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Un año de Los 43: ¿por qué México mata a sus jóvenes?

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Ayotzinapa: un brutal exponente de la violencia estructural contra la juventud mexicana

Ignacio Pato

26 Septiembre 2015 06:00

Abel. Abelardo. Adán. Antonio. Benjamín. Bernardo. Carlos. César...

Parece que el horror se hubiera convertido en una especie de abecedario macabro en México.

Lógico: se hace eterno enumerar lo eterno. No hay espacio para tanto nombre, no hay lugar para tanta barbarie. Un número hace de símbolo.

43.

VER TAMBIÉN: "Los 43 de Ayotzinapa no fueron incinerados como dice el gobierno"

Existen versiones y contraversiones de lo que ocurrió en Iguala aquel 26 de septiembre de 2014. Lo que parece claro es que hubo una desaparición forzada. La desaparición forzada de personas está considerada como un crimen de lesa humanidad en el artículo 7 del Estatuto de Roma (1998) de la Corte Penal Internacional. Como tal, no prescribe.

43 estudiantes, 43 jóvenes. No es casualidad. El escritor Sergio González Rodríguez, en su recién publicado ensayo Los 43 de Iguala (Anagrama), sostiene que en México se está produciendo desde hace años una suerte de juvenicidio.

En el país viven actualmente más de 16 millones de jóvenes entre 12 y 29 años y un 44,9% de ellos, según datos del propio gobierno, son pobres. Y México es un país muy joven: una tercera parte de su población tiene menos de 29 años.

Las infraestructuras educativas, sociales y laborales son, denuncia González Rodríguez, insuficientes. Más aún, a veces parecen directamente una trampa: los jóvenes tienen mayor nivel educativo que sus padres pero seis de cada diez no tienen más ingresos que aquellos.

En no pocas ocasiones, autoridades y medios presentan a los jóvenes como potenciales criminales, se anula su posibilidad como agentes de cambio social positivo. La desigualdad, discriminación o maltrato contra la juventud a veces desemboca en episodios de violencia extrema como el de Los 43.

No es casualidad que aquella brutal acometida tuviera como objetivo a jóvenes estudiantes de una escuela del estado de Guerrero. Guerrero tampoco es casualidad.

Y Ayotzinapa tampoco lo es. La Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, donde estudiaban los jóvenes desaparecidos, fue fundada en 1926 bajo el impulso alfabetizador progresista que siguió a la Revolución Mexicana. La educación era, en la mente de políticos como José Vasconcelos, Moisés Sáenz o Lázaro Cárdenas, un derecho popular.

Jóvenes de familias humildes, o directamente pobres, se forman como futuros maestros en escuelas como esta. Tras los muros de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa se coció a fuego lento, durante décadas, un sustrato político contestatario del que hoy hablan esos propios muros. En ellos hay pintadas del Che, el Subcomandante Marcos o Lucio Cabañas.

Lucio Cabañas entró en aquella escuelita con apenas 18 años. A los 29 fundó la organización armada Partido de los Pobres en la sierra de Atoyac. El ejército lo abatió sin que llegase a los 40.

Su abuelo había luchado junto a Emiliano Zapata. Hoy, un municipio autónomo liberado por el EZLN lleva el nombre de Lucio Cabañas

Genaro Vázquez también salió de aquella escuela como maestro. Y también fundó otra guerrilla en la sierra. Antes de morir con 30 años, en un enfrentamiento con el ejército, Vázquez pasó por la cárcel de Iguala en 1968.

El 2 de octubre de aquel año se produjo en la plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco una de las peores matanzas que recuerda Occidente. A día de hoy no se sabe cuántos centenares de estudiantes murieron, prácticamente encerrados en aquella plaza, cuando el ejército abrió fuego.

Los jóvenes de Ayotzinapa tenían planeado dirigirse a la concentración que cada año recuerda a los jóvenes de Tlatelolco.

Jóvenes. Como los que en 1971, tres años después de la masacre de Tlatelolco y también en el DF, fueron atacados por el grupo de extrema derecha Los Halcones. El presidente Echeverría dijo que "no hubo muertos".

Sí los hubo. Al menos 22. Nunca nadie fue juzgado por ello.

Vidas. Números. Cifras. Guerrero es el tercer estado más pobre del país, después de Chiapas y Oaxaca, los tres al sur de la capital. Un 65% de los guerrerenses son pobres. Si hablamos de jóvenes, este sombrío círculo se cierra: un 70,2% de la población de Guerrero menor de 29 años es pobre.

De media un 46,2% de los casi 120 millones de mexicanos que viven en el país lo hacen en la pobreza.

Las estadísticas del propio gobierno contaron en 2014 dos millones más de pobres que dos años atrás.  México avanza a una velocidad de un millón de pobres por año.

Cifras. Números. Vidas.

La historia mexicana del último medio siglo parece un laberinto en el que siempre pierden los mismos. Y además muy temprano.


Abel. Abelardo. Adán. Antonio. Benjamín. Bernardo. Carlos. César...



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