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Esta noche está dedicada a un suicida inesperado

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Gary Speed se ahorcó a los 42 años, dirigiendo a su selección y con todo de cara. Su espíritu sobrevuela la proeza galesa de esta Euro

Ignacio Pato

06 Julio 2016 06:00

Sebastian Deisler tenía 23 años y estaba llegando a lo más alto cuando le dijo a uno de sus jefes 'No puedo más'. Al otro lado del teléfono Uli Hoeness, director deportivo del Bayern, supo qué hacer. Llamó al entrenador Ottmar Hitzfeld y fueron a casa de su futbolista. Les acompañaba un especialista, el doctor Holsboer.

Al día siguiente, Deisler entraba en una clínica para recibir tratamiento psiquiátrico por depresión. Con 27 se retiró. Su autobiografía, desde su título Volver a la vida, habla de lo minúscula que se ve la rendija de luz desde el fondo de un pozo.

A Dave Clement, Robert Enke y Gary Speed les pareció insalvable la distancia a la rendija. Quizá no se la creyeron. Clement tenía 34 años cuando se mató tragando herbicida. Enke 32 cuando dejó que le arrollase un tren. Gary Speed amaneció ahorcado en su garaje a los 42. Era seleccionador de Gales.



Con él empezó la gesta deportiva que ahora trata de culminar en la Euro de Francia un país que casi ni es país. Speed cogió a Gales —que en fútbol compite por tradición y acuerdo separada del Reino Unido— en diciembre de 2010.

Una leyenda del fútbol galés, Mark Hughes, dijo entonces 'tiene muy buena personalidad y se le da bien la gente, seguro que se lleva mejor con los jugadores que el anterior entrenador Toshack'. Su primera decisión en partido oficial fue hacer capitán a Aaron Ramsey, que tenía solo 20 años. Pero Gales perdió contra Inglaterra y la selección de Speed cayó al puesto más bajo de su historia en el ránking FIFA, el 117.

Cuando Speed dirigió su último partido, el 12 de noviembre de 2011, había llevado a Gales al puesto 45. El premio de la FIFA a la selección que más había progresado en el año fue ya póstumo. Y sobre todo insignificante comparado con el vacío con el que Louise, y Tommy y Eddie, tendrían que lidiar en casa.



La verdad quizá solo la sepan ellos tres. O ni siquiera. El caso de Speed es de los que combina depresión y suicidio por el camino que más aterra: no había motivo aparente. Había tenido éxito durante 22 años como jugador en Bolton, Everton, Newcastle o Leeds, donde ganó una Premier. Y su carrera a los mandos de Gales iba más que lanzada.

¿Por qué?, nos preguntábamos. Tratando de apartar de nuestra cabeza la idea de que esa misma pregunta se la podia estar haciendo Speed en vida de manera enfermiza, ya cada vez con menos signos de interrogación. Por qué yo. Si todo está de cara. Por qué tan vacío.

No lo tuvo fácil Chris Coleman, su sucesor en Gales. Se le afeó quitarle la capitanía a Ramsey y dársela a Ashley Williams. Pero no era una ofensa al legado de Speed, el tiempo ha dado a Coleman la razón. El brazalete le estaba pesando al veinteañero Ramsey casi tanto como al nuevo seleccionador volver a hablarles de fueras de juego y estrategia a balón parado a unos chicos cuyo guía había decidido que nada tenia el más mínimo sentido.

Coleman estuvo a punto de decir 'yo tampoco puedo más'. Fue tras un 6-1 encajado en Belgrado, pero se quedó en un 'estamos avergonzando a un país'.

Esta noche Gales, la tercera selección más antigua del mundo, juega el partido más importante de su historia. Si ganan, se meten en la final de la Eurocopa. Ese es el objetivo que van a tener los jugadores en la cabeza, más allá de historias periodísticas sobre fuel emocional. Nadie ordena tácticas desde el más allá.

Pero que nadie dude de que, acabe ya o continúe la proeza galesa, todo esto habrá sido un poco por y para Speed. Aunque nunca entendiéramos bien aquel porqué.


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