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El neurólogo que 'freía' cerebros de esquizofrénicos, homosexuales y mujeres frígidas

Robert Galbraith HeathHeath, el científico que "reorientaba" a los homosexuales con descargas eléctricas en el septum

Para algunos, Robert Galbraith Heath fue un psiquiatra y neurólogo formidable. Un hombre visionario que inspiró y ayudó a pacientes con trastornos mentales. Alguien "devoto que intentó encontrar una cura para las personas a quienes la medicina había fallado", como describió John Goethe, uno de sus compañeros de laboratorio en la Universidad de Tulane, Luisiana. Sin embargo, para otros fue un monstruo que utilizaba métodos nazis basados en descargas eléctricas en el cerebro para intentar "sanar" a esquizofrénicos, homosexuales y mujeres frígidas.

Robert Galbraith Heath desarrolló la mayoría de su carrera después de la Segunda Guerra Mundial y no dejó de investigar hasta 1999, año en el que falleció. Aunque experimentó en más centros, Tulane marcó su carrera. Allí realizó cientos de pruebas que comprendían el uso de drogas y sus favoritos electrodos para "estimular" el septum pellucidum.

Porque, entre otras cosas, Heath sostenía que se podía "reorientar" con descargas a los homosexuales hacia las prácticas "tolerables".

Robert Galbraith Heath experimentó durante años con descargas eléctricas aplicadas al cerebro como tratamiento para intentar 'sanar' a esquizofrénicos, homosexuales y mujeres frígidas

Uno de los casos de estudio más conocidos de Heath suele ser referido en la literatura médica como B19. B-19 era un varón homosexual de 24 años que terminó en la sala de operaciones del neurólogo. El experimentó con él consistió en combinar el visionado de escenas de sexo heterosexual con descargas en el septum para provocar placer. El científico sostenía que con esa aplicación conjunta se conseguiría "dar lugar a una conducta heterosexual en un varón manifiestamente homosexual".  

El paciente enloqueció, pero como mostró "ciertas conductas de hombre" se contrató a una prostituta para que mantuviera relaciones sexuales con B-19. Heath recogió en un informe: "A pesar del entorno y del estorbo que suponía todo el tiempo los cables de los electrodos, eyaculó con éxito".

A pesar del entorno y del estorbo que suponían todo el tiempo los cables de los electrodos, eyaculó con éxito

"En el caso de B-19 ha sido de fundamental interés la efectividad de la estimulación placentera para desencadenar una conducta sexual nueva y más adaptativa", concluyó. ¿Se consiguió "corregir" la orientación sexual del paciente? Claro que no. Aunque mantuvo relaciones los meses siguientes con una mujer casada, no dejo de ser y practicar sexo homosexual.

Los estudios de Heath que cobraron más relevancia fueron aquellos que abordaban la esquizofrenia. Heath defendió que la esquizofrenia era una enfermedad del cerebro más que de la mente. Defendió, más en concreto, que las personas con esquizofrenia eran alérgicas a su propio cerebro. Otra vez gracias al uso de "estimulaciones" en la región del septum, anunció que había descubierto una sustancia llamada taraxenía, que él consideraba la causa del trastorno. Su hallazgo se calificó en su día como "uno de los más significantes avances en el campo de la psiquiatría", pero iba a tener un punto flaco: muchos científicos apuntaron a que esa sustancia, en realidad, no existe. Se la inventó.

James Eaton, uno de sus compañeros en Tulane, declaró que la sustancia que inyectaba para corroborar su teoría le funcionaba a Heath pero no al resto de investigadores. Según Eaton, los pacientes de Heath, al suministrarles suero de taraxeina, actuaban como esquizofrénicos porque interpretaban que era lo que el doctor quería.

Heath sostenía que la esquizofrenia era una enfermedad del cerebro más que de la mente. Para él, las personas con esquizofrenia eran alérgicas a su propio cerebro

" Él, como otros doctores, no veían problemas éticos en lo que estaban haciendo. Estaba intentado ayudar a personas. Y, de alguna manera, eso lo hace más triste y también más peligroso. El pensaba que estaba ayudando a esquizofrénicos, que estaba ayudando a gais, y que su investigación iba a ser transformadora", dice Todd Orch.

Las prácticas de Heath llegaron a tales extremos que Claudia Mullen testificó en 1995 que, siendo una niña, la sometió a todo tipo de prácticas inmorales antes de traspasar su custodia a la CIA, donde se la utilizó como esclava sexual.

Él, como otros doctores, no veían problemas éticos en lo que estaban haciendo

Uno de los psiquiatras de Lusiana, Alan Baumeister, juzgó los experimentos de Heath. Para Baumeister, sus estimulaciones a base de descargas eléctricas eran "dudosas y precarias" no solo comparadas con estándares actuales, sino de la propia época. "Heath, pensando en la historia de su trabajo, justificó lo que estaba haciendo sobre una base terapéutica. Él decía que era por el beneficio de los pacientes, pero algunas cosas de las que hizo no pudieron ser hechas por el beneficio de los pacientes", declara.

Nadie hubiera querido pasar por el laboratorio de Heath.

[Vía Independent]

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