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Esto es lo que pasa cuando enseñas un póster de IKEA a un aficionado al arte contemporáneo

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Vaya troleo

Luis M. Rodríguez

25 Marzo 2015 06:00

Primavera de 1917. Marcel Duchamp observa un urinario de porcelana blanca desde diferentes ángulos. Lo inclina 90° con respecto a su posición normal de uso, lo firma con el seudónimo de R. Mutt y lo manda a la Sociedad de Artistas Independientes para que sea incluido en su exposición anual. Aquella "escultura", cuya autoría además no corresponde a Duchamp, cambió el curso del arte para siempre.

Después de La Fuente llegarían Manzoni y su Merda d'artista, Andy Warhol y sus latas de sopa, Damien Hirst y su Pharmacy, o Tracey Emin y su instalación My Bed. Obras polémicas y carísimas que nos recuerdan, una vez más, que la "obra de arte" la define el artista que la presenta, y que su valor es aquel que alguien esté dispuesto a pagar. No hay más.

Los bromistas de la agencia LifeHunters tiran ahora de ese hilo con un experimento social que explora la manera en la que percibimos y valoramos el arte en función de su contexto.

La idea es simple: colocar una lámina comprada por 10 euros en IKEA en mitad del prestigioso Museo de Arte Moderno de Arnhem, en los Países Bajos, y pedir a diversos aficionados y "expertos en arte" que opinen sobre la obra, atribuida a un tal IKE Andrews. ¿Te suena?

El resultado ya te lo puedes imaginar: risas a granel.

"Si pudiera comprarla por 2.5 millones de euros, lo haría".

Si el mundo fuera claro, el arte no existiría

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