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Gloving, la subcultura raver que quiere ser deporte

EmazingLights se hace de oro gracias a una práctica que triunfa en la escena EDM y que aspira a convertirse en tendencia global

Música electrónica, oscuridad, guantes, LEDs y agilidad gestual. Esto es todo lo necesario para practicar gloving, el nuevo "deporte" que está empezando a mover millones de dólares en Estados Unidos.

El origen del gloving hay que buscarlo a principios de la década pasada en las raves del sur de California.

La cosa nació alrededor de la fiesta hedonista y el baile. Se trataba de mover las manos, enfundadas en guantes con luces, para ir generando efectos visuales mientras se danzaba. Entonces era un mero divertimento, una simple evolución del clásico bailar con glow sticks en las manos y una forma eficaz de ligar. Poco más. No obstante, en los últimos años el gloving ha evolucionado muchísimo, desarrollando un lenguaje propio donde el espectáculo de colores prima sobre el resto.

Veámoslo más de cerca.

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Lenguaje propio y también industria. Gracias al esfuerzo comercial de marcas como EmazingLights, en los últimos años el gloving se ha ido popularizando más allá del ocio raver, hasta transformarse en una suerte de deporte competitivo que algunos ven como el eslabón perdido entre el skateboarding —como ejemplo de subcultura crecida hasta convertirse en una práctica masiva a nivel internacional— y los nuevos e-sports.

El Gloving nació en raves del sur de California y ahora aspira a convertirse en un deporte global

A día de hoy, el gloving se practica en competiciones oficiales estructuradas a la manera de una batalla de baile. Es algo así como la versión EDM de los clásicos piques de breakdance, o la versión blanca y 'middle class' de los duelos de footwork en los centros juveniles de los barrios pobres de Chicago.

El gloving consiste en mover las manos de forma dinámica, enfundadas en guantes con luces, para ir generando efectos visuales mientras se baila

La música suena, los glovers –bailarines– se colocan en su lugar del cuadrado y, por turnos, interpretan sus movimientos de manera parcialmente improvisada.

Los dedos, iluminados por los LEDs que rematan los guantes, son los verdaderos protagonistas. Sin embargo, la danza se complementa con pasos de otros estilos que se combinan para lograr un resultado cuanto más vistoso mejor.

90 segundos por ronda bastan para que los glovers demuestren de qué pasta están hechos. En este tiempo se adaptan a la música aleatoria que el DJ les pone para conseguir la aprobación tanto del público como del jurado.

Es gloving es algo así como la versión EDM de los clásicos piques de breakdance, o la versión 'middle class' y con las manos de los duelos de footwork en los barrios pobres de Chicago

Cuestión de oportunidad

Curiosamente, los primeros campeonatos surgieron y crecieron en paralelo a una primera ola de rechazo del gloving.

A principios de la presente década  , varios clubes y promotoras norteamericanas como Insomniac Events —la compañía responsable del multitudinario Electric Daisy Carnival, uno de los más grandes festivales nacidos al calor de la EDM— se posicionaron contra el uso de juguetes luminosos y dispositivos con LEDs en sus fiestas por considerar que podían generar situaciones peligrosas para la seguridad de sus eventos y por su vinculación con el uso de drogas.

Los glovers se quedaban así sin el que había sido su entorno natural a la hora de mostrar sus destrezas. Y en esa prohibición algunos avispados vieron una oportunidad de negocio.

Detrás de la popularización del gloving encontramos a EmazingLights y iHeartRaves, empresas que se presentan como el "minorista rave más grande del mundo"

Había practicantes y había un público devoto. Aquellos chicos y chicas sólo necesitaban estructura, puntos de encuentro, canales de promoción y dispositivos cada vez más sofisticados para mantener animada la demanda. Y ahí estaba Brian Lim, fundador y CEO de EmazingLights y iHeartRaves, empresas que se presentan de forma colectiva como el "minorista rave más grande del mundo".

Lim, ex analista de empresas tecnológicas para la consultora Deloitte, comenzó vendiendo guantes con luces desde el maletero de su coche en el aparcamiento de un burger en Baldwin Park, Los Angeles, cuando tenía 22 años. Fundó su empresa en 2010. Tres años después, la revista Inc. incluía a EmazingLights en su lista Inc. 5000 atribuyéndole una tasa de crecimiento del 2281%.

