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Estas son las razones por las que el juicio de Gdeim Izik fue una farsa

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Hablamos con una de las observadoras internacionales que asistieron al juicio contra los 23 activistas saharauis del Campamento de la Dignidad sobre todas las irregularidades del proceso

silvia laboreo

29 Julio 2017 07:32

Sato Díaz @JDSato

El 10 de octubre de 2010, un grupo de activistas saharauis montó el campamento Gdeim Izik para exigir derechos sociales, políticos y económicos.

El primer día eran 9 personas. 15 días más tarde, más de 20.000.

Acampados en jaimas, miles de hombres, mujeres y niños pedían el fin de la ocupación y la independencia del pueblo saharaui. Conocido como Campamento de la Dignidad, este asentamiento situado a 14 kilómetros de El Aaiún, la ciudad más importante del Sahara Occidental y la capital de la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática, se considera el preludio de la Primavera Árabe, las protestas que meses después inundarían Túnez, Egipto, Libia, Yemen o Siria.


Campamento de Gdeim Izik


El 8 de noviembre de 2010 se produjo el desmantelamiento forzoso de Gdeim Izik.  Durante el desalojo de los 20.000 habitantes del campamento murieron 11 agentes del orden marroquíes y 2 civiles saharauis.

23 activistas saharauis fueron detenidos y acusados del asesinato de los gendarmes.

Ahora, 7 años más tarde, la justicia marroquí ha dictado sentencia. ¿Las penas? Oscilan entre los 2 años y la cadena perpetua. Según el juez, los 23 activistas son culpables de delitos de "violencia contra las fuerzas del orden ocasionando lesiones, asesinato y mutilación de cadáveres".

Rápidamente, las organizaciones internacionales y de Derechos Humanos, los activistas y los observadores internacionales que asistieron al juicio se apresuraron a denunciar que el proceso judicial fue injusto, lleno de irregularidades y falta de garantías procesales para los acusados.

Una de las personas que asistió al juicio fue la abogada española Cristina Martínez. “Ha sido una decisión política, está claro, pero el juicio ha sido un desastre”, sostiene la abogada.


En un momento dado los presos políticos de Gdeim Izik decidieron no asistir más a las vistas

Martínez cuenta cómo el Gobierno marroquí intentó torpedear el trabajo de los observadores internacionales desde el comienzo del proceso. “El juicio empezó el 26 de diciembre, un día después de Navidad, porque sabían que iban a venir observadores”, relata Cristina. Les convocaban a las 10:00 pero el juez aparecía a las 11:00 o a las 11:30 horas y las faltas de respeto eran constantes.

La abogada apunta a varias razones por las que el juicio fue una farsa, como las torturas, la ausencia de pruebas, los testigos comprados o la falta de garantías y las irregularidades dentro del mismo proceso judicial.

“Sigue sin haber pruebas”, mantiene Cristina. “Ni una. Pasaron un vídeo en el que se veían cosas pero no se veía que nadie matara a nadie. Esa prueba era ilegal además, porque no estaba en la lista de pruebas que venían del juicio militar”, cuenta la abogada.

Martínez se refiere al juicio militar del que viene el actual proceso.

En 2013, el Tribunal militar de Rabat impuso las mismas penas a los acusados en un juicio calificado como injusto. En julio de 2016, el Tribunal de Casación de Marruecos anuló la sentencia por considerar que no había pruebas concluyentes que vincularan a los acusados con la violencia en el desalojo de Gdeim Izik y ordenó que se repitiera el juicio ante un tribunal civil.


Las organizaciones internacionales y de Derechos Humanos, los activistas y los observadores internacionales que asistieron al juicio se apresuraron a denunciar que el proceso judicial fue injusto, lleno de irregularidades y falta de garantías procesales para los acusados


“Sacan un vídeo que no estaba en las pruebas del primer juicio en el que en ningún momento se ve nada pero encuadran a hombres, a personas que están muy borrosas, que podrían ser los acusados o no. Los ponían con un redondel, con una voz en off que los nombraba y te decía lo asesinos que eran. Se ve claramente que era una prueba manipulada. Te enseñaban como si estuvieran degollando a alguien con secuencias muy cortas, un montaje”.

