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Héroes inesperados en la cadena de montaje: los rostros de una lucha

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El fotógrafo Jesús G. Pastor acompañó durante meses a la plantilla de Panrico, en Barcelona, e inmortalizó una lucha que no desaparece con una resolución judicial

Alba Muñoz

20 Junio 2014 11:25

El 13 de octubre de 2013 la plantilla trabajadores de Panrico en Barcelona decidió empezar una huelga indefinida. El objetivo: evitar 745 despidos previstos en el ERE. Bloquearon la fábrica día y noche durante ocho meses. En mayo de este año la Audiencia Nacional anuló 156 de esos despidos y consideró legales 589. La protesta terminó.

Estas fechas y cifras nos hablan de la huelga más larga de esta crisis en España, pero no de lo que la protesta ha supuesto en la vida de aquellos que decidieron mantenerla a toda costa durante 244 días. El fotógrafo Jesús G. Pastor pasó muchas jornadas junto a los trabajadores de Panrico en la planta de Santa Perpètua de Mogoda. Oyó conversaciones, presenció discusiones, dudas, momentos de tensión.

Con el tiempo, los huelguistas aceptaron que Jesús inmortalizara sus rostros cansados y le brindaron una media sonrisa extraña. “Muchos empezaron en la fábrica con 16 años y ahí seguían, 20, 30, 40 años después, en la misma cadena de montaje, en el mismo almacén, en el mismo camión. Personas con lesiones crónicas causadas por décadas de movimientos repetitivos que, al hablar de los Donuts, utilizan la primera persona porque los sienten suyos”, explica Jesús.

El Donut, un producto financiero

Carlos Gila, el directivo que propuso la reestructuración de la plantilla, dijo que lo hacía “por la crisis”. Pero la historia de esta empresa familiar es un caso de manual de lo que se conoce como burbuja especulativa, que no fue sólo cosa de bancos e inmobiliarias: “No hubo ningún sector que se mantuviese al margen de esa locura por crecer deprisa y convertir bienes tangibles (tan tangible como un donut) en productos financieros”, escribía Isaac Rosa al inicio de la huelga. Mientras que las pérdidas millonarias daban vía libre para ejecutar varios ERE y recortes salariales, algunos directivos se subían el sueldo hasta un 67%.

Tras meses presenciando el pulso, Jesús sintió que los retratos no reflejaban todo lo que estaba ocurriendo en aquella ciudad apartada y vertebrada por el tejido industrial. Empezó a usar la grabadora, a registrar los cantos, consignas y declaraciones que, escuchadas con retraso, contienen una emoción extraña, la energía incomprensible de las medias sonrisas: “No es normal que con la crisis que hay aguantemos lo que estamos aguantando [...] Lo que no pensaban es que fuéramos a resistir tanto”, dice una voz de hombre.

“Asambleas, manifestaciones y cargas policiales, fe en la justicia y ateísmo institucional, confianza en los sindicatos y decepciones constantes, lealtades y puñaladas entre compañeros, una caja de resistencia para suplir la ausencia de ingresos, ánimo para resistir y ansiedad por no saber nunca hasta cuándo, qué día llegaría la muerte o la resurrección”, escribía Jesús en su blog.

La cicatriz de la lucha

Coca-Cola planteó el despido de 1.200 personas pero su ERE fue anulado por la justicia, Tragsa prescindirá de más de 1.000 trabajadores, Hewlett Packard despedirá un 65% de su plantilla. Los conflictos laborales se multiplican por todo el estado, pero, en muchos casos, parecen desvanecerse tras sucesivas resoluciones judiciales. Pero, ¿qué permanece de ellos?: “Son cientos de personas, con grados de implicación muy distintos, los hubo que estuvieron a pie de fábrica desde el primer día y también los que se quedaron en casa y aparecían en las asambleas para votar... del primer grupo, que es el que conozco algo mejor, casi todos creen haber hecho todo lo posible. Y si quedará algo en su memoria, más allá de la ilusión inicial y la desilusión final, será el aprendizaje y los nuevos vínculos construidos durante 8 meses de sueños y convivencia intensa”.

Puede que los trabajadores de Panrico no consiguieran la anulación del ERE impuesto por la directiva, pero sí evitaron algunos despidos. Demostraron que el trabajo, el tiempo, la vida que se queda impregnada en esos asientos de camión o en esos puestos de la cadena de montaje no desaparece, no es temporal: "Tal vez por eso gritaron todo este tiempo 'Panrico somos todos'; porque Panrico son ellos y somos nosotros, es España, es Portugal, es Grecia. Porque antes un contrato indefinido era de por vida y ahora los contratos son por horas. Porque el modelo cambia regresivamente, está aplastando a millones de personas y, luchando por sus derechos, luchaban por los de todos", explica Jesús, quien cita a John Berger: “Algunos luchan porque odian aquello a lo que se enfrentan; otros porque ponen a prueba su vida y desean dar sentido a su existencia. Estos últimos suelen ser más pertinaces en la lucha”.

Retratos Panrico Jesus G Pastor

Retratos Panrico Jesus G Pastor

Retratos Panrico Jesus G Pastor

Retratos Panrico Jesus G Pastor

Retratos Panrico Jesus G Pastor

Retratos Panrico Jesus G Pastor

Retratos Panrico Jesus G Pastor

Retratos Panrico Jesus G Pastor

Retratos Panrico Jesus G Pastor

Retratos Panrico Jesus G Pastor

Retratos Panrico Jesus G Pastor

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