Al cierre del ejercicio 2013, EmazingLights estaba facturando 5.8 millones de dólares. En 2014, la cifra había subido hasta los 7.4 millones.

Queremos ser el Nike de la EDM (Brian Lim, fundador y CEO de EmazingLights)

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A través de merchandising, guantes de LEDs —cuyos precios oscilan entre los 18 y los 165 euros— y competiciones como las B.O.S.S. Series o el International Gloving Championship, EmazingLights ha conseguido crear un mercado alrededor del gloving en el que actúa de manera casi monopolista

Sus guantes se han hecho notar en espacios televisivos dedicados al baile como America's Best Dance Crew o Shake It Up!. Su canal de YouTube acumula 36 millones de visionados. Han llegado a abrir tiendas pop-up coincidiendo con el Electric Daisy Carnival que crearon colas y esperas de hasta 30 minutos.    

"Queremos ser el Nike de la EDM, el nombre de referencia para todos los productos relacionados con la cultura EDM", comentaba Lim el año pasado en declaraciones a Inc. Y parece que va camino de lograrlo.

A principios de este año, Lim se presentaba en el programa televisivo Shark Tank en busca de financiación para expandir su negocio. Salió de allí con un acuerdo por el que los inversores Mark Cuban y Daymond John se comprometían a aportar 650.000 dólares a EmazingLights a cambio de una participación de un 5% en la empresa.

A la luz de esos números, el plan parece claro: popularizar el gloving como tendencia global más allá del mundo de las raves y los festivales electrónicos.

En el principio, la relación entre el gloving y el consumo de drogas recreativas en los clubs era estrecha. Ahora va camino de convertirse en tendencia para todos los públicos

Con la popularización y la comercialización del gloving también han llegado las críticas. Los más puristas creen que su profesionalización como práctica competitiva está provocando que pierda su esencia.

La primera crítica que hacen los glovers veteranos es que se está convirtiendo en un “deporte para niños”. Antes, la relación entre el Gloving y las drogas recreativas —especialmente, el MDMA— era estrecha. Los aficionados al gloving solían tomar drogas con las que incrementar su experiencia sensorial entre luces y música electrónica. Sin embargo, desde que los más jóvenes se están interesando en el asunto –en el último International Gloving Championship llegaron a participar adolescentes de 13 años–, su imagen está siendo redefinida a través de los esfuerzos en comunicación de EmazingLights.

"Nos gusta concentrarnos en el aspecto competitivo", comenta Lim el año pasado a Rolling Stone. "Necesitas practicar a diario y tener una mente clara para competir y ganar".

Muchos glovers pioneros han dejado de practicarlo por su comercialización, pero la realidad es que el gloving se ha convertido en la última moda salida del oeste de Estados Unidos.

Con el gloving, tu imaginación es el lienzo y tus manos los pinceles (Brian Lim)

En la actualidad, EmazingLights busca hacer crecer el gloving más allá de las fronteras de California y del país. Buscan aliados en Europa y Sudamérica para propagar su práctica como deporte. Quieren crear campeonatos más multitudinarios para que puedan existir profesionales que vivan de competir.

Antes de que eso suceda, tendrán que cambiar algunas cosas. Porque la competición alrededor del gloving, tal y como está estructurada ahora, no es del todo sana. Por ejemplo, a menudo los jueces pueden también participar en los campeonatos en los que ellos mismos juzgan, lo que provoca gritos de “Tongo” por doquier.

“Yo fui una de esas jodidas personas y me sentí como una puta mierda”, explica Teddy Rose, el ganador del I.G.C. en 2014. “Es algo que te marca y te hace plantear si quieres seguir haciendo esto”, añade.

Algunos critican que las competiciones han convertido el gloving en una gran batalla de egos alejada de su sentido original, contraria al credo PLUR (Peace Love Unity Respect) heredado de los primeros días de la escena rave. Desde Emazing Lights creen que ese es un mal menor comparado con la gran comunidad que están creando gracias a lo que consideran un “arte contemporáneo”.

Queda por ver si el gloving se termina propagando por todo el mundo o se queda como una gran idea en malas manos.

¿Quedará como una gran idea en malas manos?

[Vía BuzzFeed, LA Weekly]

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