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GFY, la nueva manera de consumir porno, puede arruinar tu vida sexual

Es una versión mejorada del GIF y se está imponiendo en los foros de material pornográfico. ¿Afectan estos nuevos formatos a nuestra sexualidad?

Que levante la mano quien haya visto enteras más de dos películas porno en su vida. Y decimos enteras, de pe a pa. Pocos de vosotros, ¿verdad? ¿Y un vídeo completo de 15 minutos en YouPorn? Probablemente los mismos, muy pocos. Y, si nos permites la pregunta, ¿cuánto suelen durar tus coitos?

Desde los tiempos del VHS, el porno siempre se ha consumido de manera fragmentaria: fast-forward y a correr en busca del próximo envite o de cualquier otra escena apta para el deleite onanista; rewind y hacia atrás hasta dar con aquella secuencia que tanto nos encendió los bajos al verla por primera vez. La atención del degustador de porno siempre se ha concentrado en los momentos cúlmenes. Por eso la llegada de internet y formatos gráficos como el GIF han dado lugar a una nueva forma de consumo de material rijoso que se concentra en el instante, el highlight, unos pocos segundos congelados en el tiempo, fijados en forma de pequeño loop visual. El resto no importa.

Prueba del éxito del GIF como formato óptimo para el placer pajillero son Subreddits como r/nsfw_gif (NSFW, dale al clic bajo tu propia responsabilidad), que atraen a cientos de miles de usuarios al día. Y sin embargo, ahora que el GIF empieza a ser reivindicado como formato con valor artístico, y cuando se había hecho con un nicho propio que alcanza a la televisión, el cine, los deportes, los memes y hasta el nuevo periodismo digital, llega el momento de empezar a hablar de su obsolescencia. También como soporte para el porno.

La culpa es del GFY.

El GFY (pronúnciese “jiffy”) es una versión tecnológocamente más avanzada del viejo GIF. Los archivos son mucho más pequeños, se reproducen de forma fluida, con una calidad y una nitidez infinitamente mejores, pueden incorporar controles que te permiten congelar la imagen, avanzar y retroceder, y pueden insertarse en cualquier web al usar la tecnología HTML5. Incluso son fáciles de crear gracias a servicios como GFYcat.

Y la prueba del ascenso meteórico del GFY podemos verla, precisamente, en la manera en que se está propagando por esos foros de Reddit dedicados a compartir estampas pornográficas. Por ejemplo, este (¡NSFW!). ¿Ves la diferencia?

El archivo pro-masturbación

El GFY parece el formato ideal para el erotómano enganchado a la red que sufre de un intervalo de atención cada vez más corto: puede saciar su curiosidad en pocos segundos, saltar de un vídeo a otro como quien hace zapping, picotear de toda la variedad que le ofrece ese gran vergel de materia concupiscente que es internet. Pero estas nuevas formas de consumir porno pueden tener consecuencias.

No se trata de un debate precisamente nuevo. El año pasado la Asociación Japonesa de Educación Sexual detectaba que casi la mitad de las universitarias japonesas son vírgenes, y que el 45% de chicas entre 16 y 24 años se muestran desinteresados por el sexo y las relaciones de pareja. Poco después, los datos recopilados por la ultima NATSAL (National Survey of Sexual Attitudes and Lifestyles) en Reino Unido indicaban un considerable descenso en la frecuencia de las relaciones sexuales entre los ciudadanos británicos. Y entre las causas que aducían los expertos estaba, junto al estrés derivado del trabajo y el dinero (o su falta), el porno. El porno online como sustituto del sexo. ¿Que a uno le entran los picores? Alivio manual. Y a otra cosa.

Pero eso, a la larga, tiene sus efectos.

Un veneno visual que secuestra tu cerebro

Según Gary Wilson, autor de la web Your Brain On Porn, la evolución no ha preparado a nuestro cerebro para el porno que hoy en día circula por Internet. La “hiperestimulación” resultante de ver porno online de forma frecuente, fijando la atención sólo en los momentos de climax, secuencias de pocos minutos, o incluso segundos, repetidas una y otra vez, puede acabar por paralizarnos durante el sexo real. Es, en parte, una cuestión química: cuando la atención se concentra en los instantes de sexualidad más explícita, que se suceden a gran velocidad, la experiencia puede generar un flujo de dopamina en el cerebro mayor que el que se pueda derivar del contacto sexual real. La persona sería incapaz de alcanzar el mismo tipo de estimulación que logra por la vía visual con su consumo de pequeños fragmentos de vídeo o loops infinitos como GFYs.

En su libro “How Pornography Hijacks the Male Brain”, el neurocientífico William M. Struthers sostiene que el porno es “un veneno visual que se convierte en tejido de la mente” y tiene poder para recablear el cerebro masculino de la misma manera que hacen otras adicciones. Claro que su punto de vista está marcado por una ideología ultracatólica en la que el porno no tiene encaje posible. Pero no es el único que opina de forma parecida. En ese mismo sentido se expresaba la psicóloga Paula Hill en este artículo para BBC: “Hay cada vez más investigaciones que sugieren que el porno está teniendo un impacto directo en el cerebro... Nuestos cerebros crecen con la novedad. Lo que la pornografía está haciendo es darnos estímulos superiores a lo normal. El cerebro está desarrollando una mayor conexión con esas imágenes pornográficas que con el sexo en pareja”.

Diversos estudios psicológicos coinciden en señalar que un consumo excesivo de porno puede provocar un creciente distanciamiento con respecto al objeto físico de deseo sexual. La mujer o el hombre en carne y hueso pierden interés ante el surtido infinito de cuerpos lascivos que uno puede encontrar en la red. Robert Weiss, experto en adiciones sexuales, lo describe así, desde un punto de vista androcéntrico y heterosexual, en un reciente artículo en The Daily Beast: “Esta gente (la que consume porno online de forma frecuente) se va a volver menos relacional, punto. Y la idea de cómo las mujeres han de ser tratadas se verá sesgada por culpa de lo que están mirando. La mujeres tienden a ser más relacionales, y un montón de tíos no van a ser capaces de entender cómo relacionarse si se han dedicado a ver porno online desde edades tempranas”.

El porno está por todo internet. Nos gusta mirarlo. Pero la destilación a unos pocos segundos de las escenas que deberían ser fuente de excitación parece jugar en contra de nuestro “intervalo de atención sexual”. El GFY parece llamado a ser el futuro del consumo de porno online. Y podría ser también la escapatoria sexual de muchos frente a una vida carnal que cada vez nos cuesta más entender.

Ordenador, papel higiénico, foro de GFYs y paja, ¿es eso lo que queremos?

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