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Guía definitiva para malas feministas

Roxane Gay publica este mes 'Bad Feminist' un conjunto de ensayos ácidos sobre el feminismo en la cultura moderna

«Mi definición favorita de feminismo me la dio Su, una mujer australiana que al ser entrevistada por Kathy Bail en 1996 para la antología Feminismo, DIY, lo describió simplemente como mujeres que no quieren ser tratadas como la mierda.» En 2012, la escritora y agitadora cultural norteamericana Roxane Gay publicó en VQR una pieza ensayística titulada Bad Feminist en donde sentaba las bases de su manera de pensar, tratar y promover el feminismo. La cita que se puede leer más arriba es la que abre ese texto. Una pieza que, ahora, da título a su nuevo libro de ensayos, cuyo lanzamiento en el mundo anglosajón está previsto para mañana por el sello editorial Harper Collins.

En un 2014 dominado por el debate sobre el feminismo, podría parecer que este libro es una sólo una vuelta de tuerca más, o incluso un ejercicio oportunista. Sin embargo Bad Feminist promete ser todo lo contrario, pues casi por primera vez llega a nuestras librerías un relato auto-crítico y consciente del papel de la mujer —y de su relación con los hombres y con las demás mujeres— en nuestros días, a través de su propia experiencia, de las dinámicas políticas recientes y sobre todo de la farándula de la cultura pop que nos domina.

¿Debemos sentirnos mal por amar el color rosa?

Roxane Gay no tiene miedo a decir las cosas tal y como las ve: para ella vivimos en un mundo apasionante, lleno de distracciones que nos gustan y que nos obsesionan, incluso si van en contra de nuestros principios. A ella le gusta la música rap, aunque es consciente de los clichés sexistas en los que muchos de sus autores inciden. También le gusta el cine absurdo, engancharse a series como Girls e incluso leer la revista Vogue.

Que disfrute de todos estos productos culturales no significa que esté ciega. De hecho, aquel artículo de VGR en el que se aproximó por primera vez a la idea de mal feminismo, ya ponía su atención en un artículo de la famosa revista de moda. En él, un puñado de autores famosos aparecían disfrazados de escritores clásicos, pero, sin embargo, la persona que caracterizó su escritora preferida, Edith Wharton, era una modelo. En este punto, Gay se dio cuenta de que algo estaba funcionando mal. ¿Por qué en el reportaje aparecen firmas como Junot Díaz o Jeffrey Eugenides, pero absolutamente ninguna escritora? Un ejemplo de machismo, este, que le llevó a detestar la idea de que a ella en realidad le gustaran las revistas de moda.

¿Entonces, qué es ser una “mala feminista”?

Roxane Gay

Posiblemente fueran contradicciones como esta la que le llevaran a ser una “mala feminista”. O quizá se tratara de algo mucho más sencillo, y es que el feminismo, como la humanidad, y como la vida, es imperfecto. En las primeras páginas de Bad Feminist, Gay insiste en esta idea de imperfección. Reconoce que antes nunca se sintió feminista, porque históricamente este movimiento estaba asociado a mujeres blancas, heterosexuales y con cierto bagaje cultural a sus espaldas. Lo que a ella le preocupa en este sentido, es delimitar un modo de actuar ante los racismos, las desigualdades sociales y los sexismos a los que día a día debemos enfrentarnos, y de los que, por desgracia, la propia autora ha sido víctima.

Hace unos meses, las jovencísimas Tavi Gevinson y Lorde discutían en Rookie Mag si acaso una mujer de nuestro tiempo debería definirse o no como feminista, ya que se supone que eso es algo que tiene que ir ligado a nosotras desde nuestro nacimiento. Las ideas de Gay en este conjunto de ensayos van por un camino parecido al de las dos estrellas adolescentes, y es que para ella lo más importante es mantener un equilibrio entre su personalidad y su posicionamiento político. Ser una “mala feminista”, entonces, consiste en conocer la historia, pero también en no dejar a un lado nuestra naturalidad: «estoy llena de contradicciones», escribe, «pero tampoco quiero ser tratada como la mierda. Por eso, creo, soy una mala feminista. Prefiero ser eso que una feminista de verdad.»

Al final, lo que importa es saber utilizar nuestras armas

Roxane Gay utiliza ejemplos de la cultura pop y de su propia vida para poder hablar del aborto, de la maternidad, del acoso sexual, de la igualdad de salarios, de los mitos sobre la amistad entre mujeres, de la reciente literatura escrita por ellas, de las misoginia en el mundo del espectáculo, etcétera. Con mucho humor, pero lejos de parecerse a superventas lights con los que se le podría comparar, como por ejemplo Cómo ser mujer de Caitlin Moran, Gay pone sobre la mesa varias cuestiones fundamentales: que no debemos avergonzarnos de llamarnos feministas, y sobre todo, que no debemos avergonzarnos de sentir que lo estamos haciendo mal.

Porque a veces mirar desde esa distancia y desde esa honestidad, nos ayuda a ver las cosas más claras; a sujetar con mucha más fuerza nuestras afiladas armas.

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