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13.000 personas han sido ejecutadas en secreto por el Gobierno sirio, según Amnistía Internacional

Un informe de AI acusa a Siria de ejecutar a miles de personas en una prisión convertida en "matadero humano"

El Gobierno sirio ha ejecutado a miles de opositores en una prisión militar secreta después de torturarles y abusar de ellos. Así lo denuncia un informe elaborado por Amnistía Internacional que ha tenido acceso a testimonios de 84 testigos, entre ellos guardias del centro, expresos y jueces.

Durante cinco años, en la prisión Saydnaya, situada a pocos kilómetros de la ciudad de Damasco, entre 5.000 y 13.000 personas fueron ahorcadas en absoluto secreto y en medio de la noche. La mayoría de las víctimas eran civiles, presuntos opositores al gobierno del presidente Bashar al Assad.

A los recién detenidos, los guardias les daban "una fiesta de bienvenida" nada más entrar en la prisión. "Le tiran al suelo y utilizan distintos instrumentos para los golpes: cables eléctricos con alambre de cobre expuesto en sus terminaciones, o el 'cinturón del ataque', hecho de neumáticos que ha sido cortado en tiras", explica uno de los expresos en el informe. "Todo lo que ves es sangre: tu propia sangre, la sangre de los otros".

Además de los golpes, los prisioneros fueron torturados psicológicamente, privados de alimentos y agua, y forzados a abusar sexualmente de otros reclusos.

Uno de los detenidos, que utilizó el pseudónimo de Jamal, le contó a Amnistía: "Recuerdo que estábamos acostados mirando al techo durante horas y horas. Había un pedazo de techo que cayó y uno de nuestros compañeros de celda fue corriendo hacia él. Empezó a comérselo. Pensó que era pan. Él había sido uno de los hombres más educados y refinados de Damasco".

Vista aérea de la prisión Saydnaya.

Amnistía Internacional, que ha acusado al Gobierno de llevar a cabo una "política de exterminio", ha recogido testimonios de oficiales del ejército que trabajaban en la prisión y que aseguran haber escuchado, a diario, el "borboteo" de las personas ahorcadas.

" Si ponías la oreja en el suelo, se podía oír el sonido de una especie de gorgoteo", ha relatado Hamid, uno de los detenidos. "Dormíamos encima del sonido de la gente que se asfixiaba hasta la muerte. Era normal para mí entonces".

Los testigos entrevistados por Amnistía han denunciado torturas, palizas, violaciones y privación de alimentos y agua a los detenidos que en su mayoría eran civiles.

Los testigos afirman en el informe que una o dos veces a la semana se ejecutaba a entre 20 y 50 personas después de juicios que eran una absoluta farsa. Cuando aparecían ante la corte, esta les declaraba culpables en apenas unos minutos, a menudo con evidencias procedentes de confesiones hechas bajo tortura. Esas confesiones eran luego firmadas por el gran muftí de Siria, el ministro de Defensa o el jefe del Estado Mayor del Ejército.

Una vez ejecutados, sus cuerpos eran trasladados a hospitales militares en los que se registraba que la causa de su muerte había sido un trastorno respiratorio o insuficiencia cardíaca. De esta forma, el Gobierno sirio pretendía darle una justificación a las ejecuciones.

A pesar de la denuncia de AI, es probable que las torturas de la prisión de Saydnaya sigan produciéndose incluso en estos momentos, ya que el centro sigue en funcionamiento.

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