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Gaza doodles: cuando las marcas de la guerra se transforman en arte

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Jóvenes artistas palestinos dibujan sobre las masas de humo causadas por los bombardeos israelíes para recordarnos que detrás de cada explosión hay un drama humano

Luis M. Rodríguez

30 Julio 2014 17:30

Las bombas que caen del cielo nunca traen razones para la paz y el acuerdo. Son una burla necia en la cara de aquellos que aún sueñan con devolver la “normalidad” a una zona en eterno conflicto como es la franja de Gaza. Con cada explosión son más puños los que se alzan, más jóvenes los que se ven ebrios de ira, más mujeres las que se vuelven hacia sus hijos para plantar una semilla de odio en sus tiernas cabezas, incapaces aún de comprender las causas de un rencor cuyas fuentes se remontan a principios del siglo XX.

La reiteración de una acción puede acabar diluyendo su significado; lo extraordinario puede acabar convertido en rutina a fuerza de repetición. Y las bombas no paran de caer sobre Gaza. Puede que sobre el terreno uno se acostumbre a la fuerza a convivir con las explosiones, que acabe no reaccionando ante un horizonte oradado a diario por el humo y el fuego. Puede que, vistas a través de los medios, esas imágenes de la Palestina asediada acaben perdiendo su capacidad de impacto. Quizá por eso, una serie de jóvenes creativos palestinos han decidido “ponerle cara” a las víctimas de esas bombas. Y lo han hecho pintando sobre las nubes de humo que dejan como rastro. Porque detrás de cada densa humareda suele haber un drama humano, y eso es algo que conviene no olvidar.

Tawfik Gebreel, Bushra Shanan y Belal Khaled son algunos de los jóvenes palestinos de Gaza dedicados a producir imágenes en las que se mezclan las expresiones de condena y las llamadas a la esperanza, la resistencia, la unidad y la determinación de los suyos frente a los bombardeos diarios. Dibujando caras y cuerpos en esas masas negras, estos jóvenes insuflan un narrativa humana a unas estampas que, de otro modo, corren el riesgo de convertirse en la expresión visual de una siniestra rutina, en imágenes aceptadas por todos como algo inevitable. Y eso, es algo que hay que evitar.

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