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Guía básica para okupar un edificio

Repasamos algunas claves que están definiendo la cultura de la okupación con sus protagonistas

“No hacemos nada que no hagan los bancos: ellos entran a okupar la vivienda de una familia y nosotros okupamos sus edificios vacíos [los del banco]”. Quien así se defiende es una de las personas que habita en una conocida casa okupada en Madrid. Él, junto con otras veinte personas, vive desde hace dos años en un edificio propiedad de una entidad que lleva vacío al menos cinco años. No solo eso, quienes lo habitaban hace un lustro eran también okupas.

En su casa, un pequeño estudio con luz —de la que dispone después de haberse pinchado a otro edificio—, agua y wifi, guarda dos palancas de hierro que usan él y sus compañeros para okupar otras viviendas. También dispone de una cerradura que utiliza en cursos para enseñar a otras personas a abrirlas desde fuera.

Esta persona, que prefiere mantenerse en el anonimato por cuestiones de seguridad, vive en Madrid desde hace cinco años y siempre lo ha hecho como okupa. Para él, se trata de una cuestión política. Si los bancos que desahucian tienen un incontable número de propiedades vacías con las que especulan, entonces cabe preguntarse: ¿Por qué formar parte de esa especulación en lugar de utilizar lo que ya existe? “Hay que okupar”, dice convencido.

Este tipo de okupación, la que él practica, es la habitual, la conocida hasta ahora, la de un movimiento que comenzó hace ya muchos años. Su postura, la recogida por ejemplo en Okupa tu también, “no pasa por la reivindicación de mejoras en las condiciones de acceso a la vivienda o la intervención de los poderes públicos para obtener ayudas o regulación del mercado inmobiliario”. “Las oficinas de okupación pretenden difundir esta práctica como herramienta revolucionaria que permita a las personas proporcionarse por sus propios medios un lugar digno donde vivir y desarrollar proyectos que partan de la autogestión, demostrando así a los poderosos que no les necesitamos”, añaden.

Hay, sin embargo, otra corriente de okupación que recientemente se está extendiendo: la de las familias desahuciadas que buscan un lugar para habitar. Son, por ejemplo, las que protagonizan las okupaciones de la Obra Social de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y de la Asamblea de Vivienda Centro de Madrid, que reúne a varias ágoras de vivienda nacidas tras el 15M. El último edificio okupado es un inmueble perteneciente a CaixaBank en el barrio de Malasaña, en Madrid.

¿En qué radica la diferencia entre esta okupación y, por ejemplo, la del inmueble en el que vive la persona que abre este artículo? Mientras este último hace referencia a motivos políticos para no negociar con el banco, los inquilinos que okupan en el contexto de la Obra Social de la PAH o de la Asamblea de Vivienda Centro sí tratan de llegar a un acuerdo de alquiler social con la entidad.

Alfonso, miembro de la Oficina de Vivienda de Madrid, lo explica. “Nosotros buscamos negociar para así encontrar una salida que estabilice la situación de los vecinos”. Asegura que el hecho de okupar siempre lleva implícita la posibilidad del desalojo, por lo que en su caso, ya que muchos vecinos son incluso familias con niños pequeños, prefieren no tener que hacer frente a esa probabilidad, “siempre desde unas cifras que puedan asumir los vecinos”.

Para saber qué edificio okupar o no, explica el inquilino de la casa okupada, lo primero es conocer el tiempo que lleva vacío. En el caso de la obra social, de hecho, se centran en los inmuebles del banco malo, o Sareb (Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria), ya que es fácil intuir que aquellos que venden no están habitados. Según Alfonso, además, son edificios que todos hemos pagado. “Tú a La Caixa la rescatas con dinero público, así que en definitiva nosotros deberíamos ser propietarios de esos inmuebles”.

Estas okupaciones, las llamadas de obra social, suelen ser llevadas a cabo por los que luego serán vecinos. “Se busca que ellos sean los que capitalicen el proceso”, cuenta Alfonso. Así, añade, “se les da protagonismo”. No dejan de contar nunca, sin embargo, con el apoyo de las asambleas.

Una vez que se ha escogido la vivienda, se idea un plan de entrada y, después de que todos los futuros inquilinos hayan accedido a la misma, se toma posesión del edificio. Se produce en este punto una nueva diferencia entre la ocupación practicada y más conocida hasta ahora, y esta última de las personas afectadas por la hipoteca. Mientras en el primer supuesto se toma posesión de la vivienda, se solucionan los asuntos relacionados con el agua o la luz y se mora ( aquí presentan un manual para okupar), en el segundo supuesto se inicia un proceso de visibilización. “Se anuncia que está okupado y se fomenta la negociación de un alquiler social”, relata Alfonso.

Pregunto al vecino de la casa okupada si no es cansado habitar un lugar sabiendo que en algún momento el propietario, en su caso una entidad bancaria, puede presentar una denuncia y provocar su desalojo. "No", responde. Entiende que lo que hacen es lo mismo que antes hizo el banco, y ahí sigue. "Lo que hacemos es lo justo", afirma.

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