearon a una amiga"


Aunque el retroceso en los derechos humanos sea solo para conseguir unos cuantos votos en las próximas elecciones.

share