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Hacking urbano: vivir en un contenedor no es tan malo como piensas

Un matrimonio de Brooklyn construye su casa reciclando containers de mercancías

Conforme la vida en las grandes ciudades se encarece y se vuelve más compleja, el problema de la vivienda se vuelve más y más acuciante. Las soluciones a este pueden y deben venir de un replanteamiento de los recursos con los que contamos, así como de una nueva mirada a las posibilidades de la vida en el entorno urbano. Michele Bertomen y David Boyle deben de saber mucho de este asunto después de completar con éxito un proyecto que les ha llevado siete años y un buen puñado de disgustos y dolores de cabeza: construir la casa donde viven a partir de contenedores de carga. Y no una casa cualquiera, sino un verdadero edificio de tres plantas encajado en un solar neoyorkino.

Ante el altísimo coste de una construcción tradicional (unos 300.000 dolares sólo las estructuras básicas, según los cálculos que les facilitaron), el matrimonio, inspirado por los alumnos de Michele, decidió probar un ataque por el flanco. Comprar los contenedores y ponerlos en su lugar les costó poco más de 50.000 dólares. A partir de ahí, el resto fue cuestión de trabajar el diseño y resolver los problemas técnicos que hicieran la vivienda habitable. Sin embargo, el matrimonio todavía se tendría que enfrentar a un problema mayor: la ley.

Aunque los proyectos de vivienda llevados a cabo con esta técnica vienen siendo cada vez más numerosos (sólo hay que hacer una consulta en la red y ver la cantidad de ejemplos que existen repartidos por el mundo), es cierto que su encaje en pleno corazón de una macropolis densa y poblada como Nueva York lo convierte en un caso de estudio particular. Como la pareja cuenta en el video más abajo, las normativas urbanas les jugaron a la contra. En ciudades grandes, en las que hay que atender cantidad de casos de habitabilidad distintos, la normativa suele ser poco benévola con lo informal. Y a veces tener una idea fantástica, por mucho que sea completamente realizable, choca contra el muro de la normalización.

Para poner trabas a este tipo de proyectos suele usarse como argumento la sacrosanta seguridad ciudadana, aunque normalmente la realidad nos da indicios de que lo que no suele gustar es la misma idea de que alguien sea capaz de construirse una vivienda digna con sus propias manos. Por ello, aunque el solar fue adquirido en 2005 y las primeras versiones de la idea empezaron a coger cuerpo en 2008, no ha sido hasta el 2012 que la pareja consiguió los permisos necesarios para instalarse en una vivienda a la que ahora ya se están planteando maneras de sacar partido.

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