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La cara más violenta de Nueva York en 10 fotos históricas

El Departamento de Policía de la ciudad está a punto de liberar un valioso tesoro

El Departamento de Policía de Nueva York ha anunciado que 30.000 fotografías tomadas entre 1914 y 1975 serán digitalizadas y colgadas en la red para su libre disposición a partir del próximo mes de julio. Lo que sigue es un pequeño avance del material que será escaneado —con localizaciones, fechas y sucesos reales— y un ejercicio de imaginación que busca aproximarse a los pensamientos de aquellos agentes que trabajaban tras las cámaras.

Diario de un policía: testimonio gráfico de cinco décadas de violencia en Nueva York, por J. Sullivan.

Octubre, 1925. Mahattan.

Acabo de cumplir 22 años y hoy es mi primer día de trabajo en la Unidad de Fotografía del Departamento de Policía de Nueva York. Todavía no ha amanecido y ya he visto un cadáver fresco. Es mi primera vez, me tiemblan las piernas y siento náuseas. Esta ciudad respira violencia y quiero que eso cambie, así que planto el trípode y disparo.

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Julio, 1927. Brooklyn.

Mi abuela me decía que las prohibiciones empujan a los hombres a aguzar el ingenio. En esta ciudad de cimientos morales podridos hay mucha gente dispuesta a saltarse la ley seca. Los chicos y yo se lo ponemos difícil y, desde hoy, ya hay una destilería ilegal menos en la ciudad.

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Junio, 1931. Intersección de las calles Nostrand y Putnam. 

Llevo ya casi seis años en el cuerpo y no recuerdo ninguna imagen tan espectacular como esta. El tranvía se ha salido de la vía y ha dado de lleno contra un comercio. Espero que no haya habido muertos. Ya estoy acostumbrado a los cadáveres de delincuentes, pero me cuesta disimular el mareo cuando las víctimas son inocentes.

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Julio, 1931. Ozone Park.

En esta ciudad la tragedia nunca duerme. Llevo muchos meses, demasiados, sin recordar una noche en la que la muerte no se haya asomado al objetivo de mi cámara. Los malditos coches, el maldito alcohol, las malditas carreras ilegales... Dios sabe qué es lo que habrá pasado esta vez.

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1935. Oficinas generales de la Policía de NY en Manhattan.

Mis superiores dicen que son libros indecentes que contaminan las mentes de nuestros jóvenes y que es mejor que los quememos. He decidido sacar una foto del momento, quiero que la gente sepa que también hay días en los que no nos manchamos las manos de sangre.

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1936. En algún punto indeterminado de Manhattan.

Se llamaba Dominick Didato y lo acaban de asesinar en plena calle. Cada esquina de Nueva York huele a sangre fresca, esta ciudad lleva el crimen en su ADN. Me acerco lo suficiente y... ahí va otro disparo, amigo. Descuida, este ya no te dolerá.

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Junio, 1939. Bronx.

Dios santo, esto sí que es perturbador. Es la habitación de la joven Virginia Bender, encontrada muerta tras ser estrangulada y apuñalada. Es importante que lo fotografíe todo, en cualquier detalle podría estar la pista definitiva que resolviera el crimen. Ojalá ese muñeco dejara de mirarme...

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1939.

Hoy los chicos han requisado este artilugio: una pistola-navaja-puñoamericano. Reconozco que estoy impresionado. Creo que Nueva York podría ganar un premio a la creatividad de sus malhechores.

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Marzo, 1955. Pennsylvania Station.

La prensa lo llama Mad Bomber y lleva 15 años sembrando el terror en Nueva York con sus artefactos explosivos. Esta vez han sido las taquillas de la Estación de Pennsylvania; podría haber muerto cualquiera. Estoy asqueado de tanta maldad. Tengo 52 años y empiezo a estar viejo para esto.

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Abril, 1968. Universidad de Columbia.

Hoy es mi último día de trabajo. A los 65 años entrego la placa, después de una vida entera fotografiando el horror, documentando las entrañas podridas de esta violenta metrópolis. Solo intentaba salvarte, querida Nueva York, curarte de tu enfermedad.

Esta ha sido mi última foto: estudiantes universitarios en pie de guerra. Dicen que esta primavera será la de la revolución. Que vienen cambios profundos, que los jóvenes han decidido tomar el control y cambiar el rumbo de la historia.

Yo ya no entiendo nada de lo que ocurre a mi alrededor.

Puede que siempre estuviera equivocado. Nueva York seguirá siendo salvaje, oscura, criminal y quizá nadie pueda jamás domarla.

Hay agentes que disparaban a diario pero que jamás gastaron una bala

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