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En Holanda hay tan pocos criminales que están teniendo que cerrar sus cárceles

En solo 8 años han cerrado 32 prisiones. Ante la escasez de presos, el Gobierno holandés está dando nuevos usos sociales a sus celdas

En Holanda hay tan pocos presos que el país tiene que enfrentarse al hecho de que sus cárceles están quedándose vacías. La escasez de criminales ha obligado a las autoridades a buscar soluciones para no tener que cerrarlas y condenarlas a convertirse en esqueletos ruinosos.

En tiempos recientes, los cierres de cárceles se han vuelto comunes en el país de los tulipanes. En los últimos 8 años, hasta 32 prisiones han dejado de funcionar como tal en Holanda. Solo en 2016 el Gobierno dio cerrojazo a 5 prisiones.

Esa situación de escasez de reclusos responde a la combinación de tres factores fundamentales. En primer lugar, una aproximación pragmática a la hora de aplicar la ley que prefiere la rehabilitación a la encarcelación. Luego está el hecho de que la tasa de criminalidad lleva años cayendo de manera sostenida, a razón de un 0,9% cada ejercicio. El tercero de los factores es que los crímenes graves y la reincidencia son cada vez menos frecuentes, lo que ha llevado a los jueces a imponer condenas más cortas que tiempo atrás. Suma esos tres factores y lo que queda son cárceles vacías. O lo que es lo mismo: espacios de privación que se ven liberados de su carga y pasan a estar disponibles para usos mucho más constructivos.

Aunque la falta de delincuentes también tiene sus peros en forma de pregunta: ¿Qué pasará con los 2.600 guardias de prisión que antes los custodiaban?

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