“Además, el vídeo estaba hecho de día y el ataque fue al amanecer”, apostilla la abogada.

Otra de las irregularidades del juicio tiene que ver con los testigos. En un momento dado, la defensa de los activistas saharauis cambió y se les asignaron unos abogados de oficio.

“La defensa anterior quería que los torturadores tuvieran que enfrentarse con los presos y que ellos les dijeran, tú me has torturado y tú me has hecho esto. Pero al cambiar de abogados los torturadores fueron considerados como testigos. Testimoniaron que todos los interrogatorios habían sido impecables y que se habían hecho respetando los derechos humanos”.

“Hubo testigos comprados, básicamente por las cosas que decían”, añade Cristina. Hubo un tío que dijo que fue al campamento de Gdeim Izik. Le preguntaron quiénes eran los activistas y él recitó todos los 23 nombres de la lista de condenados en ABC”, explica la abogada. “Le preguntaron por el campamento, por las jaimas y cuándo tuvo que decir los nombres de los vecinos no supo decir ninguno”.



En Gdeim Izik había 20.000 personas. “Cualquiera podría haber hecho esto de lo que se les acusa pero todo el mundo sabe que los condenados son activistas”, relata.

Entre los condenados hay personas que ni siquiera se encontraban en Gdeim Izik en el momento del desalojo y durante el juicio les preguntaban sus relaciones con el activismo saharaui. “Es una manera de castigar la lucha por su autodeterminación y de vengarse de Gdeim Izik”, añade la observadora internacional.

Pero, sin duda, una de las denuncias que más resuenan tras el veredicto del juez son aquellas que hablan de torturas y vejaciones a los activistas.

“En el juicio la mayoría de los acusados declararon ante el tribunal que los habían torturado para hacerlos ‘confesar’ o autoincrimisarse o incriminar a terceros. Si el tribunal realmente hubiera querido darles un juicio justo, a estas alturas ya habría realizado una investigación adecuada de las denuncias de tortura o se habrían excluido las pruebas cuestionables en las vistas”, declaró Heba Morayef, directora de Investigación de Amnistía Internacional para el Norte de África.

“Los saharauis son muy púdicos y no dicen ciertas cosas pero en un momento del juicio uno dijo, he estado callado 7 años. Se abrió las ropas y sacó una bolsa gástrica en la que mostraba las consecuencias de una violación. Muchos dicen que les arrancaron las uñas de las manos y de los pies. Y que sufrieron torturas muy, muy duras”, recuerda Cristina.

 

Es una manera de castigar la lucha por su autodeterminación y de vengarse de Gdeim Izik


Además, durante mucho tiempo los muertos no tuvieron ni nombre, ni apellidos, ni autopsia. “A última hora empezaron a dar unas autopsias muy cutres”, explica la abogada.

Desde Equipe Media denunciaron que en el piso de arriba de la sala había una sede de inteligencia que decía en cada momento lo que había que hacer. “Eso no lo tengo comprobado con mis ojos pero encaja perfectamente con el disparate que estaba sucediendo”, cuenta Cristina Martínez. “Se supone que era una audiencia abierta pero se miraba muy bien quién entraba y salía. Y a los saharauis los trataron de pena, tardaron mucho en dejar entrar a las familias”.

Tras conocerse la sentencia, los activistas de Equipe Media han lanzado una campaña en defensa de los presos políticos saharauis en la que exigen la libertad inmediata de los condenados. Organizaciones como Amnistía Internacional o Human Rights Watch han denunciado el proceso y puesto en duda la validez de las declaraciones de los acusados, alegando que pueden haberse producido mediante tortura.

“La campaña espera que el movimiento de solidaridad, sociedad civil, organizaciones internacionales y gobiernos presionen a las autoridades de ocupación marroquí para la protección, tanto física y psicológica, como la liberación de todos los presos políticos saharauis en las cárceles marroquíes”, se puede leer en el llamamiento de la campaña de Equipe Media.



Unidos Podemos, Izquierda Unida, PP, PSOE, Ciudadanos, Equo, Compromis, Esquerra_Republicana y Bildu piden la anulación de las sentencias contra los presos de Gdeim Izik.  

Y mientras, los 23 activistas saharauis condenados esperan una justicia que 7 años más tarde aún no llega.






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