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'First Kiss', la venganza: la realidad siempre será una apuesta ganadora

El romántico vídeo que muestra a gente anónima besándose era una campaña, le siguieron las parodias previsibles y ahora, al fin, llegan estas chispeantes versiones reales

Primero nos pusieron la miel en la boca. El pasado 10 de marzo la escritora y directora Tatia Pilieva publicó un vídeo precioso, “First Kiss”, en el que la premisa era convocar a veinte desconocidos para que se besaran ante la cámara. Las redes respondieron con 47 millones de visitas.

El clip estaba lleno de verdad. Todos nos habíamos sentido así de tímidos alguna vez, ese no saber donde meter las manos, ni nada; quien más quien menos ha experimentado el subidón que se produce cuando, en su torpe diálogo, dos pares de labios se entienden de pronto. El vídeo de Pilieva rezumaba realidad y, por qué no decirlo, vino muy bien para empezar a caldear los ánimos primaverales.

Después llegaron las sospechas. Internet es traicionero, el vídeo era bonito porque quienes aparecían en él eran guapos y guapas, se adaptan a múltiples cánones establecidos. En poco tiempo se confirmó que se trataba de una campaña para promocionar la temporada de otoño de una marca de ropa.

Maldita sea. Nos emocionaron, nos lo creímos, por unos instantes recuperamos la fe en la belleza de lo humano. La campaña fue un éxito y la venganza llegó en forma de parodias: desde la versión perruna de Jimmy Fallon hasta la glosa pedorrera.

Oh, wait. Hay una forma mejor de reventar esta campaña, y está a huevo. Una idea honesta e inteligente, un experimento verdadero: convertir su mentira en nuestra realidad. La revista Vice de Londres se puso manos a la obra al más puro estilo c hav (a cambio de 20 libras, pidieron a los transeúntes que metieran la lengua en la garganta de otra persona) y está también esta otra versión que puedes ver bajo estas líneas, realizada por la cineasta neoyorquina Hye Yun Park.

Su vídeo revela las incomodidades, fricciones y espantos que sí suceden cuando 28 extraños se besan. “En este zumo hay más color, polvo, suciedad, curvas, chispa y queer”, ha dicho la autora. El resultado es súper raro (para romper el hielo, la gente dice cosas como “me gusta tu camiseta”, “¿te gusta la comida?” o “me gustan las personas judías”), pillo (hay quienes aprovechan para meter mano), desagradable y muy espontáneo (“perdón, tengo una erección”). Nos quedamos con esta versión imperfectamente bella.

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