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Los ángeles indígenas que salvaron a miles de soldados en la 2ª Guerra Mundial

Los Fuzzy Wuzzy fueron los enfermeros perfectos durante la guerra entre Japón y Australia por el control de Papua Nueva Guinea

Sobre sus cabezas no flotaba ningún halo celestial, no vestían largas túnicas blancas ni colgaban dos alas de plumas de sus espaldas. En cambio llevaban taparrabos, grandes dilataciones en las orejas, tatuajes, abalorios de cuero y su pelo afro enmarcaba un rostro moreno con narices aplastadas.

Pese a que los Ángeles Fuzzy Wuzzy no se encuadren dentro de lo que en el imaginario colectivo entendemos que debe ser un ángel, estos habitantes de la isla de Papúa Nueva Guinea formaron parte de los héroes anónimos que nos dejó la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico.

Ejercieron de enfermeros de las tropas aliadas durante los más de tres años que duró el conflicto contra los japoneses. Sin descanso, hombres, mujeres y niños se dedicaron a cuidar a los soldados australianos que luchaban a través de la selva de la tercera isla más grande del mundo.

En concreto, los Ángeles Fuzzy Wuzzy recorrían los 160 kilómetros que componían el sendero que iba desde el pequeño pueblo de Buna, situado al norte de Papua, hasta la pista de Kokoda. Un terreno peligroso lleno de árboles, arbustos y crestas que alcanzaban los 2.100 metros de altura sobre el nivel del mar. Esta zona hostil era la clave de la ofensiva y quien fuera capaz de transitar por allí tendría dominada la isla.

Miles de estos habitantes de Papua se movían con agilidad por estos senderos, a veces bajo fuego cruzado, y ayudaban a transportar heridos en camillas, suministros para los soldados y diversos materiales de guerra.

Con cariño y delicadeza, los Ángeles Fuzzy Wuzzy (apodados así por los soldados debido a su pelo afro) cuidaban de los australianos que luchaban en el frente. Y muchos de ellos se mostraban tan agradecidos por la labor de los Fuzzy Wuzzy que escribíeron poemas y alabanzas al regresar a sus hogares. Uno de los más famosos es el que escribió el soldado poeta Sapper Bert Beros y que se titulaba Ángeles Fuzzy Wuzzy.  

Las condiciones de vida de estos ángeles de los soldados eran extremas, sin embargo, doctores de la época relataban que no habían visto a ninguno de los Fuzzy Wuzzy abandonar a sus pacientes. “Exceso de trabajo, exceso de exposición, frío y lactancia deficiente eran la norma. La situación de los transportistas me causó más preocupación que la de nuestros heridos”, explicaba el doctor Geoffrey Vernon según recoge Mashable.

Tras la victoria de Australia contra los japoneses en la batalla por Kokoda, el ejército australiano condecoró a los Ángeles Fuzzy-Wuzzy con una medalla al mérito que fue entregada por el general George Alan Vasey.

Muchos de los indigenas continuaron trabajando para los aliados, ayudando en la creación de edificios, puentes, cabañas o transportando suministros. Otros se unieron al batallón de infantería de Papúa Nueva Guinea y poco a poco, la vida de los ángeles Fuzzy Wuzzy volvió a la normalidad.

Sin embargo, aunque la guerra hubiera acabado, la amistad entre el pueblo australiano y el de Papúa Nueva Guinea continuó hasta nuestros días. En 2010, el gobierno australiano decretó el 3 de noviembre como el día nacional de los Ángeles Fuzzy Wuzzy.

Un homenaje tardío pero necesario a todos aquellos que hace más de 70 años fueron ángeles sin alas y pelo afro en la batalla por el control del Pacífico. 

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