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Glamour y explotación: la realidad de los becarios que trabajan en moda

En los últimos años, han aumentado enormemente las denuncias por explotación o impago de empleados en prácticas en el sector

En la semana de la moda de Londres del pasado febrero la diversión no estuvo en las pasarelas sino en las puertas de la Sommerset House (uno de los recintos que alberga los desfiles). Y no porque los asistentes llevaran ropa más transgresora de lo normal, o porque se dejara caer or allí alguna celebridad interplanetaria, sino porque de las ventanas colgaban pancartas con el siguiente mensaje: "Pagar a los becarios es tendencia este año"

En época de desfiles, los estudiantes que realizan labores de apoyo a las marcas no suelen cobrar. A cambio, ganan en experiencia y viven de primera mano el montaje y la puesta a punto de una pasarela. Sin embargo, los manifestantes que se apostaron a las puertas de la Sommerset House no se quejaban contra las prácticas, sino contra los casos extremos que se dan en el sector con demasiada frecuencia.

Trabajo de esclavo, sueldo de esclavo

Días antes, Rachel Watson demandó a la firma Alexander Mcqueen por no haber cobrado durante los meses que trabajó diseñando para la marca. Tenía un contrato de becaria, pero remunerado con el salario mínimo. McQueen, una de las marcas más importantes y famosas de la industria, ya había generado polémica a raíz de un anuncio publicado meses atrás:"Necesitamos un becario en la sección de punto para trabajar cinco días a la semana durante once meses. No remunerado".

Las profesiones relacionadas directamente con la moda siempre han suscitado la atracción de muchos jóvenes. Lo curioso, además, es que el cine o la televisión se han encargado de retratar innumerables veces el trabajo de sus becarios de un modo nada atractivo. El diablo viste de Prada consolidó definitivamente la idea del jefe tiránico y el empleado humillado, y ningún otro sector ha sido fuente de tantas series y reality shows como este.

Hace algunos años se lanzó la serie documental Running in the heels, que seguía a las becarias de la edición americana de Marie Claire y filmaba las situaciones un tanto absurdas y nada glamourosas a las que se tenían que enfrentar. Joanna Coles, por entonces editora jefe, aceptó el reto porque era una oportunidad para promocionar la cabecera. "Soy una dictadora benevolente", llegó a confesar.

¿Fin de la impunidad?

El diablo viste de Prada

Condé Nast, la editora de las revistas de moda más importantes del mundo decidió el año pasado cancelar su programa de becas en Estados Unidos después de las reiteradas denuncias de algunos de sus ex becarios. Cuando se conoció la noticia, muchos de los que pasaron por sus oficinas se lamentaron por la decisión. Otros, no tanto. "La verdad es que no me da mucha pena", comentaba Lisa Denmark, ex becaria de Vogue en el New York Post. Lo considera "una de las peores experiencias laborales de su vida" y afirmaba que, entre sus cometidos, se encontraba el hacer recados personales, desde ir a la tintorería hasta cruzarse Nueva York para comprar el zumo favorito de una de sus jefas.

"Las demandas contra Hearst (la otra gran editora de revistas del sector) han sembrado la preocupación entre las compañías que creían que su glamourosa imagen pública les protegía contra cualquier cosa", declaraba sobre este asunto la directora del Fashion Law Institute en el New York Magazine.

Muchos consideran que merece la pena aceptar las condiciones. Y alegan que esa es la única forma de entrar en uno de los sectores más endogámicos y elitistas que existen. Otros apelan a la experiencia que te aporta trabajar en un ambiente siempre estresante y hambriento de novedades. Pero a veces el estrés juega malas pasadas.

El becario que se encargaba de las redes sociales de Marc Jacobs utilizó el poder que se le había otorgado para airear los entresijos de las marca el día en el que se acababa su contrato: "Buena suerte al que consiga el puesto. No me gustaría estar en tu lugar. Robert (el CEO de la empresa) es un tirano. Odio este trabajo", tuiteó desde la cuenta oficial de la firma. "No volveré a trabajar en esto nunca. He aprendido mucho, pero no tengo tanta energía", continuaba. "Estoy completamente solo en esta oficina".

"Todo bien. Twitter está loco. Vigilen sus contraseñas", escribieron desde Marc Jacobs tras borrar los tweets anteriores.

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