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Fotografiaba a los vagabundos en las calles… hasta que allí encontró a su padre perdido

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Una bella historia de cómo alguien puede sobrevivir gracias a la fotografía

Helena Moreno Mata

06 Noviembre 2015 06:00

Recorrer la vida de alguien es emprender un viaje emocional. Es querer, preocuparse y cuidar a esa persona. ¿Pero qué ocurre cuando ese alguien es tu padre y apenas se ha ocupado de ti durante años?

La fotografía es lo único que Diana Kim aprendió de su padre. Pero fue suficiente para que años más tarde ambos recuperasen el amor del uno hacia el otro. Cuando ella ya no era una adolescente que sólo quería sentir el cálido afecto de él. Cuando su vida no estaba marcada por un fuerte anhelo de que regresara y cuidara de su madre y ella.

Diana creció viendo cómo la figura paterna era prácticamente inexistente; como un oleaje que aparece y desaparece constantemente, pero que arrastraba aquella pasión por los retratos. Su padre se había dedicado a la fotografía. Con el tiempo, ella también: hacía retratos de gente vagabunda. Pero Diana apenas tenía noticias de él. Tan sólo sabía que deambulaba por las calles.




Recorrer la vida de alguien es emprender un viaje emocional. Es querer, preocuparse y cuidar a esa persona



Sin embargo, un día su abuela le dijo que cada vez estaba peor: la esquizofrenia iba a más. Un día Diana, paseando por Washington, vio a su padre. Estaba justo en un paso de cebra, a punto de cruzar. Tenía una bolsa en la mano y la mirada perdida y nostálgica. Diana quería acercarse y decirle algo, pero se sintió incapaz. Hasta que un día lo hizo; lo pasó a buscar porque un huracán amenazaba sobre todos, pero él ni se movió. Llevaba días allí, en la misma posición.



Diana creció viendo cómo la figura paterna era prácticamente inexistente; como un oleaje que aparece y desaparece constantemente, pero que arrastraba aquella pasión por los retratos


Diana usó la fotografía como barrera; sacaba retratos a su padre como método de escape que le permitía mantener vivo el recuerdo de él al no poder comunicarse de otra forma. Y cuando la frustración la atormentaba, una llamada la sorprendió. Era su prima. Su padre había sufrido un ataque al corazón y estaba en el hospital. Diana apenas lo supo fue a verlo. Estaba bien. Tenía ropa limpia, un aspecto aseado y, sobre todo, dibujaba una leve mueca de satisfacción en su rostro.

Su padre se recuperó, y en parte fue a las bellas fotografías de él que Diana le mostró. A esa mirada tierna con la que lo seguía mirando, profundamente, como si el tiempo no hubiera pasado para ninguno de los dos. Pero lo cierto era que por fin estaban juntos, que su padre estaba a salvo y que ella sentía que había recuperado en un suspiro todo el tiempo perdido junto a él.



Diana usó la fotografía como barrera; sacaba retratos a su padre como método de escape que le permitía mantener vivo el recuerdo de él al no poder comunicarse de otra forma








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