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Gritó tan fuerte en mitad de un concierto que sus pulmones colapsaron

Los médicos aseguran que nunca antes habían visto nada parecido

Getty

Días y noches haciendo cola frente al estadio o el estudio de turno, gritos, desmayos, carreras, histeria... El pop no se entiende sin el fenómeno fan. Cada generación tiene a su Elvis, a sus Beatles, a sus Backstreet Boys, a sus Take That. Y la última sensación entre las adolescentes de medio mundo son, o fueron, One Direction. El suceso que nos ocupa sucedió hace ya un par de años en uno de los conciertos de la 'boyband' británica, pero es ahora cuando se ha dado a conocer convertido en caso de estudio de interés para los profesionales de la medicina de emergencia.

La cosa fue más o menos así. Toca viajar hasta Dallas, Texas. La gira de One Direction pasa por la ciudad y Jennie (nombre inventado) no piensa perdérselo. Convence a su madre para que la acompañe y allí se planta, a sus 16 años, dispuesta a robarle una mirada a Harry Styles desde las primeras filas.

Jennie se pasa el concierto gritando y cantando como otros varios miles de chicas de su edad. Se lo pasa teta y vuelve a casa satisfecha. Ha sido una de las mejores noches de su vida, piensa.

Pero a la mañana siguiente algo va mal.

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Jennie tiene dificultades para respirar. Cuando intenta llenar los pulmones, siente que le falta el aire. Pasan las horas y la sensación de insuficiencia respiratoria no se va. Los padres deciden llevar a la niña al hospital. Más vale prevenir que curar.

Al llegar a la unidad de urgencias del hospital, los médicos comienzan con su chequeo. Jennie no siente dolor ninguno ni en pecho ni en espalda. La historia médica de la niña no refleja ningún problema previo a nivel respiratorio o pulmonar, ni siquiera una simple bronquitis. En la auscultación no escuchan ningún sonido raro. Sin embargo, durante la examinación física, el doctor nota algo inusual.

Cuando palpa y presiona con sus dedos en la zona del pecho y la parte frontal de la base del cuello, algo suena bajo la piel, una especie de crack. Es lo que en términos médicos se conoce como 'crepitus' o crépito, señal de la presencia de aire en los tejidos subcutáneos. Aire que no debería estar ahí.

Una radiografía posterior confirma que, efectivamente, hay aire en los lugares equivocados. Lugares, en plural. También lo detectan en la zona del cuello, detrás de la faringe, y en la cavidad pectoral.

Además de eso, en la radiografía ambos pulmones aparecen ligeramente hundidos, colapsados, deformados por efecto del aire que ha quedado atrapado entre la pared torácica y el pulmón.

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Los médicos recopilan todo lo observado y emiten un triple diagnóstico: Jennie sufre n eumotórax (la entrada anómala de aire en el espacio interpleural), neumomediastino (entrada de aire en el mediastino) y enfisema retrofaríngeo (la presencia de aire en el espacio prevertebral, extendiéndose desde la base del cráneo hasta la cuarta vértebra torácica).

Si uno hace una búsqueda rápida de esos diagnósticos, si googlea sobre sus causas, se encontrará con expresiones como “rotura de tráquea”, “fosa supraesternal”, “perforación en la caja torácica”, “impactación de un cuerpo extraño” o “infecciones profundas de cuello”. Y si atendemos a los pronósticos veremos de todo, desde frases tranquilizantes como “no supone un gran riesgo” a “un neumotórax a tensión puede ser fatal en muy poco tiempo” o “su hallazgo obliga a la realización de un diagnóstico de exclusión, ya que puede ser el primer signo de una afección potencialmente grave”.

Ninguna de las causas comunes encajaba con Jennie. La cosa se volvió aún más extraña cuando el equipo médico realizó una tomografía de tórax con el objetivo de encontrar el punto o los puntos del tracto respiratorio que habían facilitado esa fuga de aire. No encontraron nada. Ni perforaciones ni desgarros apreciables. ¿Qué había pasado?

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Para los médicos, solo cabe una explicación: en algún lugar del tracto respiratorio de Jennie existe algún pequeñísimo boquete que se abre cuando se aplica suficiente fuerza y se cierra inmediatamente después. Fuerza como la que habría aplicado la noche anterior al gritar a pleno pulmón en el concierto de su banda favorita. Detrás de aquella urgencia hospitalaria estaba su fervor de fan.

Por suerte, todo acabó en susto y sorpresa. El cuadro de Jennie no suponía ningún riesgo para su vida. Los médicos le facilitaron oxígeno para ayudar a que sus pulmones recuperaran su forma y tamaño normal y la mantuvieron en observación durante varias horas. Al día siguiente pudo regresar a su casa.

De acuerdo a la investigación de los médicos que atendieron la urgencia, solo existe un único caso previo documentado de una persona que acabó con aire alojado en su cuello de forma espontánea. También una mujer, y en su caso le sucedió cantando. Mucha pasión debió poner.

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