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Del enfado a la acción: hablamos con las voces de la nueva política

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"Ahora siento que puedo incidir en la realidad, no soy un mero espectador"

Natxo Medina

17 Diciembre 2014 06:00

Ilustración de DP Sullivan

“Mi experiencia política directa es nula. En la universidad tuve colegas que sí militaban en partidos de izquierda, pero aunque tenía afinidad con esas personas y su ideario, la disciplina de partido me producía un rechazo total. Nunca llegué afiliarme”. Al habla Joan Manel, un vecino de 31 años del barrio barcelonés de Sants que trabaja como taxista. Desde hace unos meses también colabora con Guanyem, la joven formación política que aspira a ganar las próximas elecciones municipales de la ciudad.

Él es uno de los muchos ejemplos que confirman el rumor: algo está cambiando en el corazón de nuestra vida política y sobre todo en el corazón de las personas que le dan forma. Y está sucediendo a velocidad de vértigo.

El goteo de gente que se involucra en estos esfuerzos colectivo es constante. Muchos de ellos son ciudadanos corrientes que han decidido por primera vez dar el paso e involucrarse en política, empujados por una situación general de descontento y en muchos casos motivados por la chispa que supuso el 15-M con sus posteriores ecos. Esta nueva politización viene desde abajo, surge de una posición de resistencia y no ve con buenos ojos las viejas jerarquías.

He aquí algunas de sus (muchas) voces.

15-M reloaded

Domingo es odontólogo, tiene 37 años, hace ilustraciones y colabora en el equipo de tesorería de Guanyem. Para él, 2011 fue una fecha clave: “Antes del 15-M sentía simpatía por las iniciativas sociales, pero sin pasar a la acción. Hubo entonces un punto de inflexión”. Algo similar le sucedió a Luchino, un jóven comunicólogo. Aparte de terminar su doctorado, Luchino participa en el grupo de análisis de datos: “Mi experiencia previa en temas políticos era sólo de lectura y estudio, casi nada participativa. Con el 15-M, mi interés en la actividad política comenzó a despertarse”.

La energía de aquellos días permanece ahora viva en estas nuevas organizaciones, convencidas de la necesidad de reinventar la manera de hacer política. Más allá de siglas o nombres propios, la premisa fundamental es más y mejor democracia, y una apuesta por las decisiones tomadas entre muchos. El caso de Guanyem es paradigmático de esta mutación hacia otras formas de organizarse.

Gina, que es economista de formación, tiene bastante experiencia previa en organizaciones sindicales. Sin embargo, admite que al principio las fórmulas asamblearias le chocaban. “Estoy acostumbrada a formas de organización más tradicionales donde los roles están prefijados, lo cual da agilidad a la toma de algunas decisiones y es más productivo a corto plazo", cuenta. "Pero a la vez, esta manera de organizarse da aire a formas nuevas y permite escuchar todas las voces. Solo desde esa libertad sin filtros pueden emerger propuestas realmente innovadoras”.


"Estamos aquí porque creemos en la inteligencia colectiva"



Son estas propuestas que, además, pueden venir de cualquier parte. Al entrar en el grupo de logística con el que colabora, Joan Manel no esperaba poder aportar demasiado más allá de ofrecer su tiempo y ganas. La experiencia le enseñó que “si expones una propuesta bien fundamentada y te muestras dispuesto a hacerte responsable de su realización, es posible que te hagan caso. Eso me chocó mucho con la imagen que yo tenía previamente del activismo político. Creía que unos pocos piensan y ordenan, mientras el resto opta por obedecer o irse”.

Eunate, que participa en la comisión de comunicación y es periodista de profesión, precisa: “estamos aquí porque creemos en la inteligencia colectiva”. Un concepto tan difuso como potente que aspira a difuminar barreras generacionales, de clase o género para hacer prevalecer la construcción de un bien común. Frente a los gastados conceptos de privado o público, la confianza en lo que nos pertenece a todos.

El principal reto de estas nuevas organizaciones está en cómo canalizar esa energía para crear estructuras humanas y políticas que puedan competir contra organizaciones perfectamente engrasadas, con un aparato mediático y unos recursos económicos muy superiores a los que ellos pueden soñar con tener. Pero, ¿cómo se hace semejante cosa?


Una forma común de mirar al horizonte

Luchino, Gina, Eunate, Domingo y Joan Manel

En los últimos tiempos se ha hablado mucho sobre cómo los nuevos partidos utilizan las redes sociales. Sin embargo, no es tan frecuente aludir al hecho de que en realidad es el trabajo cotidiano y compartido lo que les da entidad. Ellos son personas más o menos anónimas con un lazo en común: ser ciudadanos con ganas de transformarlo todo. Como tal, trabajan de manera voluntaria a base de ganas e ilusión. Saben que se juegan mucho.

Eunate, quien combina sus tareas en el partido con un doctorado y el desempeño de su profesión, lo explica así: “muchas de las personas que colaboran están en la misma situación que yo, dividiendo su tiempo entre reuniones, familia, trabajo, estudios, etc. No somos profesionales de la política y eso puede tener sus puntos negativos, pero también nos impulsa a mejorar cada día".

Ciertamente, el proceso no es siempre grato: se cometen errores, ciertas tareas se hacen imposibles, y no siempre se sabe para dónde tirar. Pero esta mezcla inseparable de política y vida en la que de pronto se ven inmersos les proporciona una primera recompensa fundamental: entender que el cambio político empieza en uno mismo.

Joan Manel lo resume de esta manera: “Yo antes, ya fuese en el taxi o en mi entorno, me limitaba a criticar y a quejarme de lo mal montado que está todo en este país. Ahora añado también que en nuestra mano está arreglarlo”. Domingo comparte esta visión y comenta que su perspectiva también ha cambiado. "Ahora siento que puedo incidir en la realidad, no soy un mero espectador. Tengo más recursos para actuar”.

El clima político agresivo y vertical en el que crecieron obliga a todos a guardar cierta prudencia de cara al futuro. Gina comenta que al menos espera "que sepamos dar respuestas y transmitir que es posible que las cosas funcionen mejor". Sin embargo, en sus voces se detecta un orgullo poco disimulado. Más allá del partido al que uno pertenezca, subyacen el ímpetu humano y la imperiosa necesidad de devolverle la luz a una realidad que en los últimos tiempos se ha oscurecido.

A partir de ahí, todo es posible. Está por ver si, como espera Luchino, este proceso todavía convulso y en gestación se convierte en “el puntapié inicial —el comienzo del comienzo— de aquello que llamamos la 'nueva política', es decir, la política hecha por y para los ciudadanos". La mecha está prendida y parece que ya no es posible la vuelta atrás. Al fin y al cabo, "si llegamos hasta acá, ¿cómo nos vamos a bajar del barco ahora?


"El cambio político empieza en uno mismo"



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